Archivo de 2 Diciembre 2011

Ayer, en una conversación que tuve con David Rivera (director de Poder) y Rolando Toledo (director de La Mula) en Pasando Revista, ambos soltaron tres datos precisos sobre cómo el sector empresarial y ejecutivo está viendo lo de Conga desde la CADE que este año se celebra en Cusco.

De acuerdo a lo que ellos sondearon, los asistentes a la CADE comprendían que Humala no fuera en tanto y en cuanto la preocupación central fuera Cajamarca (lo que se confirmó a los pocos minutos con la cancelación de los viajes a Venezuela y México); existía preocupación legítima por el tema de la inclusión social como vehículo de fortalecimiento de las inversiones (parafraseando al amigo Sifuentes, esto es una CADE 2006 con esteroides en cierto sentido) y no eran pocos los que reclamaban a Yanacocha dar mayores gestos (léase, algunos relevos de cabezas, en la misma línea sugerida por Juan Infante) para comenzar a mejorar una relación que viene mal hace varios años

(Sobre este último punto, ver un resumen de la mala relación entre Yanacocha y un importante sector de ciudadanos de Cajamarca en el reportaje de Uceda para La República y en este post del Utero de Marita sobre el seguimiento que Forza le hacía a Marco Arana).

Lo que Toledo y Rivera me contaron ayer empata perfectamente con cierto cambio en el discurso de algunos voceros que generalmente han sido más cercanos a los puntos de vista empresariales en el país (porque otros ya criticaban a Yanacocha y su relación con Cajamarca desde hace mucho). Primero fue Cecilia Blume, quien en el programa de Álvarez Rodrich en ATV+ reconoció que Yanacocha ha podido hacer las cosas mejor. Ayer y luego de un editorial bastante coprolálico que fue la delicia de las mofas en el Twitter, Aldo Mariátegui (en la misma columna donde pide detener a los dirigentes del paro) terminó diciendo lo siguiente:

En primer lugar, Yanacocha tiene que hacer un mea culpa público frente a Cajamarca, porque buenas metidas de pata tiene en su haber. Me dice gente racional que vive en Cajamarca que allá se tomaría muy bien por el pueblo un pedido de perdón y una buena dosis de autocrítica humilde por parte de una empresa que se ha manejado allá casi tan mal como Lucchetti en los Pantanos de Villa.

También Yanacocha debe renunciar a su proyecto de secar 4 lagunas por ahorrarse unos dólares y limitar eso a la laguna El Perol, que es donde está el oro. Me dicen expertos que 2 -o hasta 3- lagunas pueden salvarse traquilamente.

De hecho, sobre este último punto, Jaime de Althaus ha sido más explícito en la salida:

Una manera de acelerar el desenlace y restablecer el diálogo es que el pedido venga de quienes hoy se oponen con mayor violencia. Para ello sería bueno que Leopoldo Monzón de Proesmín y Carlos Paredes de Sierra Productiva expongan la inteligente propuesta que han elaborado a los propios campesinos de la zona, para que sean ellos los que pidan su implementación. Esa propuesta supone llevar el desmonte de la futura mina a otros sitios preservando tres de las cuatro lagunas e incorporar en el área de influencia del proyecto a las 25 mil familias –no solo las 2.500 actuales– de las cuatro cuencas construyendo 25 mil minirreservorios para instalar en todas las chacras familiares riego por aspersión y las tecnologías de ese programa, lo que costaría 75 millones de soles. No cabe la menor duda de que si los campesinos escuchan esta propuesta, la aprobarán y demandarán su ejecución, dejando en el aire la plataforma radical. Por allí va la solución.

La salida señalada por Althaus debe ser de lo más sensato que he escuchado en estas semanas sobre el tema Conga. Y ello nos lleva a que sí puede ser compatible la minería y la preservación de los recursos naturales. Ello claro, termina dejando por las patas de los caballos el EIA original, pues esta solución, presentada por gente que impulsa la inversión privada (vean lo que hace Paredes con Sierra Productiva), resulta creativa y haría viable el proyecto minero.

El problema está en que, hasta el momento, del otro lado no existe la voluntad de deponer la protesta. Y esto se debe a que los dirigentes del paro están más concentrados en ver quien gana más en el sector radical que en solucionar el problema. De hecho, hoy César Hildebrandt, a quien no se puede acusar de simpatías con la CONFIEP, indica que (cito textualmente del semanario Hildebrandt en sus Trece):

¿Hay agitadores en Cajamarca?

Claro que los hay. Uno de ellos es Wilfredo Saavedra, presidente del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca. Darle la razón al diario Correo no está entre mis aficiones, pero en este caso es cierto que Saavedra parece convencido de que en Cajamarca brotará la chispa de la pradera en llamas con la que sueña. De otro modo no se explica que esté exigiendo, en su página web, “la renuncia de Ollanta Humala por incapacidad política y moral”. De modo que este guerrillero fracasado lo que quiere no es sacar una tajada sino llevarse, entero, el panetón de Conga.

Mal harían Marco Arana y los suyos en sumarse a esta prédica que desacredita el argumento ambiental y hace aparece a Cajamarca como el botín de unos topos de violentismo.

Y mal hacen quienes ven en el diálogo una claudicación y una suerte de traición al machismo maximalista del señor Saavedra.

En la misma forma, otro columnista a quien no se puede acusar de militante del Partido Popular Cristiano, Mirko Lauer, sostiene las ventajas del diálogo:

Sin embargo Santos y Saavedra podrían tener mucho que ganar con una negociación, comenzando por una negociación entre ellos mismos. Sobre todo en términos de un nuevo y más eficaz sistema de protección del medio ambiente que no vaya a contrapelo del crecimiento económico de la región, donde la pobreza aún campea.

Este es el momento para que los sectores cajamarquinos cuyos intereses e ideas están a favor de un diálogo salgan a decirlo de alguna manera, única forma en que ellos van a poder ocupar un lugar en esa mesa. Esto ciertamente incluye a los alcaldes de las zonas en discusión.

De hecho, el alcalde de Cajamarca quiere dialogar, pero para ello quiere tener una coalición más amplia que lo apoye.

¿Y la tercera pata de la mesa, es decir, el Estado? Pues acaba de salir de los conflictos mineros de Andahuaylas y Madre de Dios, pero cada vez más se le reclama acciones para Cajamarca. Queda claro que no tenían un plan cuando lanzaron lo de “Conga va”, pero deberán tener uno para hacer que la calma vuelva a Cajamarca (desde la negociación hasta una acción policial inteligente) y, por supuesto, lograr un acuerdo final entre ambas partes que haga viable el proyecto, ya no en su versión original, pero sí en una que satisfaga tanto las necesidades de inversión como la preocupación ambiental.

A mediano plazo, ello implica retomar la idea propuesta por Carlos Tapia y Javier Torres, la de un pacto minero que haga viable las inversiones en el sector, que deje de lado la minería ilegal y que pueda compatibilizar la promoción del cuidado ambiental con la generación de puestos de trabajo.

Y a largo plazo, es necesario plantear la discusión sobre políticas públicas señalada por Eduardo Marisca:

La pregunta, entonces, no me parece que sea si queremos ser un país minero. Creo que indudablemente lo somos, y que indudablemente cualquiera en su sano juicio no querría que lo seamos. La pregunta importante es por qué país queremos ser cuando ya no podamos ser un país minero, algo que ocurrirá quizás en el futuro cercano (o porque se acaban los minerales que explotar, o porque se acaba el boom de precios que justifica explotarlos). ¿Dónde estamos acomodando nuestras fichas para los próximos 20, 30, 50 años? ¿Qué nuevos sectores competitivos, innovadores e interesantes estamos potenciando y posibilitando? ¿Qué necesitamos para inaugurar estos nuevos sectores, y por qué no estamos aprovechando los recursos que tenemos hoy para establecer nuestra propia cabeza de playa en ellos?

Para ello, claro está, es necesario un equipo afiatado en el gobierno, comprenda o no ésto cambios en el Gabinete Ministerial. Y tener una visión clara de lo que se necesita hacer. Lo que implica una combinación de celeridad y templanza necesarias para momentos complicados como éste.

(Foto: La República)

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