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La famosa patadita de Alan. Pocos en Alfonso Ugarte lo recuerdan ahora, pero fue dada en medio de un Paro Nacional coorganizado con la CGTP, en 2004. Ya que era época de la Copa América, me acuerdo de los carteles de la estrella reggeatonera del APRA pateando una pelota bajo el mensaje Métele un gol al mal gobierno.

Tres años después, ya con Alan en Palacio, este es el discurso:

Ahora bien, se anuncia para el día 8 una movilización o una paralización por sectores extremistas, por sectores comunistas y por la CGTP, la entidad de algunos sindicatos.

Yo pienso que el Perú no quiere paralizaciones ni violencia, yo pienso que el Perú quiere orden y trabajo; y estoy convencido que la mayoría de la población sabe que, a pesar de los problemas que son de larguísimo tiempo, el Perú va por buen camino, se le respeta y se le reconoce internacionalmente.

¿Porqué empujar una huelga, por orden internacional, por orden política, por consigna política?

Yo estoy seguro que son las dirigencias solamente, ¿porqué?, por consigna política, por pertenecer a grupos extremistas, porque no se resignan a que el pueblo no les de la razón en las últimas elecciones y entonces pretenden mediante paralizaciones, bloqueo de pistas, violencia, hacer que les den aquello que el pueblo no quiere darles.

(Extractos de la Declaración al País del señor Presidente de la República, 5 de noviembre de 2007)

El Presidente hace alusión a la Segunda Jornada Nacional de Lucha convocada por la CGTP para el día de mañana, y que ha desatado las iras santas del gobierno, que a través de sus voceros ha manifestado, palabras más, palabras menos, lo que Alan señaló el lunes en la noche. Incluso se ha hablado de respuestas políticas y marchas alentadas por la central sindical afin al APRA, la CTP.

Aquí el gobierno comete dos errores serios. El primero es volver a satanizar las protestas. Si la gente está descontenta - y vaya que en el país hay motivos para estarlo - tiene el legítimo derecho de manifestarse en contra de aquello que le parece inadecuado o erróneo en la política general del gobierno. Claro, las protestas deben guardar el respeto a los derechos fundamentales y a la propiedad privada y, en ello, en honor a la verdad, las últimas movilizaciones de la CGTP han sido bastante respetuosas de ambos aspectos.

El segundo es darle mayor peso político a una movilización que, en verdad, no tiene tanto impacto político como el gobierno y los organizadores de la protesta pretenden darle. Las convocatorias a estas Jornadas Nacionales de Lucha, con reivindicaciones maximalistas en el terreno económico, hace varios años que vienen siendo rutinarias, antes que verdaderos golpes de timón en la variable política. Y, de otro lado, el poco aggiornamiento de las centrales sindicales convocantes le restan peso a estas movilizaciones, con las cuales pocos terminan sintiéndose identificados, más que por las cuestiones laborales, por quienes encabezan la primera línea de las marchas.

Así, el gobierno termina creándose un enemigo ficticio y sobredimensionado, el cual, a su vez, se ve sobrerepresentado por este tipo de actitudes. Y ello no ayuda nada a los cambios que unos y otros - tanto para gobernar como para mejorar sus modos y plataformas laborales - deben emprender.

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Si hay una ofensa realmente grave en política, es que te llamen traidor a la Patria.

Lamentablemente, como muchas procacidades, es bastante repetitiva en estos tiempos. Sobre todo en lo que se refiere a un tema tan sensible como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Durante todo el tiempo de negociación, gente de los gremios agrarios, izquierda radical y del Partido Nacionalista llamaron traidor a la Patria a todo aquel que exponía las bondades del TLC.

El jueves, en un exabrupto verbal clamoroso, Susana Pinilla, Ministra de Trabajo, llamó traidores a la patria a los dirigentes de la CGTP que se entrevistarían durante esta semana con una delegación de congresistas demócratas para decirles una verdad a gritos: en el Perú no se respetan las normas laborales. Y claro, ahora la CGTP amenaza retirarse del Pacto Social por este exabrupto.

Creo que ambas posturas siguen confundiendo las cosas. No puede existir un pensamiento único sobre el TLC por dos motivos. El primero, es que cada quien tiene su propia concepción del modelo económico. El segundo, es que sí van a existir sectores perdedores del Tratado, a los cuales debe atenderse. Claro, de lo que tienen que darse cuenta ambos es que el TLC tiene un capítulo laboral que merecería ser alabado por los sindicatos y que pone obligaciones al Estado y a los empresarios que deben cumplir.

Siempre he dicho que mucho de la oposición al Tratado de Libre Comercio es ideológica o basada en el terror-pavor-oposición que se tiene a Estados Unidos en algunos sectores.

Pero también creo que decir a ciegas que el TLC va a ser la panacea es una reverenda tontería. Solo será bien aprovechado si tenemos una agenda interna clara (por cierto, ¿que fue del llamado TLC “hacia adentro”?) o aplicamos el engavetado Plan Nacional de Competitividad.

Con comentarios como estos, los radicales de uno y otro lado son los que ganan. Sin embargo, las mejoras para los exportadores y para los sectores que podrìan perder con el TLC siguen durmiendo el sueño de los justos.

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