LOS FANTASMAS BAJO LA ALFOMBRA
Escrito por: jgodoymejia en Agustín Mantilla, Alan García, CVR, Carlos Iván Degregori, comando Rodrigo Franco, conflicto armado interno, derechos humanosPocos artículos, en los últimos tiempos, han resultado tan lúcidos como el que hoy ha escrito Carlos Iván Degregori en Perú.21. Bajo el título de La Paja en el Ojo Ajeno, el ex miembro de la CVR ha desarmado los argumentos esgrimidos por Alan García en su desaforada defensa de Francisco Morales Bermúdez. En otras palabras, y en castellano puro y duro, lo ha desasnado en materia de historia de las masacres ocurridas en el siglo XX.
En general, el discurso gubernamental sobre los derechos humanos denota una mezcla de desprecio, discriminación e ignorancia, que a estas alturas del partido, más que desafortunada, parece intencional. La frase de Alan que Degregori resalta es realmente sintomática del “pensamiento García” en materia de derechos de los ciudadanos:
“Tenemos que evitar que se crea allá en Europa, que el Perú es una republiqueta bananera, de hutus y tutsis que se asesinan totalmente”.
Pero García, no lo olvidemos, no puede argumentar ignorancia. Su primer gobierno estuvo enmarcado, en buena parte, por las causas, hechos y secuelas del conflicto armado que vivió el país entre 1980 y 2000. Y, tal como lo dijo la CVR, y parece olvidar la selectivamente amnésica memoria presidencial - lo que parece ser defecto contagioso de otro ex gobernante, hoy en prisión - es que el APRA fue el partido con la mayor cantidad de militantes muertos durante ese periodo. Ni siquiera ese hecho del martirologio aprista - y vaya que los compañeros saben de persecusiones -, el que costó más muertos que la propia rebelión de Trujillo en 1932, es reivindicado por el ahora adalid de la mano dura. Ese dato, del cual apenas se acordó en su último mítin de campaña en primera vuelta - lo recuerdo, pues estuve allí, soplándome semejante aconecimiento -, refleja el nivel de violencia que vivió el país durante muchos años, del cual pretende fingir desconocimiento.
Sin embargo, poco a poco, el país se lo viene recordando, sobre todo, en relación con hechos que quedaron poco claros de la actuación gubernamental entre 1985. La semana pasada, la Sala Penal Nacional anunció que se vienen los juicios contra los militares involucrados en hechos violatorios de los derechos humanos ocurridos durante el Aprocalipsis. En esos casos - Accomarca, El Frontón y Cayara - García será llamado como testigo. De dichos casos, El Frontón es el que más problemas le trae, dado que, a pesar que no se ha demostrado fehacientemente su responsabilidad penal, su responsabilidad política es gravísima. A ello se suma las lógicas suspicacias por algunas resoluciones judiciales bastante convenientes para algunos. Bien lo dice el conocido refrán, “la mujer del César no solo tiene que serlo, sino parecerlo” y ese tipo de “ayuditas” procesales le cuestan más caro, a la larga, a quienes pretenden salir limpios de estas acusaciones.
Pero en los últimos días, otro fantasma más, este sí más directo, se destapa judicialmente. Como ha informado La República, Agustín Mantilla ha sido acusado por ser el máximo responsable de un comando paramilitar, que tomó el nombre de un martir aprista, y perpetró varios crímenes reconocidos incluso ante instancias internacionales.
La acusación fiscal apunta a lo que la Comisión de la Verdad y Ricardo Uceda han sostenido: la existencia de un grupo conformado por Mantilla para hacer operaciones de inteligencia y ejecuciones extrajudiciales. Una suerte de mini-Colina, pero cuyas motivaciones reales deben esclarecerse. De hecho, será interesante dilucidar si esto fue una iniciativa de Mantilla - propia o por órdenes de alguien - o si nos encontramos ante algo que preparó el propio partido como iniciativa para contrarrestar las muertes que le generaba Sendero Luminoso. De hecho, Jesús “Chito” Ríos admitió ante Rosa María Palacios que se generó un grupo de inteligencia del partido, labor que, como le dijo RMP, no era parte de lo que debía hacer un grupo político, ni siquiera en esas situaciones.
Lo que los apristas y el Presidente de la República no se percatan es que la actitud de omertá - es decir, silencio al estilo mafioso - que Mantilla ha tomado frente a este caso, a pesar de las evidencias, los termina perjudicando. Como escribió Marco Sifuentes hace un tiempo:
Yendo al fondo del asunto, lo primero que vale la pena resaltar es la visión martirológica que los compañeros tienen de Mantilla (”¡Agustín no es leproso!” corean). ¿Cuál es el mérito que le ven? ¿Callarse la boca sobre el Frontón y ocultar de quiénes eran los US$ 2 millones que le encontraron? Ojo: no es que crean que es inocente. No. Lo que valoran es que no haya “echado” a sus compañeros.
Volviendo al inicio, al final de su artículo, Degregori da una sentencia bastante lúcida, que resume la conducta de todos estos personajes sobre los derechos humanos:
Moraleja. Muchas veces son civiles más papistas que el Papa los que impiden que tengamos unas Fuerzas Armadas y una Policía Nacional modernas, subordinadas a un poder democrático y aptas para cumplir con estándares que ojalá se consoliden en el siglo XXI. Aunque algún malpensado pueda argumentar que la irritación presidencial y el blindaje a Morales Bermúdez, más que arrogancia, revelan una prudente cura en salud.
Por lo que vemos, ser malpensado no parece ser un mal en estos tiempos.
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