Archivo de la Categoría “Antauro Humala”


Ollanta Humala parece haber sumado otra disyuntiva a las que ya tiene en términos políticos – y que Mirko Lauer ha resumido en outsider, desaparecido o demócrata converso –: su situación judicial. Una acusación fiscal por los sucesos de Andahuaylas, en los que participó directamente su hermano Antauro, le abre otro flanco a uno de los personajes más controvertidos de la política peruana.

¿Por qué se abre una nueva disyuntiva?

Para comenzar, por que si hay signos evidentes de su, por lo menos, complacencia con una rebelión contra un gobierno cuyas credenciales democráticas – a pesar de sus errores – fueron impecables, como el de Alejandro Toledo. Declaraciones dadas a RPP el primer día del 2005 fueron más que claras, aunque luego haya querido desdecirse de las mismas. Antauro Humala amenaza con documentos incriminatorios y el delirante abogado Edmundo Inga Garay – involucrado en la cortina de humo de la presunta violación de Alejandro Toledo – señala que el líder nacionalista no debe temerle a la cárcel. Caín y Abel van a parecer niños de 5 años jugando en un nido frente a lo que va a ser un careo judicial bastante caldeado.

Un segundo tema para Humala es contemplar con qué actitud toma el proceso judicial. Por lo pronto, utiliza el viejo truco que le ha servido en su aún corta carrera política: la víctimización y echar la culpa a los demás de las acusaciones en su contra. Con el caso Madre Mía le sirvió, a pesar de las evidencias. Hoy, que ya no está en campaña y su perfil de opositor radical parece morigerarse, el cuento de la persecución política – ya desgastado hasta la saciedad por el fujimorismo – parece ser más difícil de sostener en el tiempo, pues comienza a sonar a no me quiero presentar en el juicio. A su favor juega el hecho de que, junto a la pena de 15 años por rebelión, se pida la expatriación del ex candidato presidencial, sanción que ya no es permitida por nuestra actual Constitución.

Y una tercera cuestión tiene que ver con sus relaciones internacionales. El fin de semana lo volvieron a defender desde Caracas, lo que ha desagradado a la clase política peruana, incluyendo hasta a parlamentarios del PN. La búsqueda de un perfil propio para Humala, sin el padrinazgo chavista, se complejiza, dado que: 1. Chávez quiere meter sus narices en un país que le es hostil a su proyecto y/o 2. Humala no quiere o no puede salir de dicha relación de compadrazgo bolivariano. No me defiendas compadre parece ser una frase que no saldrá de la boca de Ollanta.

Lo que si tiene que tener en cuenta Humala es que lo que tiene por delante es un proceso judicial, no una persecusión. Pero también tiene la oportunidad de zanjar con un pasado poco compatible con la democracia y, en buena parte, allí se juega su verdadero futuro político y un perfil propio que, hasta el momento, parece bastante difuso.

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Una de las especulaciones más comunes que se hace desde el análisis político es la posibilidad de tener un outsider (radical) ganador de las elecciones de 2011. De hecho, - con la excepción de 1995 - desde 1990, cada elección presidencial nos ha deparado un candidato que corre por fuera del sistema relativamente establecido y lo sacude. Fue el caso de Fujimori en 1990, Toledo en 2000, Alan García en 2001 y Ollanta Humala en 2006.

¿Quién es el próximo outsider? Pues parece que varios se la siguen jugando por Antauro Humala, la misma persona a la cual le acaban de ampliar el plazo de detención a 36 meses más por la asonada de Andahuaylas y a quien dos parlamentarios pretenden amnistiar, cuando lo que cometió no fue un delito político, sino un delito común.

¿Qué elementos pueden existir a favor de la hipótesis?

En primer lugar, un nacionalismo que muchos sectores pretenden exacerbar. Algo de ello hay en la inmunda campaña contra Allan Wagner que Mirko Lauer reseñó ayer. El odio a Chile que proclaman medios como La Razón no es más que la expresión caricaturesca de una desconfianza que se ha plasmado hasta en asuntos menores como la compra de Wong por un consorcio chileno. Los Humala - ambos - pusieron el nacionalismo como una de sus principales banderas y les resultó en la elección anterior. Y es que culpar al otro de los males ajenos es uno de los más efectivos recursos de la política desde que el mundo es mundo.

Claro, ello olvida que ideas como las antes mencionadas agravan los conflictos sociales latentes en nuestra sociedad. al procurar la construcción de la sociedad sobre la base de la discriminación y al señalar que todo lo foráneo es malo y que lo “nacional” (¿alguien me puede decir como se define en abstracto un elemento que está en constante redefinición en todos los países?) es lo único bueno.

En segundo lugar, el caldo de cultivo que generó a Ollanta Humala está vivito y coleando.

Una de las interpretaciones más novedosas que he leido recientemente es la de Alberto Vergara en su libro Ni Amnésicos, ni Irracionales. Más que hablar de tradiciones autoritarias o democráticas, Vergara insiste en tres ideas básicas: a) La convivencia en el país de distintos tiempos en el avance ciudadano: desde personas a las que no se reconoce siquiera - en la práctica - los derechos que los liberales propugnaron en el siglo XVIII, hasta quienes están plenamente integrados al país y que miran con interés el paradigma globalizador; b) Esta convivencia configura las relaciones políticas del país y, si no se operan cambios, la distancia entre ambos Perús - o los múltiples Perús - será más amplia; c) Es necesario ahondar en una democracia el bienestar de los ciudadanos, lo que implica hacer políticas sostenidas para mejorar los problemas básicos de la población.

Y, como sabemos, de manera infortunada, este gobierno viene haciendo todo lo posible por hacer poco caso a este diagnóstico.

Sin embargo, a pesar que estos dos elementos podrían configurar, en principio, una alternativa radical con posibilidades de ganar, no creo que la misma esté encabezada por Antauro Humala y mucho menos por Ollanta Humala.

En el caso del primero, como sabemos, pesa la acusación por sedición y la muerte de 4 policías, que le puede acarrear, por lo menos, 20 años de prisión. Siendo estos delitos comunes y que, en el caso del asesinato de los policías, son violaciones de los derechos humanos, la incompatibilidad de una ley de amnistía con el derecho internacional es clamorosa, así como políticamente inviable.

En el caso del segundo, como lo mencionamos hace algunos meses, Humala sigue sin ser un creyente en la democracia, pero su bancada no ha protagonizado incidentes mayores, y él mismo no se ha insubordinado a las reglas constitucionales, aunque sigue haciendo bravatas de vez en cuando. Parece integrado al sistema, aunque con los dilemas de la izquierda radical de los 80: participan en el sistema, pero quisieran patear el tablero.

Ello no implica, sin embargo, que la posibilidad de un radical disputando entrar a Palacio no esté subyacente. De hecho, los elementos antes indicados vienen configurando un escenario que va hacia ese sentido. Sin embargo, aun se está a tiempo de no llegar a esa posibilidad. En la cancha de los políticos está hacer algo por modificar las condiciones que generan este tipo de posibilidades. En la de los ciudadanos está no dejarnos sorprender por opciones que nos prometen un cambio radical y, al final, terminemos peor de lo que estábamos.

De todos depende que, como dijo Basadre hace muchos años, el Perú no se pierda por la obra o la inanición de los peruanos.

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Quiere amnistía para Antauro Humala y Alberto Fujimori (entre otras joyas)

Hace algunas semanas, informamos sobre una extraña visita al Penal de Piedras Gordas por parte de dos parlamentarios y un ex congresista al reo Antauro Humala. Los visitantes eran el abogado fujimorista Fernán Altuve, el aprista Javier Valle Riestra y un sujeto que fue elegido por el humalismo, pero que ahora pertenece al minísculo grupo del paparazzi Torres Caro: Gustavo Espinoza Soto.

En esa ocasión, señamos que Espinoza había presentado un proyecto de Ley para amnistiar a Antauro Humala y a todos los que participaron en una sedición inaceptable contra un gobierno democrático, el de Alejandro Toledo. Por más impopular que fuera el ex Presidente, su mandato respondía a lo señalado por la Constitución y debía durar hasta el 28 de julio de 2006. No había razón alguna para una acción de este tipo, que costó la vida de 6 personas, más aún en un país que había sufrido por la violencia.

Pues bien, hoy El Comercio nos informa que Espinoza quiere ampliar los alcances de la amnistía. Y si ya los alcances de su proyecto anterior eran aterradores, los del nuevo son peores:

Una vez que se definan las presidencias y la constitución de las comisiones del Congreso para el año legislativo en curso, el parlamentario Gustavo Espinoza (GPED) buscará el apoyo de diversos congresistas para presentar un proyecto de ley a fin de otorgar amnistía a Antauro Humala Tasso, actualmente preso y procesado por rebelión y homicidio. El proyecto también buscaría beneficiar a dos ex generales que participaron activamente en el régimen fujimorista: Walter Chacón (Ejército) y Fernando Dianderas (PNP), ambos encarcelados por corrupción.

Según el congresista fujimorista, Alejandro Aguinaga, a esta lista podría sumarse el ex presidente Alberto Fujimori así como el ex ministro de Economía recientemente extraditado Jorge Baca Campodónico, pero “antes habría que ver si el país estaría preparado para asimilar un proyecto legal de esta naturaleza”.

Es claro, Espinoza es el instrumento a través del cual el fujimorismo quiere conseguir lo que desde hace 7 años persigue: una nueva ley de amnistía que perdone a los acusados y sentenciados por casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos de la última dictadura que vivió el Perú. Y claro, la presencia de Altuve no era por gusto: era el enlace con los fujimoristas para esta propuesta. Y para el decano, tampoco Valle Riestra sería ajeno a esta jugada:

En diálogo con este Diario, el congresista Gustavo Espinoza indicó que se reunirá con el congresista aprista Javier Valle Riestra y otros legisladores con el objetivo de articular un proyecto de amnistía consensuada, porque así como Antauro Humala y sus 170 seguidores detenidos por los hechos violentos de Andahuaylas hay fujimoristas que están presos por motivos políticos.

Este acercamiento a Valle Riestra no es casual, pues fue precisamente con Espinoza que Valle Riestra visitó a Humala en su celda de Piedras Gordas.

Además, en distintas oportunidades, Valle Riestra se ha pronunciado a favor de amnistiar a los que él considera presos políticos, por lo que Espinoza señaló que esperará que este 20 de agosto retorne al país para evaluar con él, el denominado proyecto de amnistía por la reconciliación.

Un horror jurídico que no debe permitirse. Mas aún en un país en el que la impunidad ha sido la letra común. Estamos advertidos.

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Anoche, América Noticias consiguió una auténtica primicia. Se trata de las imágenes de dos Congresistas de la República y de un ex parlamentario visitando, en el Penal de Piedras Gordas, a un criminal que atentó contra la democracia.

Los parlamentarios eran Gustavo Espinoza (Partido Nacionalista) y el cada vez más inexplicable Javier Valle Riestra (APRA), a los que se sumó el ex congresista fujimorista Fernán Altuve. Y el visitado, nada menos que Antauro Humala, el líder de una asonada en Andahuaylas con intenciones de derrocar a Alejando Toledo a principios de 2005, asonada que dejó el saldo de 6 muertos: 4 policías y 2 etnocaceristas.

La agenda de la reuniòn: Como lo informan Perú.21 y La República, los tres personajes se reunieron con el detenido para presentar un hábeas corpus en su favor, para conseguir su libertad. Más contradictorio aún, Espinoza dijo que Mauricio Mulder conocía de la reunión y el excéntrico Valle Riestra manifestó que estaba en su condición de abogado, la cual no puede ejercer mientras sea parlamentario.

Lo cierto es que Espinoza ya ha presentado un proyecto de Ley para amnistiar a Antauro, cuestión que quiere que se ponga a debate durante la próxima legislatura.

Esta extraña visita se presenta en momentos en que el Fiscal encargado del caso ha solicitado 35 años de prisión contra el líder etnocacerista por los delitos de rebelión, homicidio calificado, secuestro, tenencia ilegal de armas, encubrimiento y daño calificado.

Resulta bastante peligroso que representantes de tres grupos políticos representados en el Congreso vayan a la prisión para amparar a alguien que atentó contra la democracia y cuya acción desencadenó 6 pérdidas de vidas humanas, más aún cuando dos de ellos son congresistas. Lo que cometió Antauro Humala fue un delito - mejor dicho, varios - y no puede ser amparado mediante una amnistía.

Y que no venga Valle Riestra con las monsergas de que fue una acción política, pues, por más impopular que era Toledo, tenía la legitimidad de una elección popular que debìa respetarse y de un desempeño que, a pesar de sus errores, fue democrático y respetuoso de los derechos humanos. ¿También estaría de acuerdo Valle Riestra con amnistiar a alguien que se rebele contra Alan García?

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Un enfoque distinto sobre lo ocurrido en Andahuaylas

Nota Editorial: Desde esta pequeña tribuna rechazamos enérgicamente el intento de Antauro Humala y su grupo autodenominado “etnocacerista” de violentar el orden constitucional y democrático mediante un acto de violencia como el protagonizado hasta hace unas horas. Lamentamos todas las muertes producidas en este evento que enluta al país en el inicio del nuevo año. Demandamos que el Ministerio Público y el Poder Judicial precisen las responsabilidades penales de los involucrados en este acto. Asimismo, consideramos que los partidos políticos deben ejercer con mayor eficiencia su labor en pueblos como Andahuaylas, para evitar que ideas que fomentan el odio y la violencia crezcan en una población descontenta y desesperanzada. Finalmente, los Ministros del Interior y de Defensa deberán dar una explicación al país sobre sus responsabilidades políticas en este caso.

Violencia. Nuevamente presente aquella palabra cuya sola mención hace recordar tiempos que no queremos que vuelvan. Tiempos donde nos querían imponer las ideas por la fuerza y no mediante la razón, en que se intenta tomar la exclusión como único remedio a los males del país. Ese fantasma volvió el año nuevo del 2005.

El fantasma retornó bajo la forma de un grupo que hasta hacía pocos meses se debatía entre convertirse en un partido político y competir en el sistema que tanto juraban denostar o emprender la lucha armada. Desgraciadamente, para ellos y para el país, se optó por el camino de las armas, el ruido de las balas, la muerte como emblema.

Pero ya la violencia estaba presente en otra forma: en el discurso racista y beligerante de los Humala.

EL ETNOCACERISMO: LA IDEOLOGIA DE LA EXCLUSION PARA COMBATIR SUPUESTAMENTE A LA EXCLUSION

Los Humala saltaron a la palestra cuando, a finales de octubre de 2000 y en plena agonía del régimen autocrático de Fujimori, se levantaron contra el régimen en Moquegua. Testimonios más recientes señalan que muchos de los reservistas – ciudadanos que hicieron el servicio militar y que conservan costumbres y uniformes militares – fueron llevados a esta aventura con engaños. No falta quienes especulan que los Humala fueron una creación de Vladimiro Montesinos para encubrir su fuga o para montar una de las “cortinas de humo” tan frecuentes en la década de 1990. Sea como fuere, fue en ese momento que se escucho por primera vez de manera masiva el término “etnocacerismo”.

El “etnocacerismo” o “Movimiento Nacionalista Peruano” fue fundado por Isaac Humala, según propia confesión, “luego de años de lecturas y estudios”. Lo que Humala y sus hijos, Ollanta y, sobre todo, Antauro, proclaman a voz en cuello, es una rara mezcla de ideas que juntan a Andrés Avelino Cáceres, el Inca Garcilaso de la Vega, José María Arguedas y Juan Velasco Alvarado. En el fondo – y tal como lo dice el veterano Isaac Humala: no hay nada nuevo bajo el sol – se repiten viejos mitos y taras que un sector de peruanos señala como culpables del subdesarrollo nacional: “los blancos dominan”, “España nos robó con la Conquista”, “Chile nos invade y nos quiere convertir en colonia”. Como “gran solución” se propone una solución militarista en lo político, socialista en lo económico, racista y xenófoba. En suma, una solución lindante con el fascismo.

Veamos algunas de las ideas que el “etnocacerismo” propugna, así como las críticas que se les hacen a ellas:

Habrían impuesto un totalitarismo político, bajo una conducción cuasi mesiánica (como en Sendero Luminoso), donde cualquier forma de oposición no sería aceptada. Habrían nuevamente dado poder político y la conducción del Estado a las Fuerzas Armadas, generando una nueva forma de militarismo, cuestión repetitiva en nuestra historia y que tan malos resultados nos ha traído.

Habrían acabado con la libertad de expresión, pues al estilo de Juan Velasco Alvarado expropiarían los medios de comunicación en nombre de los “grupos de la verdadera sociedad civil”. Al igual que en el gobierno de Velasco, este pretexto sería la cubierta para evitar cualquier disidencia.

Habrían buscado una economía autárquica, cuestión imposible de sostener incluso en el corto plazo. Para ello cerrarían las “importaciones que compitan con la producción nativa” (y que, claro, ellos desde el Estado definirían), nacionalizarían las empresas privatizadas y cualquier inversión extranjera (en especial la inversión chilena), buscarían la autonomía alimentaria. Expulsarían, además a todos los inversionistas extranjeros. Ello da la espalda a todos los procesos de integración que se vienen dando en este momento.

Habrían hecho una guerra a Chile. Frente a Ecuador, habrían mantenido una actitud beligerante si la Confederación Nacional Indígena no gobierna dicho país. En suma, más gasto de armas en detrimento de sectores como educación y salud que necesitan mayores recursos.

Habrían elevado la siembra de la hoja de coca, en lugar de dar alternativas a los campesinos cocaleros para que muchos de ellos no sigan colaborando directa o indirectamente con el narcotráfico.

Se buscaría la exclusión de aquellos que no son cobrizos. Los judíos no serían considerados como peruanos (David Waisman, a pesar de haber nacido en suelo peruano, no es considerado como compatriota por los Humala). Antauro Humala tiene a sus hijos estudiando en el Colegio Franco Peruano, uno de los más exclusivos de Lima, y según la versión de su ex pareja Nora Bruce, se precia de comer en los restaurantes más exclusivos de la ciudad capital del Perú.

Si Túpac Amaru fue el personaje preferido de Velasco, Andrés Avelino Cáceres tendría su salón particular en Palacio de Gobierno. Curioso personaje escogido como modelo. El historiador Jorge Basadre dijo de Cáceres: “su mayor tragedia fue no haber muerto en Huamachuco” (la última batalla de la guerra del Pacífico). Cáceres fue un mal Presidente: traicionó a los montoneros y líderes locales que le ayudaron durante los 2 años de la resistencia de la Breña; restableció el tributo indígena; firmó el contrato Grace, uno de los más entreguistas de la historia peruana (prácticamente vendió todos los ferrocarriles peruanos a los británicos, a cambio de la administración de la deuda externa peruana); se hizo reelegir en elecciones fraudulentas y tuvo que ser sacado del poder en 1895 mediante una insurrección popular y en los últimos años de su vida apoyó al dictador Augusto B. Leguía.

Difícilmente habrían cumplido con las conclusiones y recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Varios medios de comunicación han recogido la versión, no desmentida, de que Antauro Humala fue destacado entre 1985 y 1987 en Huánuco, cometiendo abusos contra las comunidades indígenas, incluso asesinatos. Curiosamente en esos años la CVR registró un aumento de las víctimas en dicha región del país. Humala, en esas épocas, se hacía llamar “Corpus Christi”.

¿POR QUÉ SURGEN ESTOS GRUPOS Y POR QUE CUENTAN CON CIERTO APOYO? ¿QUÉ HACER PARA QUE ESTOS SUCESOS NO SE REPITAN?

En estos momentos se vive en el Perú un ambiente de crispación casi generalizada. El Presidente solo es aprobado por el 9% de la población, básicamente por los escándalos de corrupción de su entorno y por la frivolidad con la que ha encarado la tarea de gobernar. El desprestigio del Congreso se ha incrementado, por la conducta delictiva de algunos de sus integrantes y por la omisión en procesarlos por parte de sus pares. Sobre el resto de instituciones, empezando por el Poder Judicial, recae la imagen de ineficientes, corruptas y lejanas de la población.

Aun así, creemos que esta situación no explica por sí sola la aparición de este tipo de fenómenos autoritarios.

En el Perú, la cultura democrática es incipiente. Hemos vividos más años bajo gobiernos dictatoriales y autoritarios. Y casi todos los gobiernos, sean autoritarios o democráticos, han practicado una malsana costumbre: una relación patrimonialista y clientelista con la población. Se acostumbra a la gente a obtener ciertas prerrogativas o beneficios a cambio de votos o apoyo popular. El Ejecutivo y el Congreso compiten por ver “quien da más”. Por tanto, muy pocas personas saben exactamente cuales son las funciones de las instituciones democráticas y se les reclama más de lo que constitucionalmente y realistamente pueden hacer. Ello se debe a una educación - tanto pública y privada, pero con mayor énfasis en la primera – que no forma ciudadanos, así como a la poca capacidad de los partidos políticos para poder canalizar, de otra manera que no sea la patrimonalista, las demandas y preocupaciones de la población. Es por ello que la gente espera con ansias las promesas electorales para decidir su voto y no elige un proyecto de nación, o que, como en este caso, espera a un “iluminado” que resuelva sus problemas. Urge, por tanto, que los pobladores se conviertan en ciudadanos, hagan pleno ejercicio de sus derechos y no queden como espectadores pasivos. Pero ello no se hace por los caminos violentos, ni buscando sacar al Presidente quien, por más errores que pueda haber cometido, fue elegido mediante los mecanismos que el sistema establece.

Se suma a este factor una situación de exclusión presente en la sociedad peruana. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación reveló que dicha situación, si bien no fue la causa directa del conflicto armado interno que el país vivió durante 20 años, fue el telón de fondo de la violencia vivida. Sendero Luminoso llegó a captar como militantes a jóvenes provincianos con estudios universitarios, quienes vivían el drama de no querer ser campesinos como sus padres pero que eran rechazados por el sector social más moderno y urbano. En el caso de los Humala, se capta a reservistas y licenciados de las Fuerzas Armadas, sin trabajo, sin posibilidades de ascenso social, con un nivel de instrucción bastante bajo. En ambos casos, se busca aprovechar el descontento social, la situación de miseria y la exclusión para colocar en el poder a un proyecto político totalitario y con tendencias muy claras a vulnerar los derechos humanos de la población.

El Informe Final de la CVR no se quedaba solo en la cruda descripción de los hechos y responsabilidades políticas, éticas y penales. También proponía una serie de políticas institucionales que reformaran nuestras instituciones para consolidar nuestra democracia y evitar que 20 años de vergüenza y escándalo se repitan. Sin embargo, poco se ha hecho en dicha tarea. Los medios de comunicación, el empresariado y la clase política han mirado de perfil el drama expuesto en 9 tomos, al igual que las soluciones planteadas. E instancias como el Acuerdo Nacional y las Mesas de Concertación de Lucha contra la Pobreza son desaprovechadas para llegar a políticas de Estado concretas que comiencen a consolidar la democracia y por fin ponernos en el camino de una transición democrática que, hasta hoy, solo hemos cumplido a medias.

Este año y buena parte del próximo estarán marcados por el proceso electoral a celebrarse en abril de 2006. Debe ser una oportunidad para que los partidos políticos tomen en cuenta el contexto, entiendan que la representación de la población no debe basarse en el “dame que te doy”, que deben hacer pedagogía y no la demagogia de siempre, que debe explicarse a la población que los cambios no se dan de la noche a la mañana pero que en democracia y sin violencia ni autoritarismo están las mayores oportunidades para todos. Debe ser oportunidad para reclamar que dicho sueño de una nación libre, democrática y sin exclusiones que muchos teníamos el año 2000, cuando fugó el autócrata corrupto, comience a cumplirse.

Las naciones no tienen que “esperar a estar listas” para vivir en democracia. Van construyéndola día. No la sigamos destruyendo y evitemos que otros lo hagan.

Culminamos con unas palabras de Javier Ciurlizza, que resumen lo que hemos venido diciendo:

América Latina conoce ya varios periodos de acomodo de los principios en nombre del “pragmatismo”, lo “social” o las limitaciones obvias de regímenes formalizados. Detrás de este proceso está la insatisfacción de millones de latinoamericanos que no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas y se preguntan qué de bueno tiene una democracia si no da de comer, de vestir o si no cuida la salud de los más necesitados. Lo más fácil es echarle la culpa a la democracia y buscar, dentro de una tradición política antigua, salvadores y Mesías. Lo difícil es superar el péndulo histórico y construir una institucionalidad que asegure que lo que alcancemos y logremos sea duradero”.

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