Archivo de la Categoría “competitividad”


Como se esperaba, hoy el Senado de Estados Unidos aprobó el TLC con el Perú, último paso necesario para el inicio de su implementación en el Perú.

El acuerdo, más que una panacea, constituye la oportunidad para que el país emprenda reformas de fondo con mira a una mayor competitividad. Ello no solo implica una mayor inversión en infraestructura - sea por via directa o a través de concesiones -, sino también una mayor inversión en las áreas sociales (educación sobre todo) y una mejora en el sistema de administración de justicia. Pero también implicará la necesidad de compensar a los sectores agrícolas que puedan verse perjudicados con la medida.

A pesar que yo nunca estuve a favor del “sí o sí” o que vi demasiadas demoras al inicio de este gobierno, se debe reconocer tanto a Alejandro Toledo como a Alan García, así como a los ministros Alfredo Ferrero y Mercedes Araoz, los méritos correspondientes a la aprobación de un tratado que, no nos olvidemos, es un instrumento de políticas públicas y no una política pública en sí misma.

Y ahora, a comenzar a implementar los cambios necesarios.

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Ayer la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó, por unanimidad, el Acuerdo de Promoción Comercial Perú - Estados Unidos (TLC). Luego de esta votación abrumadora, se da por descontado la aprobación del tratado en los plenos de la Cámara de Representantes y del Senado estadounidenses.

Si bien varios en Palacio de Gobierno y en Stanford deben estar celebrando la noticia, es momento de reflexionar sobre las implicancias de este acuerdo, sobre todo para quienes han (hemos) apoyado el TLC - en mi caso, con matices - y no conocen bien las reales implicancias de lo que viene.

Un Tratado de Libre Comercio es un instrumento - y remarquemos bien este carácter, pues muchos creen que es un fin en si mismo - destinado fundamentalmente a incentivar dos cuestiones básicas de la economía: una mayor oferta de productos de calidad hacia los consumidores y la posibilidad de exportar a mucho menor costo diveros tipos de productos. En teoría, estos dos temas deberían repercutir directamente en la generación de empleo y el incremento del mercado interno.

Sin embargo, también es necesario mencionar que habrán desventajas para ciertos productos agrarios, por lo que es necesario establecer dos tipos de política. Una de compensaciones, destinada a paliar los efectos inmediatos de la apertura comercial y otra de desarrollo agrario, concentrada en la mejora de la productividad y la reconversión de cultivos en áreas no competitivas, tomando en cuenta los diversos pisos ecológicos que tiene el Perú.

Para que el TLC tenga la repercusión esperada, es necesario establecer tres tipos de enlace.

Un primer enlace tiene que ver con el tema más urgente del país: la lucha contra la pobreza. Quizás el MINCETUR deba leer el balance hecho por la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza que, como señala Beatriz Boza, da una mirada global a lo que es un problema generalmente percibido desde aspectos segmentados.

Un segundo tema tiene que ver con algo que ya hemos comentado antes en este blog: la competitividad. Si bien existe un Plan Nacional de Competitividad, este aún no es asumido como una política de Estado, a pesar que su autora principal, Mercedes Araoz, es parte de este gobierno. Se perdió demasiado tiempo con Hernando de Soto y podríamos pagar las consecuencias de no iniciar la aplicación de este plan a su debido tiempo.

Finalmente, como lo ha mencionado Augusto Alvarez Rodrich, la adopción del TLC puede ser la oportunidad para que este gobierno haga reformas en áreas que, a la vez, garantizan derechos de los ciudadanos y fomentan la inversión: justicia, seguridad ciudadana, educación y reforma del Estado.

Sin duda, una oportunidad importante se nos presenta. Dependerá del gobierno si la aprovecha o no. Y tal vez el Congreso deba ocuparse de esto, antes que pensar en como evadir sus mecanismos de fiscalización sobre los sueldos.

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Nuevamente las posiciones extremas sobre el TLC se han puesto de manifiesto a raíz de la iniciativa de Ollanta Humala de enviar a Estados Unidos un grupo de congresistas del Partido Nacionalista para que expliquen su posición contraria al Tratado de Libre Comercio.

Por un lado, Humala sigue empeñado en la cantaleta de que un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es perjudicial per se y quiere hacer todo para que no se firme. La oposición parte de dos premisas básicas: a) una supuesta defensa de intereses nacionales (es decir, dale compensaciones a todos, al igual que los gringos se las dan a su productores) y b) un complejo de inferioridad frente a los Estados Unidos, reflejado en el hecho de pensar que, de todas maneras, todos perderemos con el Tratado.

Por el otro, voces como las de Cecilia Valenzuela, que defienden ardorosamente la firma del TLC “sí o sí” (curioso, cuando Toledo lo decía, varios lo cuestionaban y ahora lo repiten), señalan que la iniciativa de Humala es totalmente antipatriótica y lesiva a los intereses nacionales.

Particularmente, creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Comienzo por el último punto de vista. Creo que Humala y sus muchachos nacionalistas pueden expresar su punto de vista si así lo desean. No veo problema en ello. Y no lo percibo así porque considero que la discusión central - y así lo debe haber percibido García en su gira por Washington - no toma en cuenta los puntos de vista de los peruanos, sino que se convierte en un pleito gringo. Como lo señala Silvio Rendón, la presencia de los nacionalistas termine por causar el efecto contrario, es decir, gringos asustados por tener un país más sumado al grupo de Chávez y terminen firmando el TLC. Esas bravatas al estilo “no toquen esto que nos va a ser daño” son contraproducentes, tanto por antidemocráticas como por levantar la imagen de alguien que está dando tumbos en la política peruana.

Pero creo que Humala también está errado. Considero que no haría la misma bulla frente a este TLC si es que la contraparte fuera China, la Unión Europea u otro país (salvo Chile). Y creo que también exagera los efectos negativos del TLC - que existen, tampoco vendamos sebo de culebra a la gente - de la misma manera como desde la otra orilla exageran sus efectos positivos, como si el Tratado fuera el único instrumento de política económica que tenemos. Pienso, además, que el acuerdo comercial supone una gran oportunidad, no solo de aumentar nuestras exportaciones, sino también de elevar nuestra productividad y competitividad como nación.

Y es allí donde Humala debería enfocar sus baterías opositoras: ¿Qué hace el gobierno para reducir el impacto negativo de los sectores perdedores con el TLC? ¿Qué hace Hernando de Soto con el famoso “TLC hacia adentro” tan mentado? ¿Sacarán de la gaveta el Plan Nacional de Competitividad que nos permitirá aprovechar mejor las ventajas del libre comercio y no convertirnos en una economía de maquilas?

Soy de la opinión que el TLC es una importante herramienta para el desarrollo, pero también tiene varios problemas que afrontar. Que se termine de firmar dependerá de lo que pase en Washington las próximas semanas. Que lo aprovechemos dependerá de los peruanos y de las políticas que hagamos para ello. Desafortundamente, como en otras cosas, veo improvisación en Palacio de Gobierno sobre esta materia.

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