Santiago Enrique Martin Rivas, principal agente operativo del tristemente célebre Destacamento Colina, no solo se dedicaba a dar órdenes para matar, sino que también fue encargado de ejecutar parte de la cobertura legal del grupo de aniquilamiento cuyas acciones podrían terminar con un ex dictador con una condena de 30 años de prisión.
Como parte de esa cobertura, se formó una empresa, denominada Consultores y Constructores de Proyectos América (COPRANSA), ubicada en Miraflores y que supuestamente se dedicaba a labores de ingeniería civil, arquitectura y urbanismo. El local de la misma servía como sitio de reunión para la coordinación de los jefes de los subgrupos que conformaban el Destacamento. Nótese en la ficha registral de la empresa – la cual vemos a continuación - que los miembros de Colina que conformaron la empresa (Martin Rivas, Rivero Lazo, Rodríguez Zaballescoa y Pichiligüe Guevara) se registran, eufemísticamente, como industriales.
Sin embargo, hay otra empresa que también merecería ser investigada por la Policía y el Poder Judicial. El nombre de la misma es Corporación Nacional de Integración S.A., dedicada al rubro inmobiliario, y fue constituida en 1999, cuando Martin Rivas gozaba ya de la libertad ganada por la Ley de Amnistía.
Como se puede ver en la Partida Electrónica de la empresa, el principal accionista de esta compañía se llama Edgar Espinoza Chacón - persona relacionada con la Asociación Mutualista de los técnicos del Ejército - y es un viejo conocido del asesino de La Cantuta y Barrios Altos.
En su momento, Espinoza quiso deslindar este vínculo, pero este es un nuevo elemento de prueba que las investigaciones antes mencionadas apuntaban en sentido correcto.
Pero eso no es todo. Otro de los socios de Martin y Espinoza es el ex miembro del Ejercito Pablo Larrea de la Piedra, de quien he encontrado que, como varios oficiales, fue a hacer cursos a la tristemente célebre Escuela de las Américas.
Aquí hay dos preguntas que hacernos: 1. ¿Cuáles fueron las conexiones de Martin Rivas con el Ejército y el gobierno peruano entre 1995 y 2000? 2. ¿Por qué se asoció con una persona relacionada con el entorno económico de Vladimiro Montesinos?
Cuestiones que, en medio del juicio más importante de la historia, tal vez merecerían más de una explicación.
Afortundamente, la memoria en el Perú - a pesar de lo que se cree - no es escasa y hay un menú diverso para las personas que quieran acordarse de lo que la política antisubversiva del fujimorismo. La real, no la que derrotó a Sendero Luminoso.
Tanto los fiscales como los abogados de la parte civil deben seguir insistiendo en la tesis de que no nos encontramos ante acciones aisladas. Estos tres hechos - a los que podría sumarse, quizás, el asesinato de Pedro Huilca - nos demuestran que estabamos ante un destacamento del Ejército que cometía acciones que correspondían a una política de Estado.
Asimismo, sería indispensable ver si es que las cuentas bancarias de los integrantes de Colina y de la empresa de fachada que utilizaron - COPRANSA - registran depósitos de dinero por sumas elevadas y, además, las fechas en que los mismos se produjeron. Ello puede ayudar a demostrar otro tipo de apoyo logístico que fuera más allá de lo otorgado por el Ejército Peruano.
SEGUNDO MENU: LAS OTRAS VIOLACIONES COMETIDAS “EN NOMBRE DE LA PACIFICACION”
Para demostrar la existencia de una estrategia vulneratoria de los derechos humanos, también deben comprenderse otros hechos en los que Fujimori tuvo especial participación.
Dos casos, en mi opinión, son los emblemáticos. El primero es el caso de la matanza en Castro Castro, ocurrida en 1992, en la que el mismo Fujimori participó directamente en la ejecución del plan.
TERCER MENU: RECORDAR LO QUE SE DIJO EN AQUELLA EPOCA
Sin duda, los archivos periodisticos nos van a servir para desbaratar cada una de las mentiras dichas por Alberto Fujimori.
Para muestra un botón. Del interrogatorio: ¿Recuerda que cuando el Congreso realizaba esa investigación (sobre el caso La Cantuta) el general Hermoza sacó los tanques a la calle? Sí recuerdo. Me llamó la atención, llamé al ministro Malca y los tanques salieron de las calles.
Lo que no dijo Fujimori fue lo siguiente. Del libro de Fernando Rospigliosi, Montesinos y las Fuerzas Armadas (páginas 132 - 133): - El 21 de abril, blindados de la II Región Militar realizaron un inusual desfile por las calles de Lima, en lo que fue calificado como un intento de amedrentar al Congreso. Ese día, en una ceremonia castrense, el general Howard Rodríguez leyó un manifiesto en el que expresa el total respaldo del Ejército a Hermoza, y califica la invstigación como “campaña sistemáticamente orquestada con el oscuro propósito de “desprestigiar a las fuerzas armadas”. Ese mismo día el presidente Fujimori también defendió a Hermoza: “No hay derecho a que se melle la imagen de una institución que trabaja por el país”.
La valiosa investigación hecha por La Ventana Indiscreta en base al libro de Umberto Jara (partes uno y dos) va en el mismo camino, recordando cada una de las falsedades del chino. Para muestra, un botón:
Luego de ver esto, solo queda cantarle a Fujimori la de Olga Tañón: Es mentiroso ese hombre, es mentiroso.
Sin duda, las bravatas hipertensivas de Alberto Fujimori han ocupado el centro de los titulares del día de hoy. Y es que, periodísticamente, la sucesión de gritos del ex candidato al senado nipón fue la noticia del día.
Sin embargo, y como es costumbre en este blog, me gusta nadar contra la corriente. Asi que, a riesgo de provocar un “Chernobyl” jurídico, quisiera concentrame hoy en los argumentos de la Acusación Fiscal contra Fujimori. Y es que, más allá de los devaneos de la presión del Chino y la vocería de Carlos Raffo, el tema de fondo es la responsabilidad judicial.
Durante años, la gente vinculada al ex mandatario ha dicho que no hay pruebas para involucrarlo como responsable penal de violaciones de derechos humanos. Mucha gente que está en el bando democrático también tiene sus dudas. Creo que el documento presentado por el Fiscal Pelaez sí contiene elementos suficientes de dicha responsabilidad.
LA CENTRALIZACION DEL PODER: Según recoge la Fiscalía, en 1991 se expidieron normas destinadas a que Fujimori tenga el control de la política antisubversiva, teniendo como principal ente coordinador al Servicio de Inteligencia Nacional, bajo el mando real de Vladimiro Montesinos Torres.
Sin embargo, aquí corresponde hacer una atingencia correspondiente a la verdad histórica. Señala Marco Sifuentes:
El GEIN de Benedicto Jiménez y, en general, la Dincote de Ketín Vidal lograron mantener a raya a los Colina y Montesinos. De hecho, cuando capturaron a Guzmán, no avisaron ni a Fujimori ni al Ministerio del Interior (dirigido por militares durante todo el fujimorato) ni al SIN
Con ello se rompe el mito del “Fujimori pacificador” (lean el resto del post citado para terminar de convencerse).
LAS DOS ESTRATEGIAS: Hacia el público, se deja constancia de una estrategia militar aparentemente ajustada a la Constitución y a la legalidad. Pero, en el fondo, se aplicó una estrategia de baja intensidad, en la que la eliminación de los presuntos subversivos era la clave. Por ello fue creado el Grupo Colina - según testimonio de Santiago Martin Rivas - y aparecieron manuales del Ejército como Equipos Básicos.
COLINA: Fue creado como un Destacamento dentro de la propia estructura del Ejército peruano. Por tanto, es errado considerarlo como un grupo “paramilitar”. Y ello hace que Colina contara con recursos para el financiamiento de sus operaciones y que estuviera sometido a la cadena de mando correspondiente.
En principio, el grupo quiso ser asimilado al GEIN, pero las desavenencias existentes hicieron que Colina fuera destinado al Servicio de Inteligencia del Ejército. Como hemos visto, ello hizo que la estategia de Fujimori no tuviera incidencia alguna en las capturas que fueron claves en la derrota de Sendero Luminoso.
Luego de la elaboración de un “manual contrasubversivo”, Fujimori, Montesinos y Nicolás Hermoza aprobaron la creación de un grupo operativo que aplicara la estrategia de baja intensidad. Así Colina pasó de ser un grupo de análisis de información a uno que hacía “operaciones especiales”.
BARRIOS ALTOS: Todos sabemos lo que ocurrió en dicha matanza. Pero es sintomático recordar que se utilizaron armas obtenidas con autorización del jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército y que los ejecutores llegaron en dos camionetas de uso oficial, sin placas de rodaje y resguardadas por un auto portatropas.
LA CANTUTA: En este caso, existió una coordinación previa de los altos mandos militares para llevar a cabo la operación que culminaría en la desaparición y ejecución extrajudicial de 9 estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación.
SOTANOS SIE: Con conocimiento y aprobación de Fujimori, funcionó un Departamento de Búsqueda destinado a buscar información para la lucha contra el terrorismo, pero que, el 5 de abril de 1992, funcionó como estamento para la detención de diversas personas consideradas como “peligrosas”. La decisión de las detenciones estuvo concentrada en un pequeño núcleo conformado por Fujimori, Montesinos, Hermoza y el entonces jefe del SIE, Alberto Pinto Cárdenas.
En ese contexto se producen la detención ilegal de Gustavo Gorriti y, posteriormente, en junio de 1992, se captura al empresario Samuel Dyer.
LA RESPONSABILIDAD PENAL DE FUJIMORI: De acuerdo con el Dictámen Fiscal, estamos ante el caso de una persona que realiza por medio de otro el delito cometido. Ello, en términos jurídicos, se llama autoría mediata, en la que una persona que posee el dominio del hecho aprovecha la actuación que tiene sobre un intermediario que controla para poder cometer un delito.
Esta figura es más clara cuando nos encontramos ante aparatos organizados de poder. Mientras más alto estés en la cadena de mando, más control tienes sobre el hecho. Si los ejecutores directos del acto son intercambiables, se tendrá más control sobre lo que se va a hacer.
En el caso de Fujimori, tuvo dominio sobre el grupo Colina, ya que aprobaba las ordenes correspondientes a la estrategia de baja intensidad, se materializaron los crímenes sin importar quien era el ejecutor de las mismas, en una organización a la que se le proporcionaban todos los recursos logísticos suficientes para realizar sus actividades. La decisión sobre si realizar o no una operación era absoluta responsabilidad de Fujimori.
Debe tenerse en cuenta, sobre todo, la famosa entrevista hecha por Umberto Jara a Martin Rivas, en la que dice que todos los planes eran aprobados por Fujimori, dado que existía una decisión política de envergadura tal que requiería de una aprobación de alto grado. Asimismo, las felicitaciones dadas por Fujimori a los trabajos especiales hechos por miembros de Colina.
En el caso Sotanos SIE, Nicolás Hermoza, Alberto Pinto y Carlos Dominguez relatan que las ordenes de detención contra Gorriti y Dyer fueron transmitidas por Vladimiro Montesinos acatando una orden de Fujimori.
Las pruebas, sin duda, las iremos viendo a lo largo del proceso judicial. Sin duda, comienza una carrera de largo aliento, en la que las armas políticas pretenderán ser utilizadas para favorecer a Fujimori. Los jueces tendrán que estar atentos, el país, también.
En una de las audiencias del juicio oral al grupo Colina, el escuadrón de la muerte que operó con la anuencia de Alberto Fujimori, prestó su declaración Santiago Martin Rivas, el jefe operativo del tristemente célebre destacamento del Ejército que perpetró las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, el asesinato del periodista Pedro Yauri y el asesinato de campesinos en el valle del Santa.
Martin Rivas tuvo el desparpajo de decir que los eventos por los que se le procesa son utilizados políticamente para “desestabilizar gobiernos y perseguir a las Fuerzas Armadas”. Cabría recordarle a este criminal que su jefe Fujimori lo condecoró por los “trabajos especiales” que realizaba y que las Fuerzas Armadas se vieron manchadas por hombres como este, que no tienen la hombría de reconocer su falta.
Pero eso no fue todo, Rivas tuvo el atrevimiento de compararse con Juan Valer Sandoval, el héroe de la operación Chavín de Huantar, de quien dijo era su compañero de promoción. De las organizaciones de defensa de los derechos humanos habló pestes y repitió el manido epíteto de “defensores de terroristas” y justificó el asesinato de un niño en la masacre de Barrios Altos diciendo que nadie se preocupó de los niños ashaninkas asesinados por Sendero Luminoso, cuando bien sabe que la Comisión de la Verdad y Reconciliación señaló que la conducta contra el pueblo asháninka, el más afectado como colectivo por el conflicto, podría ser calificada como genocidio.
Este sujeto no está arrepentido de nada y cree que lo que hizo estuvo bien. Lamentablemente, no pocos militares - incluso muchos de los que nunca estuvieron involucrados en violaciones a los derechos humanos - piensan de la misma manera que este personaje, que se considera a sí mismo como héroe de la patria. Y medios de comunicación como Expreso y La Razón se hace eco de este mal entendido “espíritu de cuerpo” y escriben los mismos argumentos todas las semanas.
Rivas será condenado, de eso no hay ninguna duda. Pero me preocupa sobremanera que dicha cultura de encubrimiento y de no aceptación de lo ocurrido siga cundiendo en las Fuerzas Armadas. De persistir, seguirán confundiendo a militares asesinados como el general López Albujar o el almirante Cafferatta, o a héroes como Valer y Raúl Jiménez, con criminales como los del grupo Colina, el “comandante Camión” o José Valdivia Dueñas. Hace falta que los institutos armados hagan una sincera reflexión de su papel durante el conflicto, para no terminar coincidiendo con personas que terminarán pagando por las consecuencias de sus actos.
Como ya deben de saber, en noviembre del 2006, Fujimori tuvo un incidente que casi lo lleva al otro mundo. Este hecho lo hemos podido conocer a raiz de la presentación de los alegatos finales en el proceso de extradición que se le sigue en Chile y que tendrían una pronta resolución, por lo menos en primera instancia.
Sin embargo, más allá de los calamares y camarones que forman parte de la dieta del extraditable, son los expedientes conformados en su contra los que lo deberían tener con un guardaespaldas o un carabinero presto a aplicarle la maniobra Heimlich.
Dentro de mis manías de lector casi compulsivo, tengo la tendencia a la relectura. A raíz de la última revelación del agente Jesús Sosa Saavedra sobre el asesinato de dos espías en 1988, volví a revisar algunos capítulos de Muerte en el Pentagonito, la investigación hecha por Ricardo Uceda sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por miembros del Ejército Peruano durante el conflicto armado interno.
En el capítulo 19 de este libro, La Solución Política, se encuentra una reveladora conversación entre miembros del grupo Colina y el coronel Enrique Oliveros, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército. Dado su contenido y el poco conocimiento que se tiene sobre este revelador pasaje, reproducimos su contenido.
(Esta conversación puede verse en UCEDA, Ricardo, Muerte en el Pentagonito. Los cementerios secretos del Ejército Peruano, Bogotá, Planeta, 2004, pp. 448 -449)
LA PROFECIA
Casete 1, lado A. Conversación con el Coronel Enrique Oliveros Cuartel Simón Bolivar, 22 de marzo de 1994.
Ha pasado un mes desde la primera sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar. Los reos consideraban muy severas las condenas y los abogados preparaban una apelación. El coronel Enrique Oliveros se reunió con Martin, Pichilingue y los suboficiales.
(Nota: La sentencia a la que Uceda hace referencia es a la condena a 20 años de prisión que se dio a los miembros de Colina en el fuero militar por el caso La Cantuta. Como es sabido, el fuero militar no tiene competencia para procesar casos de derechos humanos.)
JULIO CHUQUI AGUIRRE: Mi coronel, nosotros ya hemos cumplido nuestra parte, ¿no es cierto? OLIVEROS: Claro. CHUQUI: Entonces, ahora queremos ver cómo está caminando la otra parte, pes. Por lo menos ver si hay alguna intención, que nos den alguna respuesta concreta. que nos digan, bueno, tal fecha, tal día, tal mes va a ser la … ¿No? OLIVEROS: Ya. CHUQUI: O la amnistía, toda esa cuestión. Tal como nos han ofrecido. Estamos así, está pasando el tiempo. Bueno, nosotros seguimos haciendo cosas, entretenidos. Pero por lo menos queremos saber algo. OLIVEROS: Ya les he dicho que se va a ver eso, pero no pidan precisiones. Es difícil, pues. CHUQUI: Por lo menos que nos diga: un año. Un año sé que… JESUS SOSA: Un plazo para más o menos estar tranquilos, mi coronel. OLIVEROS: Yo más o menos tengo un esquema. El plazo podría ser el siguiente: entre julio o agosto del 95. Porque hay dos posiciones. Si no se reelige el ingeniero Fujimori, antes de irse da una ley. Si se reelige, después de su reelección: ¡pa! NELSON CARBAJAL: Así es. SOSA: Nosotros más o menos hemos pensado también igual. CHUQUI: Igualito ¿ah? OLIVEROS: Osea, piensen entre julio y de agosto a septiembre. Porque después de que se reelija, con el poder y todo, Fujimori va a dar una gran ley de… de… Va dar una gran ley de… SOSA: Como decir, de concordia nacional. Que todo el mundo estuvo en esta situación de… OLIVEROS: Y (alzando la mano) ¡buuuuum! CHUQUI: (Imitando a Fujimori) Olvidamos todo y empezamos mi nuevo gobierno con esta ley. OLIVEROS: ¡Aaaasí es! Así va a empezar su gobierno, con una nueva ley. CHUQUI: También lo hemos pensado. OLIVEROS: Así va a ser. Hasta esa fecha hay que aguantar.
Como vemos, este díalogo nos revela a las claras que Fujimori tenía conocimiento de las acciones del sanguinario Grupo Colina y que estuvo dispuesto a darles impunidad. Los miembros de este destacamento lo sabían y Oliveros, hombre de Montesinos en el SIE, era el correveidile del asunto.
Por cierto, ¿habrán incluido este diálogo en el cuaderno de extradición?