
Luego de la fuga de 17 presos del penal de Challapalca (frontera de Puno y Tacna), de los que han sido recapturados ya 6, el debate sobre qué hacer sobre este penal se ha puesto sobre la mesa. Glatzer Tuesta de Ideele Radio le preguntó hoy al presidente del Poder Judicial al respecto y esto fue lo que contestó San Martín:
“El tema de cárcel segura al 100% no existe, siempre hay que trabajar constantemente y con inteligencia para ir mejorando los sistemas de seguridad, eso en cualquier cárcel del mundo. No se trata de decir cierro una cárcel, yo pregunto ¿dónde van esos presos? Es muy fácil decir cierro, pero en un país donde tenemos una cobertura sistemáticamente, estructuralmente insuficiente de cobertura penitenciaria, es por decir una locura o un absurdo pensar en cerrarse, hay que abrir más cárceles y mejores”.
Esta vez me permito discrepar, en parte, de lo expresado por el titular del Poder Judicial. Challapalca es un penal que ha tenido severos problemas desde su construcción y puesta al servicio penitenciario en 1996. De hecho, en 2003, la CVR recogió lo que decía la Defensoría del Pueblo en torno al penal:
La reclusión en el penal de Challapalca, en función de sus características estructurales (geografía, clima, infraestructura, deficiencia de servicios básicos, aislamiento, debilidad del control sobre la administración penitenciaria), constituye en sí misma un trato inhumano y degradante incompatible con la dignidad, derecho a la integridad y a la salud de las personas. En tal sentido, el funcionamiento del penal no es compatible con la obligación constitucional del Estado de garantizar el derecho de las personas privadas de libertad a contar con establecimientos penitenciarios adecuados previsto en el artículo 139 inciso 21 de la Constitución.
La situación no ha variado mucho, según comenta Álvarez Rodrich:
Ahí, para cuidar a 129 reos, se cuenta con solo trece agentes. Las condiciones y la infraestructura son lamentables: los alimentos llegan tarde, los uniformes no son para ese frío, el motor para la iluminación interna y externa casi nunca se usa, y no hay sistemas de comunicación.
Para completar este cuadro desastroso, luego de la fuga de los reos, los agentes del INPE no pudieron seguirlos porque –no podía ser para menos– este penal no tiene vehículos.
Por tanto, sostener que Challapalca debe mantenerse abierto, a esta altura, termina siendo un contrasentido para cualquier política penitenciaria de un país civilizado. Y claro, habría que preguntarse porque el gobierno aprista reabrió, en 2007, una cárcel que ya había sido cerrada hace algunos años por este tipo de problemas.
En lo que sí coincido con San Martín es en el pedido de construcción de más y mejores penales. Lo que ciertamente es una medida impopular. En el Perú, el preso es considerado como alguien que pierde todos sus derechos al delinquir, cuando sólo debe ser privado de la libertad. Nadie pide que todos los presos tengan cárceles al estilo Fujimori, pero sí que tengan condiciones mínimas de dignidad, seguridad y, para aquellos que así lo quisieran, oportunidades para su resocialización.
Y eso, aunque a muchos les suene chocante, también es inclusión social.




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