¿Ya no se pide amnistías o condecoraciones a los asesinos? Basta ver al director de La Razón pidiendo poco menos que la Orden del Sol para Santiago Martin Rivas.
¿Ya no tenemos a los hijos de los funcionarios aprovechándose de los cargos públicos? Miguel del Castillo y su puesto en RBC nos podrían dar un indicativo.
¿Ya no se ataca a los opositores o a quienes presentan denuncias? Quizás sea hora de inquirir a Aldo Mariátegui sobre la forma en como trata a los que no están de lado del gobierno.
¿Importan los derechos humanos en el Perú? El maltrato a Luis Alberto Salgado por parte de su propio jefe nos dará la justa medida.
Todas estas preguntas responden a conductas que el gobierno más corrupto de nuestra historia ejerció con gran gala desde un golpe que no solucionó nada. Porque no fue producto del golpe la captura de Abimael y la mentada liberalización económica no fue más que mero mercantilismo. El país se barbarizó y se volvió en el páramo donde los Montesinos, los Martín Rivas y los Sosa mataban con total impunidad, los pésimos privatizadores le hicieron un grave daño a la economía de mercado, los Crousillat y las Lauras Bozzo convertían a la televisión en una casa de citas que aplaudía las trapacerías del régimen.
El peso político internacional de Cuba es menor que el que tenía hace algunos años. Hugo Chávez ha sido el verdadero sucesor de Castro en esa tarea de ser, a la vez, el desestabilizador regional, el antinorteamericano en la oratoria y el dictador carismático de esta zona del mundo. Castro ha pasado - más aún en los últimos años - a ser más un símbolo, tanto para sus detractores como para sus seguidores.
Sin embargo, queda un gran tema pendiente: ¿Cuál va a ser el futuro de Cuba?
Todo apunta a que Raúl Castro será nombrado de manera explícita como el sucesor de su hermano. Y ello apunta a la hipótesis 1 que señalamos hace un año y medio:
1. La Revolución continua: Raúl Castro es menor que su hermano y, por lo menos, tendría diez años más de duración en el poder. El Partido Comunista de Cuba tiene una serie de cuadros cuyas edades fluctúan entre los 40 y 50 años, que pueden servir de recambio para cuando el menor de los Castro también deje de existir.
De hecho, el otro candidato anunciado a la presidencia de Cuba es Carlos Lage Dávila, de 57 años. Lo más probable es que ocupe el puesto de vicepresidente que ya venía desempeñando y que Raúl Castro lo vaya preparando para una sucesión.
A diferencia de los deseos de muchos - me incluyo -, no veo en el corto plazo un camino hacia la democracia en Cuba. Las antipatías que suscitan los ideólogos de la Cuba de Miami y la imposibilidad de consolidar un grupo disidente dentro de Cuba hacen bastante difícil un camino que muchos quisieramos, pero que, aún con Castro fuera de este mundo, parece ser bastante difícil.
¿Y cuàl será el legado de Castro? Pues a pesar de las tibiezas de algunos, se puede resumir en que es un hombre que ha sojuzgado a su país en nombre de un supuesto ideal mejor, alguien que ha hecho del igualitarismo hacia abajo su bandera, alguien que ha dividido a Cuba en dos países: los que viven en la isla y los que moran en Miami. Castro ha mandado fusilar o encarcelar opositores, sólo permite un partido político y no hay prensa independiente que lo pueda criticar.
Si bien los médicos cubanos son de los más capacitados de la región, son de los peores pagados y ese sistema de salud depende en mucho de las donaciones que turistas y gente que se va a curar allá tenga. Una educación - por más analfabetismo cero que tenga - nunca podrá ser eficiente si no ayuda a formar un pensamiento crítico, cosa que el dictador cubano y su supuesta revolución nunca han valorado.
Y claro, la torpeza del embargo norteamericano ha abonado para sus bodas de oro en el poder.
Se va Castro y, como se interrogaba Zavalita sobre el fin de Odría, en todo el mundo se preguntan sobre que es lo que está comenzando.
El anuncio ha tomado por sorpresa a todos, comenzando por los detractores del sentenciado, pero, por sobretodo, a sus propios partidarios, quienes se encuentran divididos ante el anuncio hecho por quien ahora es la heredera política del ex dictador.
No cabe duda alguna que la familia Fujimori tiene como cálculo central, a estas alturas, que el patriarca del clan no saldrá libre para las próximas elecciones presidenciales, dada la sentencia que tiene ya en ejecución y la inhabilitación que le impide ser candidato hasta el 2011. Aunque mantiene coincidencias claras con la agenda del actual gobierno y Alan les hace guiños de cuando en cuando, no se encuentra dentro de los cálculos actuales la posibilidad de una amnistía o indulto para el ingeniero agrónomo.
Sin embargo, las posibilidades reales de una candidatura de Keiko Fujimori pasan por tres obstáculos centrales.
El primero y principal tiene que ver con la imagen que viene dando su padre en el proceso por derechos humanos que se lleva a cabo en la sede de la DIROES. Luego de escuchar atentamente la más de una decena de audiencias que se han llevado a cabo, me queda claro que Fujimori miente deliberadamente en el proceso y que las contradicciones en las que cae han sido aumentadas por las declaraciones de los diversos testigos que han acudido a este proceso hasta el momento. La monserga de la inexistencia de pruebas esgrimida por los partidarios de Fujimori ya no es posible de fundamentar con precisión en este momento.
En el camino, Fujimori ha hecho añicos su “prestigio” de presidente sabelotodo para pasar a ser un sumo ignorante. Pero, como bien nos recuerdan los hechos - y en términos prestaditos del ingeniero - el ex candidato al senado del Japón no era ningún “caído del palto”. El Fujimori victorioso pasa a ser un pelele profesional en el juicio, aunque hoy Martín Tanaka nos recuerda:
Fujimori tuvo desde el inicio, y a lo largo de todo su gobierno, más de una oportunidad de cambiar de rumbo y seguir un camino democrático. Si miramos otros contextos, encontraremos que los momentos de crisis y de cambio profundo sirven no solo para destruir democracias, también para iniciar procesos de institucionalización; pero, para que ello ocurra, la intervención de líderes capaces y comprometidos es imprescindible. Visto Fujimori desde este ángulo, su chatura es más que evidente.
El segundo obstáculo tiene que ver con los propios enfrentamientos dentro del fujimorismo. No son pocos los que ven con malos ojos lo que parece ser una sucesión dinástica dentro de una agrupación a la que muchos aspiran a convertir en un partido. Y tampoco pasan a los escuderos actuales, a quienes culpan de ser los autores de la mala estrategia del viaje a Chile que ha terminado con Fujimori en una prisión. De otro lado, la disputa de las cuotas de poder entre ellos mismos, cuestión presente de manera nítida desde el año 2000, termina por complicar las cosas al interior de los grupos fujimoristas.
Finalmente, y como bien se ha anotado en otro blog, resulta siendo una burla a los peruanos que los fujimoristas inventen un partido para cada elección. Ello no solo contribuye al debilitamiento del sistema de partidos, sino también da cuenta de lo poco serio del proyecto fujimorista. Decir que solo se basan en las pequeñas obras de infraestructura que hizo Fujimori como único programa político solo da cuenta del pragmatismo chato y sin una visión de país clara que caracterizó a los 10 años de gobierno de un dictador que llegó a la presidencia por una casualidad y que hoy puede terminar sus días no precisamente contándole cuentos a los nietos en condiciones normales.
Alguna vez Manuel D’Ornellas, en la época en que escribía en el alineadísimo Expreso de los noventa, quiso esgrimir la tesis del “Fujimorismo sin Fujimori”. Parece que el viejo periodista uruguayo, desde donde se encuentre, se habrá dado cuenta que ello es imposible. Los caudillismos se heredan, no se transforman en partidos.
O de como un general podría decir “No me defiendas, compadre”
Si hay una personalidad sobre la cual existe una discusión incipiente sobre su papel en la política peruana contemporánea es la de Francisco Morales Bermúdez. Hay quienes lo recuerdan como lo que efectivamente fue: un dictador, que restringió todo tipo de libertades, que deportó a sus opositores y que finalmente, acorralado por las circunstancias, entregó el poder a la civilidad. Otros prefieren destacar este último aspecto - hábilmente explotado por el general - y, además, anotar su oposición al régimen de Fujimori y lo que señalan como el inicio del desmontaje de las reformas de la llamada “Revolución Peruana”.
Esta discusión, inconclusa aún por la permanencia del personaje en cuestión en este mundo, se ha reavivado por su encausamiento en una corte italiana por su supuesta participación en la Operación Cóndor, esa transnacional de los asesinatos y las desapariciones operada por las dictaduras de Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay en la segunda mitad de la década de 1970.
Sobre el Plan Cóndor en el Perú, han sido básicamente dos investigaciones las que han dado serias muestras de que el Plan se extendió sus ramas hasta Lima. La primera es la de John Dinges, quien logró la desclasificación de documentos de la CIA que demostrarían la participación de la dictadura peruana en el plan. La segunda pertenece a Ricardo Uceda, en la que, sin concluir sobre la responsabilidad de Morales Bermúdez o Richter, recuerda el operativo colectivo de los servicios de inteligencia argentino y peruano para capturar a miembros de Montoneros, grupo argentino que supuestamente atentaría contra el dictador Jorge Videla en la transmisión del mando a Fernando Belaúnde en 1980. Los capturados fueron deportados a Bolivia y, posteriormente, asesinados en cumplimiento de las directivas de Cóndor.
Para el país y para la democracia peruana, lo mejor es que ambos ex oficiales rindan su testimonio y se sometan a la justicia italiana, para aclarar, de una vez por todas, si es que nuestro país también estuvo incluido en un plan maquiavélico y que no respetó los derechos de cientos de personas en América del Sur. También nos recuerda que los delitos de lesa humanidad no prescriben a pesar de los años transcurridos y que los espacios para dejar de procesar estos hechos son cada día más estrechos.
Desafortunadamente, el gobierno peruano y otros conocidos personajes han salido a declarar este acto - que es un encausamiento, no una declaratoria de culpabilidad - como una afrenta al país o una exageración. Los nombres de los “abogados” del ex dictador: Alan García Pérez, Luis Giampietri Rojas y Juan Luis Cipriani Thorne, presidente, vicepresidente y cardenal, respectivamente.
No extraña que los tres personajes antes mencionados tomen este tipo de actitudes. Conocida es su trayectoria de menosprecio a los derechos humanos. Pero triste es comprobar, nuevamente, que no existe signo de autocrítica alguno en su actuación pública.
Sin embargo, resulta paradójico que este año lo terminemos como lo comenzamos: con un gobierno dispuesto a avalar la impunidad y los atropellos a los derechos de los demás. El caso Castro Castro y las iniciativas en favor de la pena de muerte marcaron la agenda de los primeros días del 2007. Hoy, a dos días de culminar este año, nuevamente vuelven a las andadas.
Aun se nota que, para Palacio de Gobierno y el Palacio Arzobispal, los derechos humanos son una cojudez.
Bloque A: Reelección indefinida, más poderes presidenciales, profundización del “socialismo del siglo XXI”.
SÍ 49.29% NO 50.70%
Bloque B: recorte de la libertad de expresión y atributos procesales en estados de excepción
SI 48.94% NO 51.05%
Pues bien, escribo este post luego de soplarme el discurso de Chávez vía Globovisión. No le ha quedado otra que reconocer el resultado electoral, aunque con frases enigmáticas como “esto es una victoria pírrica”, “este es otro por ahora, que yo he preferido así” o “por ahora no pudimos”. El señor que maneja Venezuela más allá de los límites democráticos ahora quiere pegarla de demócrata compungido. Hasta ha dicho que hay “plena libertad de expresión”, sin acordarse de lo que hizo con RCTV hace unos meses. No lo dudo, algo trama este personaje que ahora quiere iniciar una carrera nuclear en América Latina.
Lo cierto es que el resultado comprueba dos cosas. La primera, es que Venezuela está polarizada gracias a su estrambótico Presidente, que, como hemos dicho reiteradamente, no es de izquierda, sino que encarna el peor mal de América Latina: las tiranías. Alguien que quería quedarse hasta el 2050 no puede ser sino puesto al lado de gentuza como Pinochet, Videla, Fujimori o Fidel Castro.
La segunda, es que la oposición venezolana tiene la gran oportunidad de fortalecerse y, como se hizo en el Perú, buscar una salida al autoritarismo sobre la base de los mecanismos legales existentes. Y para ello, además, tendrá que tener un programa político que pueda incorporar las demandas económicas y sociales que ya están presentes en Venezuela, como la escasez de alimentos, la desigualdad y la inflación.
Y es que el gran reto de América Latina, para poder frenar a estos autoritarismos de nuevo cuño, es demostrar a la gente que la libertad democrática es compatible con un programa económico basado en el mercado y en la inclusión social, respondiendo a las demandas de la población por Estados más eficientes, menos corruptos y más preocupados por las carencias de sus ciudadanos.
De no hacerlo, seguiremos con estos caudillos autoritarios gobernando o amenazando con gobernar países como los nuestros, con los resultados que todos conocemos: menos bienestar económico y social a mediano plazo, más corrupción, menos libertades.
Ojalá en Venezuela se cante próximamente la primera línea de nuestro himno: Somos libres, seámoslo siempre. Y que el ¡abajo cadenas! de su himno se entone en todo Caracas.
Del vals Alan - Chávez al “¿Por qué no te callas?”
Vaya que es una región compleja e impredescible la nuestra. La última cumbre iberoamericana, con algunas ausencias, nos confirma que el escenario regional viene siendo cada vez más complejo y, por que no decirlo, agrio.
El estilo personalista, malcriado y autoritario de Hugo Chávez se ha convertido en el principal elemento divisor entre países de la región. Lejos de hacer concordar visiones sobre como encarar una relación con Estados Unidos menos dependiente y, a la vez, cordial, o sobre como encarar los problemas de la pobreza y la desigualdad en la región y potenciar los espacios económicos regionales, hemos terminado discutiendo como nos relacionamos con el reemplazo de Fidel Castro en eso de ser el autoritario más poderoso de América Latina.
Como lo hemos manifestado en otra ocasión, el problema con Chávez no es de izquierda o de derecha, como sus defensores y los más torpes de sus detractores intentan poner sobre la mesa. El problema es que intenta ponerse él como única alternativa válida a alinearse absolutamente con Estados Unidos y vender una receta que termina concentrando el poder en una sola mano, con el funesto resultado que ha generado en América Latina, sin importar el signo que la dictadura de turno nos haya puesto.
El grave problema es que sus pares - los presidentes latinoamericanos democráticos - no hacen lo posible por deslindar con este sujeto. Como lo relató Carlos Basombrío hace algunas semanas:
Lo anterior no ha sido óbice para que, a nivel regional, Chávez siga consolidando su influencia. Hace unas semanas logró que su idea del Banco del Sur, como respuesta al Banco Mundial y al FMI, se convierta en realidad y que, además de los países del ALBA, participen Brasil, Argentina y Colombia. Chávez ha logrado, también, una relación muy cercana con Uribe y es hoy nada menos que el principal mediador para un acuerdo humanitario para la liberación de los rehenes de las FARC. Incluso con Brasil, con el que ha tenido roces a lo largo del año, acaba de conseguir que Lula empuje, en la Câmara dos Deputados, la ratificación del ingreso de Venezuela al Mercosur, faltando ahora solamente el Senado.
¿Y ello por qué se produce?
Por un lado, el juego de Chávez, tanto dentro como fuera de las fronteras venezolanas, se basa en un solo tema: petróleo y recursos económicos ingentes. Con el precio del barril de petróleo cercano a los 100 dólares, el gobierno venezolano sabe que tendrá recursos ingentes para seguir desarrollando su política de asistencialismo, profundización de la dictadura - con cambio de Constitución incluido - y venta de su modelo a otros vecinos de la región. Ello, en un contexto donde los problemas energéticos para el Cono Sur son angustiosos.
Pero de otro lado, Chávez se beneficia de lo que pasa en cada uno de los países de la región, sobre todo, en aquellos que podrían ser alternativas a su modelo. Lula ha quedado debilitado como líder regional, tanto por falta de definición en su política exterior como por los escándalos de corrupción que afectaron su primer gobierno. En Argentina, la dinastía K tiene que hacer frente a las críticas hacia la creciente personalización de su poder y los problemas económicos ocultos que parece tener, sin tampoco tener las cosas claras con relación a que hacer con Chávez, con quien Nestor tiene una relación cercana y parece que Cristina no tanto. En Chile, ya son conocidos los problemas de la presidenta Bachelet por tener consenso popular y la lucha por la sucesión tanto en la Concertación como en la Alianza, más que un interés en lo que pasé en el vecinario, salvo en resolver los problemas con Bolivia y Perú.
Tampoco es que los aliados de Chávez la tengan todas consigo. Vean los post de Martín Tanaka sobre Ecuador y Bolivia para que nos percatemos que la situación es más compleja de la que TVSur y los canales venezolanos informan. Claro, el peligro del personalismo lindante con lo autoritario en ambos países sigue siendo fuerte, pero, hasta el momento, no han dado ese paso que los ubicaría en la mísma égida que su mentor.
No se porque en el Perú no termina de cuajar una buena página de noticias internacionales. Quizás la de El Comercio sea la que más se acerque al ideal - de hecho, cuenta con quien es nuestro mejor analista, Farid Kahhat - pero el resto de diarios (incluyendo a mi favorito, Perú.21) no terminan de dar la debida importancia a lo que ocurre en el resto del planeta. Y en los blogs - mea culpa - tampoco tenemos hasta ahora un buen espacio de noticias y ánalisis internacional. Por ello es que, cuando tengo que ver algo del orbe, acudo a los medios extranjeros.
Y quizás sea por eso que para muchos sea desconocido lo que viene pasando en Birmania, una república de Asia donde los ojos de todos los medios internacionales vienen concentrando desde hace semanas su atención.
La historia más o menos es la siguiente. Desde 1962, Birmania es gobernada por militares, pero de distinto signo. Entre las décadas de 1960 y 1980, el signo del país era claramente socialista: nacionalizaciones de actividades económicas, aislamiento internacional y la creación de un régimen de partido único (el Partido Birmano del Programa Socialista). En 1988, la crisis económica causada por la devaluación de la moneda y los reclamos por democratizar el país condujeron a la aparíción de la Liga Nacional por la Democracia y a una serie de protestas estudiantiles, protestas que se agudizaron el 8 de agosto de 1988 y que culminaron en una violenta represión que costó la vida de 3,000 personas, según los cálculos más confiables.
Luego de un golpe interno en las Fuerzas Armadas, se convocan a elecciones parlamentarias en 1990, que son ganadas por la Liga Nacional por la Democracia, liderada por Aung San Suu Kyi. Sin embargo, la dictadura desconoció los resultados, encarceló a la líder opositora - cuya lucha la ha hecho merecedora al Premio Nobel de la Paz y a varias entradas y salidas de prisión o arresto domiciliario - y la represión continúa.
¿Qué es lo que ha pasado en estos últimas semanas? Pues que el gobierno aumentó el precio de la gasolina y eso aumentó los precios de todos los productos de primera necesidad. Esto desató las protestas que, esta vez, han sido encabezadas por los monjes tibetanos, quienes gozan de gran prestigio en la sociedad birmana. El régimen se encuentra desacreditado y, además, con sanciones internacionales por doquier. La represión ya ha cobrado víctimas - incluso periodistas internacionales - y miles de detenidos.
Una situación que me recuerda que todas las dictaduras acaban mal.
“Algunos dirán, con un razonamiento parecido al que se emplean para otras cosas, cómo se compran grúas pórtico que nunca se han visto en el Perú, pero nosotros tenemos que hacer comprender a los dudosos que China es el gran taller del mundo por su alta tecnología y porque supo, en su momento, abrir sus puertos al mundo”
Gracias Alan por querer que nuestro modelo sea el de una dictadura corrupta y con nuestros obstáculos de mercado elevados a la enésima potencia. Ese es el cambio responsable.
Y no los intentos de lavar la cara a una dictadura
Dice Philip Butters que el fútbol es el mayor invento desde que el hombre aprendió a caminar en dos pies. Aunque creo que exagera, la frase del mejor de nuestros comentaristas deportivos da cuenta del aura mágica e hipnótica que caracteriza al más popular de los deportes.
De eso bien saben los dictadores y, por ello, intentan aprovechar cuanta competencia deportiva tienen enfrente para poder unir al país detrás del objetivo deportivo, que a veces es una de las pocas cosas que une a la gente de una nación, y de los deportistas, convertidos en los héroes épicos de nuestro tiempo.
El mito peruano de Berlín 36, del cual hablé hace unas semanas, se construyó sobre una gran verdad: Hitler aprovechó esa olimpiada para lavarle la cara a Alemania y mostrarle al mundo la superioridad física de la supuesta raza pura. Claro, Jesse Owens le aguó simbólicamente el pastel.
El Mundial de Fútbol Argentina 1978 fue otro ejemplo de la manipulación dictatorial sobre el deporte. El llamado Ente Autárquico Mundial 78 fue creado para lavarle la cara a un régimen que violaba derechos humanos y, por ello, gastó tanto en dicha Copa del Mundo que la deuda externa argentina aumentó significativamente.
Como lo contó el documental Mundial 78, la historia perdida, se daba una paradoja: mientras el país celebraba, los familiares de los desaparecidos lloraban por sus seres queridos y por la indiferencia de la nación. Tal como lo señala Clarín:
Del otro lado, el mejor ejemplo de la contradicción profunda que atravesaba a la sociedad es el relato de Estela Carlotto, presidenta de Abuelas, contando cómo sus familiares festejaban los goles de Argentina mientras ella y su esposo lloraban por su hija y su nieto desaparecidos: “Mientras ustedes gritan, se apagan los gritos de los torturados y asesinados”, recuerda que les reprochaba, quien hoy sigue buscando a su nieto Guido, nacido en cautiverio en junio de 1978.
Hoy, con las distancias que los separan, otro espectáculo deportivo se inicia en otro país que vive una dictadura. Y no cualquier dictadura, pues, acorde a los tiempos, Hugo Chávez es un personaje mediático. Y, como todos los dictadores, querrá aprovecharse de la fiesta del fútbol para acallar las voces nacionales e internacionales que rechazan su creciente autoritarismo, sobre todo en lo que respecta al control de los medios de comunicación.
Ojalá sean los goles de Messi, Rafa Marquez y Pizarro, las jugadas de Farfán, Forlán y Robinho las que cubran los titulares y no las ínfulas bolivarianas de un dictador que intenta lavar la cara de un régimen cada vez más impresentable.
La última portada de Caretas refleja a las claras el verdadero significado del chavismo: una dictadura gorila que no duda en cerrar medios de comunicación, en acusar de golpistas a los medios de comunicación y en pretender reducir las alternativas latinoamericanas al alineamiento con Washington a una sóla: él mismo.
Chávez ha acogido con fruición los viejos manierismos, fobias y resentimientos de un sector de la izquierda que había quedado sin referentes desde la caída del Muro de Berlín. Elementos que son lo más deleznable de un sector que dice luchar por la igualdad y la solidaridad de los pueblos del mundo, pero que terminó siendo un real y absoluto fracaso, por carecer justamente de una condición necesaria - aunque no suficiente para que funcionen los países: las libertades.
En eso se asemejan los dictadores que se proclaman de izquierda con los facistas o los autócratas más tirados a la derecha: desprecian a la democracia, creen que regalando cosas a la gente solucionan sus problemas, consideran a los derechos humanos como una cojudez o los subordinan a los “sagrados intereses del pueblo”, de los cuales, claro, son únicos e imprescriptibles intérpretes.
Chávez dice representar a un sector de justicia social y muchos que aplaudieron a Castro - otro dictador que ha convertido a Cuba en una verdadera isla - ahora corren a estrechar la mano de Chávez. Periodistas que antes tenían su vista en La Habana como ejemplo, ahora ven a Caracas como su ejemplo a seguir. Y para tratar de salvar su imagen dicen que “está luchando contra el imperialismo de los medios de comunicación” que todo lo manipulan. ¿Expropiar medios de comunicación es la forma de luchar contra lo que denuncia? No, pues en el fondo lo que hace es controlar la información, misma acusación que hace a sus opositores.
La izquierda busca la justicia social y la igualdad, no la imposición de la barbarie o la restricción de las libertades. La perversión chavista está haciendo lo mismo por esos ideales, que lo que Fujimori hizo con las libertades económicas. América Latina no se merece esta verguenza, como tampoco la pusilanimidad de sus presidentes, que no condenan a un dictador de manera abierta, por un puñado de petrodólares.