
Por Roberto Bustamante me enteré que Caretas había sacado su propia versión y comentarios sobre la censura que el Instituto Nacional de Cultura había hecho a Piero Quijano. Por lo que salía en su blog, la revista de Zileri aparecía como autoritaria y militarista.
He podido revisar el comentario completo de Caretas (que ustedes pueden chequear haciendo clic en la imagen) y tengo una opinión sobre ello. A mi modo de ver, creo que habría que diferenciar dos momentos diferentes en esta cuestion: los errores de percepción de Caretas sobre este tema y su posicion frente al conflicto armado.
Sobre lo primero, Caretas se compra completita la versión del INC sobre lo que ocurrió. Como sabemos, comunicado oficial mediante, la institución encabezada por Cecilia Bakula pretendió echarle el pato a Armando Williams - el ex director de la Casa Museo Mariátegui - sobre el tema. Tampoco dice nada sobre el aval de Alan Garcia, Jorge del Castillo y Allan Wagner a lo que la propia Secretaría de Prensa de Palacio de Gobierno reconoce como una censura. Más que amigos de los milicos, es por amistad con Alan, no por presión de una bota. Basta recordar lo que dijo Gustavo Gorriti en su libro La Calavera en Negro:
“¿Qué periodista no quiere un acceso así con, primero, el candidato favorito y después el Presidente de la República? El problema es la pregunta inversa: ¿qué presidente no quiere un acceso asì con el director de uno de los medios más influyentes? Y el otro problema es que entre adolescentes, sean precoces, puntuales o tardíos, la amistad y sus lealtades es lo más importante. Claro que Zileri - gran periodista antes que nada - no dejó de criticar a García cuando fue indispensable hacerlo, pero aun entonces se sentía la tensión del amigo forzado a critica a quien te ha dado su amistad y confianza.
Esa amistad le hizo bien a Garcìa, pero no a Caretas. Me imagino que Zileri no estará de acuerdo con lo que digo, pero en este asunto creo que, entre los veteranos de la revista, su director está en minoría absoluta. Pocas cosas tan nobles en la vida como la amistad y la lealtad a ella, pero me temo que esa nobleza puede convertirse en peligro cuando se introduce en la relación entre la prensa y el poder”
Tal parece que dichas costumbres no cambian. Y esto ha llevado a la revista a una posición que considero lamentable en un medio que siempre se jactó de defender la libertad de expresión. Por cierto, queda un mal sabor cuando gente que no tiene un ápice de izquierdista como Ricardo Vásquez Kunze, Pedro Salinas o Mario Ghibellini han defendido el derecho de Quijano a montar su obra sin la censura estatal (y el aval presidencial). Y es que, como lo ha dicho Augusto Alvarez Rodrich, este es un tema de libertades y derechos fundamentales.
Con respecto al segundo punto que apunta Bustamante, sobre una presunta posición de la revista en contra de los derechos humanos, cabría recordar que Caretas fue de los pocos medios que dio una cobertura seria al trabajo hecho por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en la que no hizo caso de los ataques, intrigas y prejuicios de las que políticos y otros medios de comunicación tuvieron. Además, durante los años de violencia, sus periodistas y su director tuvieron el coraje para tomar denuncias sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado, sin dejar de condenar enérgicamente a Sendero Luminoso y al MRTA.
El párrafo que al Morsa le llama la atención es el siguiente:
Caretas consiera que asumir una actitud antimilitar cuando se defienden los derechos humanos no es una buena idea, porque esa postura “progre” atenta contra la credibilidad de los procesos que se deben llevar a cabo para castigar severamente a quienes cometieron excesos
Sin embargo, creo yo que ese pàrrafo debe leerse conjuntamente con el siguiente, que dice así:
Lo dice una revista que siempre ha sido enfática en denunciar a criminales con o sin uniforme, que durante la dictadura militar fue perseguida y clausurada, y que hoy mismo está directamente vinculada a un caso en el que contribuye ante la Sala Penal Superior con su testimonio a inculpar a 3 oficiales que operaron en Huanta hace 19 años.
La referencia fue al caso de Hugo Bustios, que Caretas cubrió en las ultimas 3 semanas y en el que se dictaría sentencia antes de Fiestas Patrias. Fue investigado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y por la CVR.
Creo que Caretas acierta en señalar que muchas veces se asume una postura antimilitar desde algunos sectores de la comunidad de derechos humanos, lo cual resulta contradictorio sobre lo que señaló la CVR, que fue clara en señalar que no habìa una responsabilidad de la institución como tal, pero si en que estos crímenes fueron, en algunos lugares y momentos, prácticas sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos.
El dibujo de Piero Quijano es ciertamente polémico. Pero nunca debió ser objeto de una censura, sino de un debate profundo sobre lo que fueron los años de violencia. Como lo conversaba con algunas personas en las últimas horas, desafortunadamente para las Fuerzas Armadas, este tipo de actitudes censuradoras abona a favor no de quienes quieren reconstruirla sino que desaparezca. Y yo me encuentro entre quienes piensan que es una institucion necesaria - no tutelar - en el pais. La propia CVR fue partidaria de hacer las distinciones del caso y de hacer el reconocimiento a los héroes militares y policiales, que los hubo en más de un millar de fallecidos y centenares de heridos y discapacitados.
Finalmente, habrá tener que tener paciencia con esto de los términos frente a lo que ocurrió entre 1980 y 2000. Yo procuro usar los terminos de la CVR, que me parecen los más técnicamente exactos, y ese ejemplo va a ir comenzando a cundir. Creo que el aprendizaje y el reconocimiento de responsabilidades aun tardará un tiempo, como ha ocurrido en otros procesos similares.
MAS SOBRE EL TEMA:
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