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Los 100 días del gobierno aprista.

Gobierno de gestos antes que de propuestas de cambios a mediano y largo plazo ha sido el segundo debut de Alan García como Presidente de la República. Y no porque el tiempo ha sido escaso, sino porque ha privilegiado tener un buen índice de aprobación en las encuestas antes que en pensar y sostener un programa de largo aliento para el desarrollo nacional.

¿Aciertos? Sí los ha tenido y no pueden negarse. En primer lugar, un estilo de trabajo distante de su antecesor, con actividad durante el fin de semana, ejemplo de austeridad (con la reducción de sueldos) y, en términos generales, posicionamiento de la agenda política.

En segundo lugar, un equipo de ministros que, en términos de conjunto, ha cumplido una tarea medianamente aceptable. Resaltan Allan Wagner, Mercedes Araoz, Verónica Zavala y, sin duda, Jorge del Castillo.

En tercer lugar, un manejo de conflictos sociales basado en el diálogo y en un nuevo tipo de relación - por lo menos informal - entre el capital, el Estado y la sociedad. Sin embargo, urge la institucionalización de los canales de diálogo en el país para poder prevenir los conflictos sociales y tener respuestas más proactivas y menos reactivas. Además, la capacidad concertadora del Primer Ministro ha evitado conflictos entre instituciones del Estado, así como con personajes del APRA.

En cuarto lugar, y viniendo de AGP es un logro, un manejo responsable de la economía, siguiendo las líneas que desde el gobierno de transición se dictaron para ello.

Finalmente, y en uno de los temas más tocados en esta columna, la creación y puesta en funcionamiento del Consejo de Reparaciones entra en la lista de checks para el gobierno.

Pero, ¿es ello suficiente para catalogar estos días como aceptables?

Creemos que no. El gobierno a solo 80 días de concluir su Plan de Acción Inmediata presentado para los primeros 6 meses de gobierno, sólo ha cumplido totalmente con el 13% de dichas propuestas, en parte porque muchas de ellas obedecían al largo plazo, en parte porque la vocación reformista parece estar limitada a algunos sectores. Defensa, Transportes y Comercio Exterior son los abanderados.

De otro lado, los sectores sociales no tienen logros o planes en marcha. Educación parece una cartera acéfala, donde las propuestas las puso el Presidente pasando sobre el Ministro. Salud no exhibe más que el éxito en la polémica vacunación contra la rubeóla. El MIMDES comienza a sufrir los primeros signos de “carnetitis”, mientras que las políticas de lucha contra la pobreza y promoción de la mujer languidecen en el despacho de Virginia Borra.

De la reforma judicial, solo se habló cuando un vocal supremo - hoy destituido - prostituía su profesión y cargo por 400 soles. Luego, el debate se centró en los sueldos de los magistrados y en si se les podía levantar el secreto bancario.

Finalmente, del “TLC interno” anunciado por Hernando de Soto ni siquiera hemos visto las líneas maestras, así como su posible articulación con “Sierra Exportadora”.

Tres son las grandes carencias del gobierno. La primera, que ya hemos comentado, es la poca vocación reformista que tiene el gobierno en temas institucionales y sociales.

La segunda es tener en cuenta que el mandato que se le dio al gobierno implicaba responsabilidad, pero también cambios. Y ello parece no percatarse el gobierno, decidido a levantar su popularidad con medidas efectistas, antes que comenzar reformas que eviten el surgimiento de alternativas autoritarias y violentas y ponernos en el camino del desarrollo.

La tercera y tal vez la más preocupante, es el poco aprecio por la tolerancia y los derechos ciudadanos que parece exhibir el Presidente de la República, un grupo de sus ministros y un sector de su bancada parlamentaria. Las propuestas sobre la pena de muerte, la poca tolerancia ante las críticas y el proyecto de mordaza maquillada contra las organizaciones no gubernamentales son una muestra de ello. A esto se suma su poca vocación en la lucha anticorrupción y la suerte de servinacuy que ha establecido con el fujimorismo en el Congreso de la República.

Si el gobierno no aprovecha su alta popularidad de hoy para hacer cambios de largo plazo que beneficien a todos los peruanos, si continua persistiendo en acallar a todos aquellos que lo criticamos, si echa por la borda todo esfuerzo concertador, entonces mañana, cuando las protestas sociales - acalladas ahora por la campaña municipal y regional - y el propio (y natural) desgaste gubernamental impedirán que se hagan. Tendríamos otro quinquenio de crecimiento en piloto automático, pero sin reducir la brecha social que durante la campaña presidencial pasada nos gritó a la cara la imperiosa necesidad de hacer algo, ni sin consolidar el sistema democrático a través de reformas institucionales.

Para ello, también requerimos una oposición que haga su tarea, que esté presente en los debates públicos y que proponga ideas y propuestas alternativas a las del gobierno. Pero ello no se hará con el inmovilismo en que parece haberse sumido Unidad Nacional ni con los cantos autoritarios y llamados a la insurgencia dados desde el cada día más venido a menos humalismo. La alternativa es construir partidos de verdad. El APRA es el único que en este país se merece el calificativo de partido. Si quieren representar una alternativa seria a largo y mediano plazo, ese debe ser el trabajo a emprender por estas y otras agrupaciones políticas.

Seguiremos vigilando desde nuestro tercer piso, Dr. García. No haga que su gobierno, antes que un carnaval, termine siendo un funeral de expectativas insatifechas y reformas sin implementar.

ENLACES:
Proyecto Coherencia: Boletin de Lupa 180.
Perú.21: Los 100 días de García.
La República: Los 100 Primeros Días. Política y Poder.
Carlos Melendez: El APRA y la otra mitad del país.
RPP Noticias: Opiniones divergentes sobre los 100 primeros días de gobierno aprista.
Javier Diez Canseco: Cien días bastan y sobran.

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Mientras que la nueva “superconvivencia” sigue queriendo afectar los derechos ciudadanos.

Parece que el Presidente de la República ha cambiado de canción preferida. Ya no es “El Rey”, como en su periodo anterior, o “La Vida es un Carnaval”, como durante la campaña electoral. Ahora parece que el tema a cuyo son nos quiere hacer bailar es “Yo soy la muerte”, de El Gran Combo de Puerto Rico.

Y es que ayer, aprovechando que era un día muerto en lo que a informaciones se refiere, García lanzó la peregrina idea de presentar un proyecto de ley para implementar el artículo 140° de la Constitución, con el fin de incluir en el Código Penal la pena de muerte para sentenciados por terrorismo.

Varias cosas que comentar sobre este tema.

El primero, que si bien existen remanentes de Sendero Luminoso, los cuales deben ser combatidos por el Estado peruano, éstos, como reconoció el propio García ayer, no constituyen una amenaza para el país. Lo mismo ha mencionado Pilar Mazzetti, Ministra del Interior. Si no hay peligro inminente, ¿por qué lanzar una propuesta efectista?

El segundo, que dicho artículo constitucional fue expedido en vulneración de lo señalado por la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que impedía ampliar los supuestos de aplicación de la pena de muerte. En 1979, los habíamos reducido. En 1993, el fujimorismo los amplió, desconociendo lo que decía dicha norma.

Y, sin embargo, el artículo nunca se aplicó. No por “falta de coraje” como mencionó ayer el Presidente de la República, sino porque se sabía que se vulneraría los compromisos internacionales del Perú en materia de derechos humanos. Además, la Corte Interamericana dictó una opinión consultiva en la cual señalaba claramente que el dictado y/o implementación de una norma que vulnerara la Convención ocasionaría responsabilidad internacional para el Estado. En otras palabras, una nueva sentencia condenatoria contra el Perú y un nuevo papelón internacional.

Por lo demás, era contraproducente hacerlo, dado el carácter fanático de los miembros de SL, que convertirían a los ejecutados en “mártires” de una guerra que nunca tuvo nada de legítima.

Y en tercer lugar, cabría preguntarse a quien le aplicarían la norma, pues la mayor parte de la cúpula de SL y del MRTA están en la cárcel, purgando penas altas impuestas, ahora, en democracia. La retroactividad de la pena, no existe en nuestro ordenamiento, que sepamos.

Huele esto a psicosocial. En momentos en que AGP hace gala de su poca tolerancia a las críticas frente a los exiguos resultados de sus 100 primeros días y en que la superconvivencia “apro-conservadora-fujimorista” dará, el día de hoy, su zarpazo contra las ong’s, afectando derechos ciudadanos. Al gobierno comienza a versele el fustán y a García esto le incomoda.

De seguro las Alcorta y las Cuculiza de este Congreso aplaudirán al Presidente por este anuncio. Lo cierto es que AGP parece no haber aprendido la lección de los años que luchamos contra el terrorismo: más inteligencia, menos efectismo, no violar los derechos ciudadanos.

UPDATE: La “superconvivencia” aprobó hoy la norma del controlismo.

ENLACES:
Alan García: “Guerra avisada, no mata gente”.
Augusto Alvarez Rodrich: Mata Gente.
La República: La propuesta presidencial y los problemas constitucionales que acarrearía.
Fernando Vivas: Vade Retro, ONG.
Beatriz Boza: ¿O ene qué?
Francisco Eguiguren: ¿Para qué más controles a las ONG’s?
Marco Sifuentes: El aprismo y el fujimorismo: historia de alianzas y persecusiones.
Caretas: El soplo de los 100 días.

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