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Recorriendo la ciudad entre 8:00 p.m. y 1:00 a.m. de un sábado en la noche

Sabado, minutos antes de las 7 p.m. Mando un mensaje a un amigo con el que nos ibamos a reunir a tomar unas chelas el sábado. La respuesta a mi mensaje, “ya fue“. Entro a un compromiso que tenía en La Molina. Termina. Salgo de allí y me dirijo a Barranco, donde aún había quedado con otro pata para el mismo plan chelero.

7:25 p.m. aprox. Altura de la Vía Expresa, llama mi otro pata para cancelar. Ya estaba montado en el taxi y no iba a hacer perder al hombre que se gana la vida en el volante la carrera, asi que decidí ir a Barranco, a ver que se me ocurría hacer.

7:45 p.m. Luego de dar una vuelta por el Puente de los Suspiros y por el Parque Municipal, decido enrumbar a Miraflores. A pesar que tenía dinero suficiente como para pasar una buena noche, decidí caminar. La ruta: Av. Grau hacia Larco Mar.

8:05 p.m. Veo por primera vez abierto el Metro de Barranco. Ha sido edificado en el antiguo mercado municipal y conserva la fachada histórica. Claro, me acuerdo en ese momento que Barranco es “zona monumental”. Durante el camino he ido viendo varias casas antiguas, algunas bien conservadas, otras no tanto. Me pregunto, ¿cuándo será el día en que revaloricemos todo el legado histórico de nuestra ciudad?

8:15 p.m. Hago mi primera parada en una cabina de Internet. Veo si hay novedades en el correo para algún plan. Cero Balas. Reviso los diarios. Salvo una noticia del inicio del Plan de Reparaciones, nada importante. Mando un par de correos a gente de la oficina, para que el lunes estemos atentos sobre el tema.

8:25 p.m. Al frente del Estadio Galvez Chipoco, se suscitan dos sucesos contrastantes. Al frente de la puerta, como ya es costumbre, varios hombres festejan el final del partido - y la clasificación de Perú a la segunda ronda del sudamericano sub 17 - consumiendo cantidades industriales de Pilsen, Cusqueña, Cristal y Brahma. Música de fondo: salsa. A 150 metros, en la cuadra siguiente, un velorio en una casa, veo las coronas de flores y me persigno. La celebración de la vida y la resignación ante la partida, a pocos pasos, en el mismo escenario.

8:40 p.m. Paso por la Iglesia de Fátima. Como es costumbre en ese día y a esa hora: Matrimonio. Mientras los contrayentes están atentos a las palabras del sacerdote y los asistentes espectan emocionados el acontecimiento, el chofer del Mercedes Benz contratado para la ocasión duerme a pierna suelta en el auto.

8:43 p.m. Llegada a Larco Mar. El ambiente, como de costumbre: harta gente comiendo, viendo el mar, paseando por las tiendas. No hacía mucho viento. Fui a ver un rato el mar y contemplar el horizonte de una Costa Verde que debería ser como Copacabana pero a la que le hemos dado la espalda. Extraño las luces de la cruz de Chorrillos que ya no se contempla, pero diviso el malecón de Barranco con sus nuevos edificios y los autos pasando por la autopista. Una banda de payasos se da la vuelta por el Centro Comercial, tocando sus instrumentos, mientras que un grupo de seminaristas conversa con un sacerdote en uno de los cafés al pie del mar.

8:50 p.m. Larco ya no es la avenida agitada que dio origen a la célebre canción de Frágil, hace casi 26 años atrás. Sin embargo, sigue siendo concurrida, al igual que sus cafés y tiendas. Publico de la hora: señores de más de 50 años transitando, jóvenes que comenzarán la juerga en algunos minutos, familias enteras paseando.

9:05 p.m. Diagonal es una de las avenidas que suscita mis primeros recuerdos de niñez. Mi primer intento de aprender a nadar lo hice en la piscina del Champagnat, a los 3 años. Mi abuela me llevaba por esa calle hasta llegar a San Ramón, la célebre calle de las pizzas, donde estaba la entrada a la piscina. Hoy el Champagnat ya no está ahí, aunque queda el local, pero permanecen otras cosas: la calle de las Pizzas, el Haiti abarrotado de gente, la gente haciendo cola para ir a El Pacífico y claro, símbolo de los tiempos, Mc Donald’s repleto.

9:10 p.m. Entre la disyuntiva de chapar combi (para los no peruanos: esto significa abordar un vehìculo de transporte público) hacia Surco, para seguir por allí con la caminata y buscar algo de comer, el hambre y la curiosidad me motivan a ir por Pardo hacia Comandante Espinar.

9:30 p.m. Segunda parada: Pasquale Hermanos, la sanguchería del célebre Gastón Acurio, que pisaba por primera vez. Hice mi colita de 5 minutos para pedir un sanguche de chicharrón, que hace tiempo no probaba. No estuvo mal, pero tampoco fue extraordinario. Las yuquitas fritas si están espectaculares. Mensaje para Gastón: El local está bien, pero el segundo piso es algo chico. Va buena cantidad de gente, más aún a la hora en que yo llegaba.

10:00 p.m. Vuelta por Crisol, a ver que novedades en discos y libros hay. Comienzo por ver las curiosidades musicales: me detengo a ver novedades en MPB (Musica Popular Brasileña), Rock Clásico y World Music. Luego paso a ver lo último que ha llegado en libros sobre Perú Actual. Mientras reviso un libro sobre la evolución de la visión sobre la mujer en el Perú, a mi costado, el congresista aprista César Zumaeta revisa las últimas publicaciones del Instituto de Estudios Peruanos. Luego, paso al recomendado del día: Carlincaturas. Realmente delicioso. Mientras me dirijo a la sección de libros de historia y sociología, veo una cara conocida. Luego de revisar libros por 10 minutos, volteo la mirada y me quedo con la duda sobre si la persona que había visto era o no Rosa María Palacios.

10:40 p.m. Salgo de Crisol y a la salida, en Urban Café, veo a Cattone cenando con su asistente personal. Informal, pero siempre se viste bien el conocido director de teatro. Continuo camino por Conquistadores.

11:05 p.m. Voy por Juan de Arona. Como no quiero ir hoy a casa de mis primos, a los que veré durante esta semana, cambio de rumbo y me dirijo hacia la avenida Aramburu. El ritmo de vida y la cantidad de personas es mucho más sosegado que por las calles que he recorrido durante más de tres horas. Paso el puente de Aramburú con la Vía Expresa mientras 3 chiquillos que venden caramelos cantan en la esquina. Sorprendentemente, no se detienen a venderme nada.

11:10 p.m. Aramburú tiene locales de comida de diverso tipo. Al frente del local de la Comunidad Andina, se instala una pick up en cuya tolva se halla una parrilla sanguchera, y un cartel con el nombre de “Sanguches Aramburú”. Público objetivo: taxistas. Una cuadra más adelante, un chifa más bien familiar. Tres cuadras más allà, local de caldo de gallina y chifa más amoblado. Publico objetivo: noctámbulos, solitarios, parejas y efectivos policiales de la DINANDRO, que se encuentra a pocos metros.

11:35 p.m. Pasando Aramburú y República de Panamá, encuentro, en un lugar bastante escondido, un Starbucks. La verdad, el último lugar donde lo hubiera imaginado. A 50 metros, comienza una constante en lo que queda de periplo, carros con música a todo volumen y gente tomando en la calle. Al costado, en una licorería más o menos grande, los amigos del dueño de la misma, entre 25 y 30 años, se matan de risa con los últimos minutos de El Especial del Humor.

11:50 p.m. Transito entre San Isidro y San Borja. La zona de Corpac, donde me encuentro con mayor frecuencia el mismo panorama antes descrito. A ello, añádanle dos o tres hostales con por lo menos 10 a 12 vehículos estacionados en sus afueras. Si a ello se suma la venta de alcohol en los grifos, a horas en que ambos distritos lo prohiben, digamos que estamos en lo que un pata denominaría Tijuana, donde todo puede pasar.

12:05 a.m. Primavera Park & Plaza. Hago una parada técnica aquí. Ya no hay los locales de hace unos dos o tres años, donde alguna vez acudí a tonear. Solo están abiertos los locales de comida, incluyendo el Pardo’s Chicken.

12:20 a.m. A 20 metros de la esquina de Angamos con Caminos del Inca están estacionados un vehículo de serenazgo y una combi de la Policía Municipal de Surco. ¿Motivo? Estar atentos a lo que ocurría en el mini boulevard que se ha formado allí, con por lo menos 6 locales de expendio de bebidas alcohólicas, poblado de chicos entre 18 y 21 años, en su mayoría. Aunque estaba con sed, decido no tomar asiento en alguno de los locales - ni siquiera en el que había más gente por arriba de los 21 años - y me dirijo al grifo a comprar una gaseosa. Allí, en sus inmediaciones, habían dos grupos de chiquillos que ya estaban hechos con el alcohol. No se porque, pero la tonadita de una canción de Bacilos (”será que me estoy poniendo viejo”) comenzó a sonar en mi cabeza.

12:55 a.m. Llego al Tercer Piso. Cansado pero satisfecho por la caminata larga. Me permitió ver una Lima que generalmente no veo. Curiosamente, no había ningún suceso policial de por medio, lo cual me hace ver que esta ciudad, a la que a veces detestamos con ganas, también tiene su lado positivo. A pesar de los problemas, la gente se divierte y, bueno, es una manera de sobrellevar la carga de la semana.

Veremos que nos depara nuestra siguiente aventura urbana.

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