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Rompiendo con dos mitos modernos: el Ché y Silvio Rodríguez

En la mañana de hoy, revisando los blogs que habitualmente visito, Silvio Rendón - en el colectivo Gran Combo Club - hace literalmente papilla a uno de los personajes que ha generado mayor culto en América Latina: Ernesto “Ché” Guevara.

El post de Silvio Rendón es sencillamente notable y pasaré a explicar porque.

Durante años, generaciones de izquierdistas y de universitarios idealistas han sido inoculadas con una suerte de culto - sincero o posero, como los chicos que compran su polo del Ché como si fuera un polo Lacoste - a Ernesto Ché Guevara, uno de los guerrilleros que acompañaron a Fidel Castro en su llamada “Revolución Cubana”.

Ciertamente, Fulgencio Batista, el dictador al que derrocaron, no era un hombre al cual defender: había convertido la isla en el paraiso de mafiosos norteamericanos y a Cuba en poco menos que en una república bananera.

Pero luego la llamada “revolución” mostró sus limitaciones y ataduras. Todo aquel que se oponía a ella era encarcelado o fusilado, los libros eran censurados, la dictadura de partido único se instaló, se hizo tabla rasa de la libertad de prensa y miles de cubanos partieron al exilo gracias a las políticas de Castro y de Guevara.

Para toda persona que vivió la violencia de las últimas décadas del siglo XX en nuestro país, la figura de Guevara debería ser repelente, dado que justificaba la violencia como medio de acción para tomar el poder y alcanzar sus objetivos. Si repudiamos a Abimael Guzmán, ¿por qué tantos siguen cantando “Hasta Siempre, Comandante” como si fuera el Himno Nacional? ¿por qué muchos siguen diciendo que era consecuente con sus ideales un tipo que mandaba matar y mataba con su propia pistola?

Nunca tuve al gobierno cubano entre mis favoritos. Será que nací en 1981 y todo el rollo de la “revolución exitosa” nunca me lo tragué. Será que la irracional violencia de Sendero Luminoso me vacunó contra todo aquel que se pone un fusil al pecho para imponer sus ideas por la fuerza. Será que mi creencia en la democracia me hace ver con muchas reservas a todo aquel que apoye a una dictadura que aplaste la libertad y los derechos de las personas.

Salvando las distancias, pues nunca empuñó un fusil ni mató a nadie, creo que lo mismo sucede con otro ícono adolescente y universitario: Silvio Rodríguez.

Ciertamente Rodriguez sí logró encandilarme con su música, que es buena, y algunas de sus letras - sobre todo las más románticas - son de las mejores piezas de poesía que he escuchado. Hasta ahora, de cuando en cuando, escucho una canción de él y, por ratos me emociona.

Y sin embargo, no dejo de ver las múltiples contradicciones.

Luego de ser arrestado y embarcado en un barco para que trabaje, por sus letras tan rebeldes de finales de los sesenta y principios de los setenta, Silvio se transformó en un propagandista oficial de un régimen dictatorial.

Estuvo junto a las llamadas “brigadas internacionalistas” llevadas a Angola a entretener a las tropas cubanas mandadas por Fidel para “hacer la revolución” en Africa, es decir, para alentar a gente que peleaba un pleito ajeno y que expandía la violencia en un país que no era el suyo.

Ahora está convertido en un integrante más del remedo de parlamento que tiene Cuba, la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular, Silvio sigue hablando por todo el mundo de su admiración por Castro, el mismo autor de fusilamientos, encarcelamientos políticos, exilios y atraso de su país.

Se que para muchos puede ser chocante lo que digo, pues son admiradores - como yo - de la música del trovador autor de “Oh Melancolía” o “Te doy una canción”. Sin embargo, yo no termino de entender porque un bardo que canta a la libertad y que ejerce la creación libre, se ha convertido en un asalariado de un régimen que oprime la libertad y los derechos de sus ciudadanos.

Conviene revisar, entonces, aquellos mitos latinoamericanos que tenemos. Quizás las nuevas generaciones, menos apasionadas y más críticas de un proceso que ha revelado ser un monumental fracaso, puedan ayudar a que esa tarea se realice.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: El Ché Guevara.

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