Archivo de 10 Setiembre 2012

Si hay un libro que Keiko Fujimori debería tener en la mesa de noche es “Perú en la era del Chino. La política no institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador”. Este volumen, escrito por el politólogo japonés Yuzuke Murakami, deja de lado las tesis antagónicas sobre el legado de la década de 1990 para tratar de interpretar dicho periodo de nuestro pasado reciente a la luz de la historia peruana y de las instituciones políticas existentes en el Perú.

El prefacio de la segunda edición de este trabajo analiza el curso de la campaña electoral de 2011, en la que el fujimorismo obtuvo una posición expectante y luego fue derrotado en última instancia. La tesis de Murakami, que compartimos, es que el fujimorismo supo aprovechar bien la división de sus rivales que se ubican entre el centro y la derecha, a partir de una identidad forjada a partir de los juicios contra sus líderes, la misma que se volvería en su contra al no atenuar los mensajes que recordaban al legado autoritario de los noventa y por la comisión de serios errores de campaña.

De continuar esta senda, concluye el analista japonés, resultaría bastante fácil que el fujimorismo tenga el mismo destino que otros partidos caudillistas peruanos, es decir, su desaparición a mediano plazo.

Es cierto que un sector del fujimorismo ha buscado maquillar esta imagen, a través del cambio de nombre de su agrupación a Fuerza Popular, la instalación de un thinktank para los técnicos fujimoristas y hasta la asistencia de Jaime Yoshiyama a la convención del Partido Demócrata, entre otros elementos que buscan darle una imagen de agrupación organizada a un conglomerado que siempre ha renegado de los “partidos tradicionales”.

El problema es que no han resuelto aún sus resortes autoritarios. Luego de la sentencia emitida por la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema, presidida por Javier Villa Stein, varios parlamentarios de la bancada naranja defendieron un fallo cuyos principales beneficiarios son los miembros del Destacamento Colina y Vladimiro Montesinos, de quienes han tratado de desmarcarse en estos años.

Luego de un periodo de silencio, obligado por el control de daños ejercido por Keiko y Kenji Fujimori, esta semana volvieron a la carga, atacando al procurador Julio Arbizu – responsable de los embargos a los miembros de la mafia – y aplaudiendo la penosa intervención del ex procurador Segundo Vitery ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la revisión de la sentencia del caso Barrios Altos. Todo un recuerdo de sus penosos antecedentes en materia de corrupción y derechos humanos.

Si se suma su nula reacción en temas calientes como las huelgas en los sectores educación y salud (¿alguien conoce una propuesta de este partido en ambos temas?), que importan directamente a su electorado popular, el fujimorismo se encuentra en un dilema bastante grave. No solo por su crisis de identidad, sino porque su principal competencia en el espacio que representa es Alan García, el político más talentoso en campañas electorales. Con ello, complican sus opciones para el 2016.

(Columna publicada en El Comercio el 07.09.2012)

MAS SOBRE EL TEMA:

Eduardo Dargent discute en su columna en Diario !6 otra tesis de Murakami: Keiko perdió por no tener los votos del sur del país. Promete tener segunda parte.

(Foto: Diario 16)

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