Cuando hace un par de años se creó el Ministerio de Cultura, expresamos nuestras dudas ante la formación del nuevo organismo. El nuevo sector creado era una sumatoria de oficinas antes que la plasmación de una visión de política pública sobre la cultura en el país y, en el Congreso de la República, se terminaron negociando contenidos del nuevo ente.

Así se mezclaron los medios de comunicación del Estado, la conservación del patrimonio histórico, industrias culturales, el manejo de los fondos de fomento a actividades culturales (como el cine), una exoneración tributaria sobre mecenazgo y la consulta previa a las comunidades nativas sobre proyectos de inversión.

En plena segunda vuelta electoral, señalamos que ninguna de las dos agrupaciones que pasó a la segunda vuelta electoral tenía claridad para enfrentar estos retos. Así lo indicamos en una columna escrita para Diario 16 en abril de 2011:

Desde el fujimorismo, no existe una sola línea sobre cultura en su famélico plan de gobierno. Digamos, esto es perfectamente congruente con un líder que se jactaba de no leer ni de admirar a ningún personaje histórico. Lo único que se conoció del fujimorismo en este campo fue el controvertido proyecto de Ley de Cine impulsado por Carlos Raffo y que fue felizmente observado por el Poder Ejecutivo, por sus errores de concepción.

¿Y en el nacionalismo? La parte introductoria de su controvertido plan de gobierno apunta a lugares comunes como la “preservación” cultural frente a la globalización. Y cuando aterrizan en medidas, las mismas son aisladas, sin articular una política cultural que resuelva los problemas arriba señalados.

El año y medio de gestión de Ollanta Humala ha confirmado esos temores. Desde Tandem, un grupo de gestores culturales, hacían una evaluación de la gestión de la primera ministra de Cultura de este gobierno, Susana Baca, en los siguientes términos:

En el discurso de asunción de mando, el Presidente mencionó ocho veces la palabra “cultura” pero sin hacer propuestas ni formular metas concretas sobre el sector. Situación similar sucedió con el ex Primer Ministro Salomón Lerner en la presentación del Gabinete ante el Congreso, donde salvo por una alusión aislada, la cultura no fue considerada un tema prioritario dentro de la nueva agenda del Poder Ejecutivo. Por su parte, la ex Ministra Susana Baca demostró no tener un conocimiento claro de las problemáticas del sector, tampoco una articulación con el mismo y menos aún, un discurso que posicione a la cultura como agente central en la construcción de ciudadanía y en la generación de pensamiento crítico.

En parte, todo ello explica los limitados alcances que el Ministerio ha tenido en estos meses, las infructuosas gestiones para conseguir más presupuesto para el 2012, la promoción de un conjunto de actividades que no responden a una planificación anual y la ausencia de una orientación clara hacia la cual deben dirigirse la mayoría de acciones del Ministerio.

¿Cuál es la situación con su reemplazante, Luis Peirano? De acuerdo con un reportaje de Marco Sifuentes publicado este domingo por La República, el ministro tiene que lidiar con un conjunto de temas heredados del Frankenstein que es su ministerio. En particular, cuestiones salariales, competencias de los entes que integran el sector, regímenes laborales diferenciados y disputas en torno a temas como el cine, ahogado en las polémicas sobre los concursos anuales. Esta semana, la serie de denuncias cruzadas en torno a este último punto provocaron la salida de Christian Wiener, Director de Industrias Culturales y Artes del MINCUL. (Un resumen de la versión de Wiener aparece en La Primera).

En medio de todo, Peirano aparece como un ministro querido por varios de sus trabajadores, pero que tiene que lidiar con un monstruo burocrático que le ha caído cual presente griego, sin posibilidad (¿o vocación?) mayor de reforma. Así, la cultura sigue apareciendo como un tema de relleno en los mensajes presidenciales o solo exhibida desde el Estado cuando hay que inaugurar el buen Teatro Nacional en San Borja o cuando se presentan nuestras manifestaciones culturales a los visitantes extranjeros.

A estos asuntos, propios del sector, se han sumado otros, como los problemas con censuras (o intentos de ellas) en exposiciones artísticas – una de ellas, patrocinada por el Ministerio de Justicia – y, desde ayer, varias versiones sobre una posible salida de La Casa de la Literatura Peruana de su local en la ex estación de Desamparados para, en teoría, la PCM ocupe dichas instalaciones (sin que el Presidente del Consejo de Ministros afirme o niegue dicha versión).

¿Por qué traer a colación este tema? No solo por la importancia de esta materia para un país como el Perú, sino porque creo que refleja el desorden en el que viene trabajando, en varias áreas, el gobierno de Ollanta Humala. Y ello no se soluciona desde el canal de YouTube de Nadine.

(Foto de Luis Peirano: La República)

4 Responses to “POLITICAS CULTURALES EN TIEMPOS DE HUMALA”
  1. Luis Enrique says:

    Señor Godoy:

    1. Bueno, el problema empieza con las definición de cultura. ¿Qué se entiende por cultura? ¿Qué entendemos los peruanos por cultura? Porque no es lo mismo. La concepción de cultura que se maneja en Europa no es igual que la que empleamos nosotros.

    2. Por ejemplo, para el consenso local “cultura” es sinónimo de occidentalización: uno es “más culto” cuanto más sabe de la historia, usos y costumbres de Occidente. Es “menos culto” cuanto más ignora esto.

    3. Algunos puristas y antropólogos dicen que cultura es también conocer a su propia sociedad, sea cual sea. En ese caso dicen que tener cultura es adaptarse al medio en el que uno vive. Un asháninka es, de tal manera, culto. Pero esto jamás lo va a entender el establishment nuestro porque manejamos una visión colonial donde el proceso de culturización es más bien desapegarse de la cultura original para asumir la dominante. Este tema se trató hasta la saciedad en los 70, durante el gobierno de Velasco.

    4. De modo que si cultura sigue siendo “occidentalización”, que incluye, por ejemplo, aprender inglés en la currícula escolar, entonces el Ministerio de Cultura debería responder a ese esquema para ser exitoso. Por lo tanto una persona como Martha Hildebrandt sería la ideal como su conductora pues ella es un símbolo de ese pensamiento.

    5. Desde la primera Reforma Educativa (la única que ha habido) impuesta por tal gobernante el tema de la cultura jamás ha sido ni medianamente importante para ningún gobierno (a pesar de los innumerables discursos que la consideran “prioritaria”). Más aún, existe la sensación, entre los sectores dominantes, que “culturizar” al pueblo es lo más parecido a lo que hacen la ONG en el sentido que capacitan a la gente para “darse cuenta de sus derechos”, con lo cual gestan a los futuros líderes de las revueltas y tomas de carretera. No hay duda que los grupos de poder cholos están convencidos que la cultura es “una enemiga” del sistema pues crea “subversivos” (y esto parece que lo tienen claro las nuevas y “modernas” universidades que se cuidan de no ofrecer cursos que desarrollen el intelecto pues eso produce protestas y manifestaciones; lo mejor es ofrecer carreras prácticas donde se piense poco o nada).

    6. En el caso de Humala el asunto sigue fielmente el libreto (tanto como en economía sigue el piloto automático): lo importante es mantener el sistema pues así “estamos bien”. De modo que mover las aguas y destinar dineros para asuntos no coyunturales o importantes (como educación, salud y seguridad) es una pérdida de tiempo, de esfuerzo y puede motivar sorpresas.

    7. Dicho “Ministerio” de Cultura (porque en verdad es una payasada) fue un ardid de Alan García pensando en el 2016 simplemente para decir que “apoyó la cultura”, pero quienes conocemos qué pasa por dentro sabemos que “dinero no hay ni habrá”, y que lo único que puede hacer dicha entidad es, con las justas, pagar la planilla. Con eso tienen bastante en qué entretenerse.

    8. En conclusión, educar a un pueblo y darle herramientas teóricas para reflexionar y pensar es tan peligroso como darle charlas de derechos laborales a las obreras que trabajan en el negocio del espárrago (donde la rentabilidad pasa justamente porque los gastos en sueldos y beneficios son mínimos, dándole la razón a Marx y su plusvalía). Lo mejor es no tocar el asunto y seguir con la política del “cholo barato” puesto que la famosa industrialización, que requiere de obreros calificados, prácticamente ya ha sido desechada por la CONFIEP como proyecto para el Perú. La opción de la clase gobernante es apostar por la extracción de los recursos naturales, para lo cual no se necesitan personas con mayor instrucción.

    10. Humala de Heredia (pues obviamente Nadine tiene su propia agenda y es la de llegar al poder como parte de la clase alta a la que aspira pertenecer) solo procura llegar al final de su mandato sin tener que lidiar con nadie ni comprometerse con nada. Su visión es ser lo más solícito a los grupos de poder y darles la razón en todo; es, lamento decirlo, el típico “cholito dos por medio, cachaquito corre-ve-y-dile”, tal como muchos lo advirtieron pero que el entusiasmo popular no lo quiso ver así.

    11. Tendremos que esperar a ver si aparece otro “antisistema”. ¿Lo habrá? Tal vez ya no. Tal vez todos los peruanos nos hemos convencido que “este es el mejor de los mundos posibles” y que cambiarlo sería un delito solo comparable con el terrorismo o el chavismo. Ay Perú.

    Gracias.

  2. Gabriel Quispe says:
  3. Janet Guerra says:

    Ale, yo quisiera saber quién manda caballos a las manifestaciones, a los estadios o, a intervenciones que, como la de hoy, acaban con heridos, un muerto y un pobre animal q no tenía nada q ver en lío de imbéciles y delincuentes; porq cualquier sujeto q sepa leer y no sea retrasado sabe q los caballos por sus herraduras y por lo delicados q son, no son lo ideal sobre las pistas y menos frente a turbas de delincuentes asesinos. AVERIGUA ESO POR FAVOR: QUIËN MANDA CABALLOS A ESAS INTERVENCIONES? PUES, POR LO MENOS EN UNA PRISIÓN DEBERÍA ESTAR.

  4. Desde el Tercer Piso » BALANCE DEL GABINETE 2012 says:

    […] LUIS PEIRANO (CULTURA): Por ahora, sin vocación de reformar el Frankenstein que es su ministerio. […]

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