LO QUE VARGUITAS SI DIJO
Escrito por: jgodoymejia en Alan García, El Pez en el Agua, Mario Vargas Llosa, historia, memorias, políticaHace 20 años esto era impensable. Mario Vargas Llosa elogiando el gobierno de Alan García y acudiendo a Palacio de Gobierno.
Ante esta imagen, me quedan dos reacciones. La primera, la estupefacción por ver que un liberal consecuente aplaude un gobierno conservador. La segunda, es recurrir al rico archivo, dado que en este blog palpita el recuerdo.
Asi que, por cortesía de todas las radios que nos ofrecen lo mejor de los 80’s, veamos una breve selección de Mario Vargas Llosa hablando de Alan García hace unos pocos años, a través de varios extractos de El Pez en el Agua (Las citas pertenecen a la edición de Alfaguara, 2005):
Yo lo había visto una vez, antes, durante su campaña electoral de 1985, en casa de un amigo común, el martillero y coleccionista de arte Manuel Checa Solari, quien se empeñó en hacernos comer juntos. La impresión que me hizo fue la de un hombre inteligente, pero de una ambición sin frenos y capaz de cualquier cosa con tal de llegar al poder. (página 40)
Además, la estatización del sistema financiero tenía un agravante político. Iba a poner en manos de un gobernante capaz de mentir sin escrúpulos - apenas un año antes, a fines de noviembre de 1984, había asegurado en el CADE, que nunca nacionalizaría los bancos - el control absoluto de los créditos. Con lo cual todas las empresas del país, empezando por las estaciones de radio, los canales de televisión y los periódicos, estaría a merced del gobierno. (página 43)
Cuentan los chismes que aquella noche, al ver en la pequeña pantalla la magnitud del Encuentro por la Libertad, Alan García hizo trizas el televisor. (página 50)
Todo esto, como los negociados al amparo del poder por quienes ocupan la presidencia, los ministerios y cargos importantes en la administración, es algo tan generalizado que la opinión pública ha llegado a resignarse a ello como a algo fatídico: ¿tiene sentido protestar contra la ley de la gravedad? Corrupción, tráficos, aprovecha un puesto público para enriquecerse, es congénito a la política peruana desde tiempo inmemorial. Y durante el gobierno de Alan García esto batió todas las marcas. (página 187)
El Perú de mi infancia era un país pobre y atrasado; en las últimas décadas, principalmente desde la dictadura de Velasco y sobre todo con Alan García, se habia ido volviendo pobrísimo y, en muchas regiones, miserable, un país que retrocedía a formas inhumanas de existencia. (página 237)
Preocupado por la victoria aplastante del Frente Democrático que anunciaban las encuestas, el 27 de noviembre de 1989 Alan García rompió lo que, por disposición gubernamental y costumbre, ha de ser la actitud del presidente en los comicios: una auténtica o fingida neutalidad. Y, en conferencia de prensa, salió a las pantallas de televisión a decir que si nadie “se le pone al frente” (a mi), lo haría él. (página 299)
Más tarde, siempre diligente en el servicio al amo de turno, el personaje (Guillermo Thorndike, nota de DTP) publicaría una hagiografía de Alan García y, en la campaña electoral, éste volvería a traerlo al Perú a dirigir una hoja, Página Libre, que, en los meses finales antes de las elecciones, desempeñó el papel que cabe imaginar. (página 348)
Los investigadores de la oficina del odio encontraron, en un artículo mío sobre la huachafería - forma del mal gusto que es una propensión nacional - titulado “¿Un champancito, hermanito?”, una frase burlona sobre la procesión del Señor de los Milagros. Alan García, que, para mostrar al pueblo peruano lo devoto que era, se vestía de morado en octubre y cargaba el anda con expresión de pecador contrito, se apresuró a declarar a la prensa que yo habia ofendido gravemente a la Iglesia y a la más cara devoción del pueblo peruano. (página 461)
La sensación, alimentada por las encuestas a lo largo de casi tres años, de que no había manera legal de atajar ese intruso resucitador de la “derecha” que llegaría al poder en olor de multitudes, había envenenado aún más su animadversión y, exasperada esta por las intrigas que orquestaba desde Palacio Alan García, había aumentado su encono contra mí de una manera demencial (página 496)
A la mañana siguiente se presentó en la playa Genaro Delgado Parker, a buscarme. Maliciando a qué venía, no lo vi. Habló con él Lucho Llosa y, como imaginaba, traía un mensaje de Alan García, quien me proponía una entrevista secreta. No acepté y tampoco las otras dos veces en que el presidente me hizo la misma propuesta, a través de otras personas. ¿Cuàl podía ser el objeto de esa reunión? ¿Negociar el apoyo del voto aprista en la segunda vuelta? Ese apoyo tenía un precio que yo no estaba dispuesto a pagar y mi desconfianza hacia el personaje y su ilimitada capacidad para la intriga era tal que, de entrada, invalidaba cualquier entendimiento. (páginas 537 - 538)
Luego de ver estas declaraciones de mi escritor favorito, no le recomiendo que escriba un nuevo libro de memorias. O tal vez sí, para comprobar aquella frase de Alejandro Lerner: Defender mi ideología, buena o mala pero mía, tan humana como la contradicción.
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