Archivo de la Categoría “Beto Ortiz”


Aunque estaba en un canal de antena fría, el programa de Beto Ortiz había logrado una significativa audiencia para los estándares del canal donde se encontraba. Incluso, en algún día, ¡Càllate, Beto! le ganó a La Ventana Indiscreta.

Ayer, que no vi programas a las 11 p.m., un amigo me aviso que el programa de Beto no había salido al aire. Me parecía raro, dado que era el rostro que más rating le daba al 11.

Sin embargo, hoy Correo da las razones: el único auspiciador del programa, el diario Expreso, presionó para cerrarlo. ¿El motivo? Unas declaraciones de Ortiz, en un programa de la semana pasada, en la que señaló que no compartía la línea editorial de Expreso. Y con la tolerancia que lo caracteriza, García Miró pidió la cancelación.

Mala suerte ha tenido Beto este año. Primero lo saca Genaro por un reportaje y ahora el diario más reaccionario del país lo deja sin chamba.

Ojalá los 4 integrantes de su equipo no tengan que volver a pasar por esto:

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Ayer, mientras leía el Perú.21 camino a la oficina, recordaba un polémico post de hace un par de añitos, referido a una campaña para que Plus TV tuviera en su programación menos “blanquitos” presentando los programas. Cuestioné en aquel momento dos cosas - más allá de la buena y loable intención de sus organizadores: el hecho de que dicho canal tenga una propuesta relativamente variada de entrevistados dentro del segmento al que está dirigido y, además, la recurrente fijación sobre los lugares de diversión pública, dejando de lado otras manifestaciones de racismo en el país.

Felizmente, me escucharon y un operativo como Empleada Audaz causó el impacto deseado en la opinión pública, sensibilizando a muchos sobre los malos tratos que reciben las empleadas del hogar en nuestro país.

Pero ayer sentí, como les decía, una sensación de Deja Vu cuando leía Perú.21.

Para comenzar, el editorial de Augusto Alvarez Rodrich sobre la clausura temporal de Café del Mar por discriminar su ingreso al público en base a criterios raciales. Y Augusto va a al fondo del problema en este caso, al señalar que la culpa no solo es de los empresarios que siguen estas prácticas, sino también sobre el público que asiste a estos lugares, a sabiendas que discriminan.

Y luego, en Pandemonio, en la columna de Beto Ortiz, me encuentro con que Flavio Balaguer, el gerente general de Plus TV, ha vetado una secuencia de Denise Arregui en el Jammin’ en la que el polémico conductor aparecería contando las canciones que más lo han marcado. El motivo: el mail de Denise Arregui lo explica:

Beautiful man: Alucina que en el canal me dijeron que no haga la nota contigo porque, por alguna razón, alguien no quiere poner en nuestra pantalla a figuras. ¿¿¡¡ “tan polémicas” !!?? como tú. No podía creerlo cuando me lo dijeron y, por supuesto, piteé por su ridícula censura. Le he pedido a mi productor que, por favor, haga algo al respecto para que me dejen trabajar tranquila. Mientras tanto, esperaré.

Y claro, creo que tanto Alvarez Rodrich como Ortiz tienen el legítimo derecho de pitear por este tipo de prácticas, por demás condenables. Sin embargo, sigue vigente la pregunta que hace un par de años me hice: ¿No hay otros actos de discriminación que merecen ser visibilizados? De hecho, Perú.21 lo hace a menudo, no veo porque no destacarlos tan igual como se ha hecho en dos espacios tan destacados de su diario.

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UNA CENSURA INACEPTABLE

Como saben, hace unas semanas Beto Ortiz presentó en su programa ¡Qué País! un audio en el que Vladimiro Montesinos acusó a Gustavo Mohme Seminario de ser un “topo” dentro de la oposición democrática y de morigerar los afanes opositores de La República a los intereses del asesor presidencial.

Al día siguiente, Panamericana Televisión, canal para el cual trabajaba Ortiz, se desmarcó de la denuncia, y señaló que no la creía cierta. Hasta allí, estamos ante el típico conflicto entre medio de comunicación incómodo con las denuncias de un periodista y el periodista defendiendo la nota.

El domingo pasado, a través de su columna en Perú.21, Beto denunció las presiones a las que Genaro Delgado Parker y sus hijos estaban sometiendo al periodista. El mensaje fue claro: “haz payasadas, no temas políticos”. Todo un gamonal pre - reforma agraria en acción.

Ayer sucedió lo previsible: programa cancelado, poner un refrito como relleno y la censura instaurada de nuevo en Panamericana. Claro, si Don Genaro no lo aprueba, la cosa no sale. Y Genaro no solo se ampara en que se cree el “zar de las telecomunicaciones” sino también en la impunidad de sus altos vínculos con el gobierno, más exactamente, con Hernán Garrido Lecca, como lo denunció este espacio.

Sin duda, lo ocurrido ayer a Beto Ortiz - discrepancias al margen con su estilo o sus posiciones - es algo que merece la condena de todas las personas que consideramos a la libertad de expresion como la base de la democracia.

LA DENUNCIA DE FONDO: ¿ES SOSTENIBLE?

Dicho lo anterior, veamos que es lo que se tiene sobre la denuncia de fondo: las presuntas conexiones entre Chicho Mohme y el ex asesor de Fujimori.

Hasta el momento, sólo se pueden tener indicios que ameritan una investigación, pero no una certeza de que los hechos imputados sean ciertos.

El elemento más sólido de lo hasta ahora presentado por Ortiz - en el reportaje que pudimos ver ayer en La Ventana Indiscreta - es la extraña conducta que tuvo Blanca Rosales, editora de La República entre 1996 y 1999, quien luego terminó en Cable Canal de Noticias, cuando Montesinos ya había comprado la línea editorial de ese canal a Eduardo Calmell del Solar.

De otro lado, como sabemos, la sola palabra de Montesinos o sus colaboradores no han condenado a nadie. Basta ver el caso de Martha Chávez - con quienes mis diferencias son notorias - para comprobar que los jueces buscan más pruebas que los testimonios de personas que, en ocasiones han buscado embarrar con ventilador a medio mundo.

Y quizás el elemento que nos traiga más dudas sobre la verosimilitud de la denuncia son dos hechos inobjetables:
1. La República durante la época de Gustavo Mohme Llona tuvo una línea opositora en todos los frentes: política, derechos humanos, corrupción y modelo económico. Fue el medio de comunicación que más se opuso al fujimorismo y sus denuncias no fueron simplemente “enviadas” por el SIN como ayer se pretendió insinuar.
2. La campaña abyecta que los diarios chicha perpetraron en contra de Mohme Llona durante los últimos años del fujimorato, así como los pasquines que inventaron en su contra, de nombres “Repúdica” y “Repudio”.

¿Con ello no debe continuarse con la investigación? Creo que la investigación debe continuar, tomando estos elementos de análisis que he mencionado y aquellos que puedan ir surgiendo en el camino. Y esperamos que algun medio de credibilidad - no el único que se está encargando de resaltar la noticia, con mentiras incluidas - pueda investigar a fondo este tema, al igual que el sistema de justicia. La honra de una persona y el prestigio de un medio importante están en juego.

PD: Al igual que con Beto, me solidarizo con Anuska Buenaluque, periodista de Cuarto Poder, que fue agredida por la policía venezolana mientras cubría las manifestaciones opositoras al dictador.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: Ser periodista para esto.

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Ya me imagino la cara de varios de mis amigos y su impresión (¡Oe, ponte a leer otra cosa!) con el título de este post, pero valgan verdades, Grandes (S)obras, el nuevo libro de Beto Ortiz bien vale la pena ser comentado y, sobre todo, leído.

Llegue al libro sin muchas expectativas (es más, con una amiga, prejuiciosamente, lo habíamos puesto dentro de la categoría “libros para leer en el baño“) y la verdad es que no lo pude soltar. ¿Razones? A continuación.

Aunque siempre me habían gustado las crónicas de Beto en Perú.21 - algunas más que otras - no creía aún que era hora de un antología. Ignorancia mía, porque, por razones cronológicas, no habia podido leer lo que había escrito en Caretas, Expreso (cuando aún era un diario leible), El Mundo o Vea (la célebre revista de la histórica foto de Susan León). Y en verdad, el material puesto es variado en temas, pero parejo en una buena calidad.

El estilo de Ortiz es relativamente conocido. Coloquial como él solo, una mezcla de lo que un sociólogo apodaría como “cultura combi” con un vasto background literario y, sobre todo, llega a cumplir con lo que una buena crónica debe hacer: suscitar sensaciones en el lector: rabia, ternura, compasión, sonrisa, indignación, ironía.

Algunos párrafos de muestra:

Fumar con el codito apoyado en la mano es gay. Entrar a un bar y pedir cualquier trago con sombrillita es gay, pero más gay es pedir un martini de manzana y mucho más gay aún si, encima, lo llamas appletini. Haber usado alguna vez cartuchera es gay, especialmente si era una de esas con puertita magnética y contenía borradores de aromas frutales. Subrayar con rojo es gay. Haber jugado con muñequitos musculosos y articulados es gay y gaysísimo si estos tenían la ropita intercambiable. Decir gaysísimo es gay y decir ropita, también. (Los hombres no hablan -perdón: no hablamos- en diminutivos y sus -nuestros- aumentativos terminan en ‘ón’ o en ‘azo’, jamás en ‘ísimo’). Es gay saberse la letra de la canción tema de Los ricos también lloran (”No te quiero mentir/no esperaba tu amor/porque tú no sabías amar/aprendí a llorar/aprendí a llorar/pero no aprendí a olvidarte”), pero más gay es saberse cualquier estrofa de cualquier canción de Rafaella Carrá (desde Pedropedropedropedropé hasta Explotexplotamexpló, no hay una que se salve.) Haber ido alguna vez al Bar La Sede es gay. Hablar en abreviaturas, apócopes o palabras al revés (o sea, invertidas) es gay: mi abue, tu celu, el ñoba, mi lompa, la pela, el bille, seño, veci, porfa o -¡qué disfuerzo!- porfis. Quitar las últimas sílabas a los nombres -Férnan, Javi, Fede, Gonza- es gay“.
(Todo es Gay, 28 de mayo de 2006)

“¿Por qué no lo hice, Mamarita? ¿En qué momento la cagué toda? Claro que no tiene caso que me haga reproches a estas alturas, pero tú me has pedido que te cuente cómo me sentí y así me sentí. Así me siento. Cuando estuve por fin frente a mi viejita -que es un momento que, sin exagerar, había visto en sueños tantas veces en estos años de ausencia- me detuve delante de ella con mis flores en la mano y dejé que pasaran largos segundos mirándola a los ojos con la leve esperanza de que no fuera a ocurrir lo que yo tanto había temido. Pero, por supuesto, ocurrió. No me reconoció, para qué te voy a mentir, no hizo el menor gesto de saber quién era yo, así que me limité a abrazarla largo rato. La aeromoza que empujaba la silla de ruedas se puso a llorar como una zonza.”
(Carta a Mamarita, 14 de mayo de 2006)

“Acabo de cumplir 38 años y no estoy dispuesto a tolerarlo más. Me veo en la obligación de preguntárselo al mundo de una vez por todas: ¿Hasta cuándo churchill me van a seguir cantando el pelotudo happy birthday? ¿Ah?, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo tendré que soportar ese sistemático, macabro, sadomasoquista ritual de humillación extrema? ¿No les parece mortificación suficiente el ir llenándose inexorablemente de pecas y de canas hasta en los lugares más inhóspitos y agrestes? Por lo que Dios más quiera, tengan un poco de consideración con este inminente anciano. ¿Acaso no se han dado cuenta de lo absolutamente babosos que nos vemos todos -sin excepción- cuando lo cantamos? Si me dieran la alternativa, escogería un callejón oscuro, un cargamontón, un apanado de cumpleaños pero happy birthday… nooo, motherfuckers, nooo. ¿Hace falta que lo explique?, ¿a quién se le ocurre una celebración que consiste en avergonzar delante de todos al presunto agasajado? Nunca sé qué cara poner cada vez que la entusiasta de turno me vuelve a acorralar con la condenada tortita en ristre, mientras el fuego tembleque de las velas ilumina siniestramente las miradas ebrias, las risas torvas y las caras mofletudas. Mientras los miro, mientras los oigo cantar -y, por regla general, desafinan horrible porque parecería que, en el fondo, esa es la idea- mientras los miro -decía- paralizado de pavor, me pregunto en silencio, sin dejar ni un solo instante de rezar a mi ángel de la guarda: ¿Qué indecible mal habré causado en esta vida y en las anteriores para ser ahora merecedor de este suplicio miserable? Pero sobre todo, mientras los oigo repetir hasta la náusea, happy birthday, happy birthday, me pregunto: ¿por qué cuernos me están cantando en inglés si aquí, en el Cerro San Cosme, lo que se habla es castellano?”
(Esa estúpida canción, 5 de marzo de 2006)

Recomiendo además que vean, especialmente, la crónica que Beto hace de su amigo Bruno de Olazabal, los reportajes que hace sobre los fletes del Parque Kennedy y el “Miss Universo Gay” de principios de los noventa, su preparación para ser voluntario en Mozambique y, por cierto, la desopilante pero certera crítica a la cofradía literaria local en “Clásicos de la Provincia”.

No le digan mafia, tampoco secta. Suena horrible. Es apenas un alegre círculo de regios criollitos fotogénicos y dicharacheros al que, malhaya nuestra suerte, no pertenecemos. No seamos, pues, tan igualados. Ubiquémonos. Nosotros no somos como los Orozco. Yo los conozco, son ocho los monos: Nano, Toño, Alonso, Alfredo, Willy, Pita, Balo, Iwasaki. Nosotros no somos como los Orozco. Yo los conozco. (bis).”

Grandes (S)obras no es un libro únicamente para el baño, es para leerlo en cualquier lugar de tu jato. Y eso ya es bastante en estos tiempos.

P.D.: La yapa, una venganza navideña de Beto, ya que estamos en la época:

Los mejores pediatras están de acuerdo. A un recién nacido nunca se le debe dar sopa. Partamos de allí. Estaba más que cantado que el niño no se la iba a querer comer. Y, para remate, le faltaba sal. Porque eso dice la letra: Y como estaba tan dulce, se la tomó San José.

¿A ver, organicémonos: qué es lo que estaba tan dulce? ¿El niño, la sopa o San José? Para unos papás primerizos y chochos, todos los neonatos son dulces, hasta los más repelentes renacuajos. Y digamos que esa expresión de arrobamiento del progenitor podría también ser confundida fácilmente con dulzura. ¿Pero dulce, la sopa?. ¿cómo dulce? ¿Confundieron el sillao con la esencia de vainilla? ¿Cómo dulce? ¿No sería champús, quáker con manzana, arroz zambito, leche de monjas, mazamorra de maizena? ¿Qué sopa era esa? Muy sencillo: era anush abur, tradicional sopa dulce que, desde entonces, se prepara a base de calabazas para celebrar las navidades en Armenia. Tanto tiempo cantando sin saber ni qué cantamos. Hemos vivido en la ignorancia más supina. Pero, al final, la verdad siempre se abre paso. Otro éxito del periodismo de investigación“.
(¿Quién necesita toribianitos?, 25 de diciembre de 2005).

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Beto Ortiz es, a mi entender, uno de los periodistas más talentosos en nuestro país. Se dio el lujo de convertir la nota de inactuales, ese subgénero de los programas dominicales (que ahora se ha convertido en moneda corriente), en un documento de valor social. Era capaz de burlarse del “baile del Chino” en la televisión parametrada del Fujimorismo y de combinar, en una sola emisión de su programa, los chistes de Melcochita, un apanado a Laura Bozzo y una entrevista a Szyzslo. Excesivo, kitsch por momentos, insoportable en algunas apariciones, pero indudablemente talentoso.

Durante los últimos tres años, Ortiz ha padecido uno de los juicios más absurdos que periodista alguno ha padecido en este medio. Publicó un reportaje sobre el audio entre César Almeyda (el amigote de Toledo) y el general Oscar Villanueva Vidal (el cajero de Montesinos en el Ejército) y terminó acusado por intentar negociar cintas que él difundió y que no poseía. El Proceso de Kafka convertido en acción de la vida real.

Y a ello se sumó la torpeza con la que algunos enemigos de Ortiz se encarnizaron con él. Sobre todo, Fernando Olivera, el personaje que otrora fuera paladín anticorrupción y hoy no llega ni hacer la sombra de aquel que presentara el video Kouri Montesinos. Dicha torpeza e interferencia suscitó que el Perú pasara por uno de los más recientes papelones de su historia, pues Estados Unidos - país donde habitó Beto los últimos años - lo declaró asilado político.

Hoy Beto vuelve, no solo a comparecer ante la justicia, sino a enfrentar uno de los dramas que un ser humano nunca debería enfrentar: Ver a su madre y que ella no lo pueda reconocer, debido a una enfermedad degenerativa que padece desde hace algunos años.

Ojalá este reencuentro con la familia y con el país que ama (y odia) permitan que un talentoso periodista vuelva de nuevo a las pantallas. La televisión extraña un personaje que la despeine y que la saque de esta sequedad en que parece haberse convertido la tele lorcha de cada día. Un Beto sin veto.

ENLACES:
Perú.21: Pandemonio: La columna de Beto Ortiz.
El Útero de Marita: Volvió Beto.

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