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A la memoria de Hubert, dos años después

Ayer, leyendo la revista Ideele, me enteré que hace algunas semanas, el diario Expreso, uno de esos medios de comunicación que sigue poniendo sal a las heridas del conflicto armado interno, se vanagloriaba de esta noticia:

El Ministerio Público abrió investigación preliminar por los presuntos favorecimientos que tuvieron algunos acusados por terrorismo, con la designación de sus abogados, que luego integraron la Comisión de Indultos, Derechos de Gracia y Conmutación de Pena, durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua Corazao.

La titular de la 55° Fiscalía Provincial Penal, Frecia Junchaya Vera, será la encargada de las pesquisas en torno a la entrega de pruebas que hace tres semanas EXPRESO hizo a la mesa de partes de la Fiscalía de la Nación, en las cuales existirían claras referencias de que se indultó a los acusados por terrorismo, que resultaban siendo culpables de ese delito y otros afines.

Como es costumbre, Expreso miente. Y miente para seguir con dos de sus más grandes campañas: la persistencia en el terrorismo como el mayor problema de seguridad del país y la persecusión contra las organizaciones no gubernamentales de defensa de los derechos humanos, a las que siempre ha tachado - sin pruebas - de ser órganos de defensa del terrorismo.

Como bien se recuerda, durante el gobierno de Alberto Fujimori se dieron una serie de leyes para procesar a los acusados por terrorismo. Estas normas vulneraron todas las garantías del debido proceso garantizadas por la Constitución y los tratados internacionales, a tal punto que el propio dictador tuvo que darse cuenta que tenía un problema social: cientos de inocentes en prisión. Por ello, se creó una Comisión Ad Hoc para identificar esos casos y recomendarlos para el indulto presidencial. La Comisión fue conformada por el Defensor del Pueblo, el Ministro de Justicia y el padre Hubert Lanssiers.

El trabajo de la Comisión duró 3 años y luego fue incorporada al Ministerio de Justicia, pero el interés de Fujimori en el tema disminuyó. Fue durante el gobierno de Valentín Paniagua cuando el tema cobra un nuevo impulso y se reconstituye la Comisión, llamándose de nuevo a Lanssiers y a varios abogados especializados en derechos humanos, como Ernesto de la Jara, Wilfredo Pedraza (como representante de la Defensoría del Pueblo) y Javier Ciurlizza (entonces jefe de asesores del Ministerio de Justicia). Todos estos abogados conocían de la situación de las cárceles en el Perú y del drama que suponía la permanencia de inocentes en las prisiones peruanas.

¿En qué consiste la acusación de Expreso? En que todas estas personas patrocinaron casos de “terroristas” y que hubo un tráfico de influencias para liberar a patrocinados por las organizaciones en las que estas personas trabajaban.

Esta acusación es falsa por tres motivos:

1. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos prohibe a sus organizaciones miembros patrocinar casos de terroristas, por lo que están obligadas a hacer una investigación previa a quienes se acercaban a sus puertas para hacer las denuncias respectivas. Eso implicaba un drama humano adicional para quienes se sentían afectados, pero suponía, a la vez, un resguardo para estas organizaciones y una garantía para los familiares de que su caso sería visto.

2. Los casos, en efecto, eran presentados por las organizaciones a las que estas personas pertenecían. Pero la mayor parte de ellos fueron presentados con anterioridad a su nombramiento. Ademàs, era excepcional que otro tipo de abogados patrocinara a los inocentes en prisiòn. La pertenencia de los mismos a sectores con menores recursos para acceder a la justicia y la renunencia de varios abogados a comprarse este tipo de causas provocaron esta situación. ¿Alguna ganancia por ello? Ninguna. Los indultos no daban - ni dan - derecho a indemnizaciones monetarias y estos casos se defienden sin cobrar un solo centavo. Y no solo las ong’s a las que se sataniza presentaron casos, sino también el propio Lanssiers, a través de la Obra Recoletana de Solidaridad, un pool de abogados ex alumnos del Colegio Recoleta que comprometían parte de su tiempo en revisar los casos que Hubert conocía por sus visitas interdiarias a los penales.

3. El indulto no era otorgado por esta Comisión, sino por el Presidente de la República. Lo hizo Fujimori y también Paniagua y Toledo. Los casos eran presentados cuando existía unanimidad en los mismos y cuando se comprobaba que no existía relación alguna con el terrorismo. Justamente, para llevar a cabo esta labor de reparar vidas frustradas por una condena injusta fue este trabajo.

¿Por qué esta campaña? Para mi es claro. Con sus virtudes y defectos - sobre los cuales debieran hacer una revisión -, las organizaciones de defensa de los derechos humanos han contribuido a que varias causas importantes se vean en el Perú y son de los organismos más críticos con el actual gobierno. Los medios que más las contrarían son aquellos que comparten tres características: lenidad frente al fujimorismo y su atroz herencia, un macarthismo militante y una adhesión a Alan García que hace palidecer al propio Mauricio Mulder. Por ello no me extrañó que el Presidente quisiera mezclar inocentes con culpables publicando las listas de todos quienes pisaron las cárceles por terrorismo, sin importar que más de 1,000 personas no tuvieran culpa de nada.

Pero en el camino, además de manchar honras de quienes participan en esas organizaciones, se embarra a un sacerdote que falleció hace dos años - y que no puede responder, por tanto, a esta ignonimia - y que durante toda su vida luchó para que la vida de las personas que viven en las cárceles sea más digna y, además, se pretende buscar la nulidad de los indultos otorgados, cuestión que es jurídicamente imposible y que, además, añade un drama adicional a quienes vivieron un tiempo en las prisiones peruanas, esa sucursal del infierno, sin haber cometido delito alguno.

Y quizás, por ello, sea importante recordar alguno de estos casos:

“Cada minuto que pasaba parecía una inacabable hora. Prohibida la lectura, la escritura, el trabajo, parecíamos seres del mundo vegetal. La visita familiar era una vez al mes por un máximo de 30 minutos. La visita de los hijos menores, el mismo tiempo pero cada tres meses” (Yehude Simon)

Se trata de vidas, de compatriotas como nosotros. Por eso es que acusaciones como estas me generan tanta rabia.

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¿Y los inocentes? Los vi el otro día en el terraplén de Castro Castro pulcramente alineados, como se dice, blancos y tiesos como una fila de espárragos, y esta mirada reflejaba no el sol de la libertad sino la sombra de la angustia, frente a un mundo que, en su ausencia, había galopado. Tenían en la mano la resolución que permitía su salida, pero ya intuían que este diploma de graduación de la universidad de los condenados no significaba gran cosa. Cuando uno ha sido sentenciado una vez, lo es de por vida
(Hubert Lanssiers)

Cuando uno está por terminar la carrera de Derecho, puede percatarse hábilmente de dos cosas. La primera es que la justicia y la Ley no equivalen a lo mismo. Una norma, por más que cumpla con los estándares formales para su expedición, puede ser profundamente injusta o, peor aún, padecer de esa enfermedad jurídica que los abogados llamamos inconstitucionalidad y que debe ser curada por 7 médicos reunidos en la Casa de Pilatos. La segunda es que uno de los documentos que mayor dolor puede causar en la vida se llama sentencia condenatoria, cuando a quien se envía a San Jorge, Castro Castro o Santa Mónica tiene la misma inocencia que un niño de 5 años.

En el Perú, en los años en que nos matamos entre compatriotas en nombre de una interpretación ideológica fanática y tanática o de la defensa del Estado, confluyeron ambos fenómenos en un grupo de personas, a las que, literalmente, se les cortó la vida por varios años.

Aun hay en mi país quienes señalan que las normas dictadas por un dictador fueron la única respuesta válida para acabar con los ríos de sangre. Olvidan que ese mismo autócrata, luego de una presión fuerte de la opinión pública, tuvo que crear una comisión especial para poder liberar, mediante el indulto, a un importante número de personas: 1,372 seres humanos, de acuerdo a los datos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Dionisio Huancas Masaje es un campesino piurano de 70 años. Fue obligado a salir de su casa por terroristas encapuchados y armados. Junto a otros pobladores tuvo que presencia uno de los llamados “Juicios Populares” que culminó con la muerte de una persona. Se ha comprobado que el anciano fue obligado a presenciar el suceso, que se encontraba desarmado y con el rostro descubierto y que incluso ayudó a enterrar a la víctima. Pero se la acusó por terrorismo y está encarcelado esperando se resuelva su proceso.
(Eduardo Dargent, Hijos de un Dios Menor: Cifras, súbditos e inocentes)

Cuando estás en la adolescencia, vives en la clase media limeña y estudias en un “buen colegio” no hay muchas cosas que te preocupen, salvo las notas en el colegio. El resto del tiempo lo dedicas a ver tele, jugar con el video juego de moda, salir con tus amigos y preguntarte sobre si la mirada de aquella chica que cuando sonríe se le forman hoyitos es más que la de una amiga.

Pero también esa edad, en dicho espacio y en algunos colegios, puede ser la oportunidad para saber que el país no comienza en la Javier Prado. Aunque yo ya sabía que mi ciudad era mucho más grande que los confines del Zanjón y La Molina, dado que el primer Tercer Piso estuvo en el Centro de la ciudad, el colegio me brindó la oportunidad de conocer ese otro país, el afectado por la violencia.

Con su afectación de erres propia de quienes nacieron en Bélgica, la imagen que imponía respeto y su peculiar sentido del humor, hubo alguien que, sin que muchos lo conocieran, iba todos los días a las cárceles, no a hacer misa como muchos suponen es la principal función de un sacerdote, sino a reconfortar – sea en silencio o con alguna palabra -, a ver los trabajos artísticos que se hacían en los talleres y a comenzar a bregar a sacar a aquellos invisibilizados por el sistema de justicia y por el país que habían sido llevados a una condena de 20 años de prisión en uno de esos procesos tan veloces que empalidecerían el reciente record de Asafa Powell en los 100 metros planos.

Por esas casualidades de la vida, ese mismo hombre que no tenía cuello de televisor y que solo usaba sotana para hacer misa, vivía y enseñaba Filosofía en el mismo colegio donde este blogger hizo la primaria y la secundaria. Y claro, Hubert hacía locuras como la de tener una tienda en el colegio – que aún permanece hasta hoy – donde se venden los trabajos de las personas que moran en una celda de 4 x 2 o de hacernos rezar a todos los alumnos una semana en familia, en el año que me iba del colegio, por una persona inocente que aun no había sido liberada o que recientemente había recuperado la libertad.

Y por ello fue que muchos pudimos conocer, en nuestro mundo de privilegiados, que los inocentes en prisión eran más que las cifras que Jorge Santistevan decía en el programa de Hildebrandt, que habian muchas historias detrás de los abrazos a la salida de las cárceles. Y veíamos a Hubert al lado de ellos, sonriendo luego que aquellos que pertenecían a los mismos grupos que la CVR nos diría fueron aquellos desde donde provenieron las cifras de muertos y desaparecidos.

Y yo me pregunto: si Lanssiers estuviera aquí con nosotros, ¿que diría al ver el periódico de ayer?

Y allí me sentencian unos jueces sin rostro. Inclusive no me dejaron entrar a los abogados, a ninguno de los abogados. Yo reclamé mi abogado. Yo reclamé mi abogado y me contestaron: no, no te preocupes, nosotros somos tus abogados.
(Informe Final CVR. Testimonio de Eleuterio Zárate Lujan)

Pero la realidad de los inocentes en prisión no estaba tan lejana como podía pensar.

1997. Programa de Confirmación. Por las cuestiones medio locas de mi colegio y la responsabilidad absoluta de mi profesor de religión, la confirma la hago en el Colegio Héctor de Cárdenas. Una de esas experiencias que marcó mi vida por las experiencias que tuve y las personas que conocí. A algunas de ellas las veo hasta el día de hoy.

Entre los chicos y chicas que estabamos allí, en un programa de confirma que nos hacía vivir la fe con los pies bien puestos en el país - recuerden, en dictadura, con el TC defenestrado y con el tema de Frecuencia Latina en efervescencia -, destacaba un chico con aptitudes de líder. Se llamaba - se llama - Yail y luego supe que su papá estaba en la cárcel, condenado injustamente por terrorismo.

El papá de Yail hoy es Presidente Regional de Lambayeque.

Yehude, al que pude conocer en el 2005, por motivo de un Foro en el que pude hacerle algunas preguntas sobre la competitividad en el Perú, ha reflexionado mucho sobre lo que fue su experiencia en la cárcel y su activismo radical de los años ochenta. Activismo que nunca lo llevó a militar en el MRTA, como el gobierno de Fujimori hizo creer. Pero lo mantuvieron 8 años en prisión porque querían un trofeo que exhibir, como lo hicieron con cientos de peruanos anónimos. Y por ello tiene hoy la autoridad moral suficiente para criticar la nueva estigmatización a la que a muchos peruanos como él quieren someter.

A los años de cárcel, Alan Garcia quiere sumarles el señalamiento del vecino.

“El criminal que participó en el atentado de El Polo es un terrorista que fue indultado”, vocifera un ex policía. Sucede que el aludido nunca había pisado una prisión en su vida. Un periódico publicó la lista de indultados que recuperaron su libertad durante el gobierno de transición y el actual con la venenosa advertencia: “ ¡Ojo con estos nombres!” y sigue el alegre festival de los cazadores de brujas. Un venerable diario, pasando por encima de fiscales y jueces, en un articulo mal escrito y rebozando de estupideces acusa a un achica de terrorista, ni siquiera “presunta terrorista”; la joven, si esto puede concitar el interés de alguien, acaba de recuperar su completa libertad sin mérito a juicio oral, claro que el necio periodista le malogró la existencia pero supongo que es un detalle.
(Hubert Lanssiers, testimonio ante la CVR)

Si, Hubert, la estigmatización y la estupidez vuelven de cuando en cuando al país, sobre todo, cuando el terror, sea la denominación que tuviere, vuelva a dar zarpazos. Porque seguimos sin aprender nada, porque seguimos sin entender que las soluciones de mano dura son contraproducentes por poco éticas y poco prácticas. Porque seguimos pensando en estadísticas y no en seres humanos.

Lo peor, es que quien lo hace, dijo que fue perseguido y estigmatizado por 9 años. ¿No se acuerda de eso, señor Presidente?

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Hace exactamente 7 años, el último dictador que gobernó este país, Alberto Fujimori Fujimori, renunció por fax a la Presidencia de la República.

7 años después, a pesar que Fujimori hoy se encuentra en prisión esperando que sus juicios se inicien, su esprítu sigue encarnado en algunos personajes de la política peruana.

Para desgracia del país, en quien parece haber generado efecto es en quien no debía: el Presidente de la República.

Desde inicios de este gobierno, Alan García ha optado por gobernar bajo el manto de una Coalición Conservadora, lo que lo ha llevado a dos importantes consecuencias: mantener un modelo económico basado en la mera exportación de materias primas - cuya epítome ha sido el artículo sobre El Perro del Hortelano - y dejar de lado reformas institucionales importantes, así como claudicar en la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos.

Precisamente, sobre esos dos últimos puntos, el Presidente de la República ha tenido dos patinadas del tamaño del Estadio Monumental.

El domingo, Alan concedió su segunda aparición a un medio de comunicación en lo que va del gobierno - la primera, como sabemos, fue a Panorama, con backstage bastante comentado -, pero no versó sobre temas de Estado ni fue concedida a un medio de credibilidad. El Presidente de la República le dio una entrevista a La Razón para apoyar a Moisés Wolfenson, propietario del diario de la mafia, para que le contabilicen los días de arresto domiciliario como días de cárcel efectiva, es decir, hacer que salga de la cárcel lo más pronto posible.

Al margen del debate jurídico alrededor del tema de la contabilización de los días de arresto en tu casa - vean los artículos de Justicia Viva y Ricardo Vásquez Kunze con posiciones opuestas sobre esto - resulta bastante preocupante que el Presidente de la República utilice la tribuna de un diario que está interesado en la defensa de personas cuyos tratos con la justicia se resumen en buena parte de los artículos del Código Penal y, además, para defender a una persona cuya situación está por definirse en el Poder Judicial.

El Presidente deja un mal sabor de boca al defender a un preso por corrupción. No porque pueda tener o no razón, sino que en un país que se supone se rige por la separación de poderes, se ve pésimo que el Presidente - que tiene un poder sobredimensionado en un Estado tan poco estructurado como el nuestro - diga que es lo que se tiene que hacer, más aún, sí, además, tiene la profesión de abogado.

Peor aún, García termina comprándose el cuento de la persecusión política que esgrime el Fujimorismo desde su caída. Nunca hubo tal persecusión: a las personas que pertenecieron al fujimorismo y fueron procesadas, fue porque existía la convicción de que habían cometido crímenes, no porque pensaran distinto al resto.

Pero no es el único cuento fujimorista que se compra el Presidente.

Ayer Alan ha señalado que dará a conocer una lista de 1,800 supuestos acusados por terrorismo que habrían sido liberados en los últimos años, para que la población conozca su identidad y actividades actuales. La propuesta, sin duda, responde a los últimos ataques producidos en las estas semanas en la zona del VRAE.

Sin embargo, debo calificar a esto como lo que es: un cabal mamarracho.

En primer lugar, García no ha especificado de donde saca la cifra de supuestos liberados. Y ello da que pensar que, probablemente, hayan mezclados justos y pecadores. Es decir, a personas que fueron sentenciadas y cumplieron su pena y quienes que se acogieron a beneficios penitenciarios, con aquellos que fueron liberados gracias al trabajo de la Comisión Ad Hoc presidida por Hubert Lanssiers. Si es así, incurre en un grave error y una estigmatización frente a personas cuya inocencia fue comprobada. Incluso, en el caso de las personas que realmente dejaron de lado toda actividad subversiva o militancia en Sendero Luminoso, la inclusión suena, hasta cierto modo, insultante.

Lo segundo es que se afectan claramente derechos constitucionales. Hacer esta suerte de “lista negra” afecta sin duda los derechos al honor, al buen nombre y a la buena reputación. Vean sino la entrevista que le hacen al ex Defensor del Pueblo Walter Albán, en la que explica las posibles inconstitucionalidades de esta acción gubernamental.

Pero lo peor, si es que no podría haberlo, es que este tema no solucionará absolutamente nada. Como lo hemos dicho en este blog en repetidas ocasiones, nos enfrentamos ante acciones armadas del narcotráfico, no ante el SL clásico, que más bien busca que le demos una amnistía inaceptable desde todo punto de vista. Antes que pensar en estigmatizaciones, el Presidente debería saber que es la inteligencia de todo tipo la que lo podrá conducir al camino de la estrategia adecuada para enfrentar la amenaza que tiene encima.

Estas soluciones de “mano dura” no solo son inaceptables en términos éticos sino que, dado que se basan en un diagnóstico inadecuado de la realidad, no tendrán mayores efectos prácticos. Seguir pensando que la restricción indiscriminada de derechos o la afectación de los mismos fue lo que nos hizo derrotar a Sendero es no haber aprendido las lecciones de la historia. Ese cuento de que “solo el golpe y la mano dura salvó al Perú” es solo un espejismo que nos hicieron creer por años. En estos tiempos en que estuvimos sin un dictador detrás, se ha podido demostrar que se pueden procesar a las cúpulas subversivas con respeto al debido proceso y condenándolas a penas altas.

No era necesario un dictador o medidas que afecten derechos humanos. Pero parece que la necedad conservadora de Alan García - tan o más fuerte que su mentalidad populista de su primer gobierno - hace que no se de cuenta que, ante los ojos de la Historia, no quedará como un líder importante, sino como alguien que hizo un primer gobierno desastroso y un segundo gobierno mediocre. Espero equivocarme con esto último, pero, cada día que pasa, esa esperanza se va perdiendo.

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