Archivo de 5 Agosto 2011

Reclamar resultados a un gobierno que tiene una semana sería iluso, irresponsable e idiota. Pero sí es posible evaluar gestos, modos de actuar, nombramientos y temas que están circulando a partir de las primeras medidas de gobierno o de lo que la coyuntura va poniendo en el camino. Aquí una crónica de una semana en la que el Presidente de la República ha preferido el silencio mediático, en lo que parece ser la confirmación de un estilo en el que Ollanta Humala preferirá la entrevista directa y la conferencia de prensa antes que el tumulto de cámaras y micros.

NOMBRAMIENTOS ADECUADOS, NOMBRAMIENTOS NO TAN BUENOS

Que Félix Jiménez y Carlos Tapia hayan sido nombrados como consejeros presidenciales no debería llamar la atención. Se trata de personas que pertenecieron al entorno que lo acompañó desde el año 2006 y se trata de personas honestas y firmes en sus convicciones. Quizás si cabría que se explique cuales son las funciones de los asesores del Presidente de la República, a fin de evitar posibles choques con los ministros.

No sorprende que el señor Adrián Villafuerte haya sido nombrado asesor en temas de defensa y seguridad. El tema es que Villafuerte no es bien visto por muchos, sea porque llegó al entorno de Ollanta Humala por defender a Antauro cuando era oficial o por trabajar con el ex comandante general del Ejército César Saucedo, hoy preso por corrupción. Es cierto, Villafuerte no ha tenido procesos por corrupción ni otros temas, pero en un gobierno que debía mantener ciertos signos de distancia saludable con cogollos castrenses - por cuestiones de forma y de fondo -, digamos, le abre un flanco de críticas.

Lo que si ha sorprendido y para mal, es esta foto que publica Hildebrandt en sus Trece:

El señor en el círculo de la foto es Eduardo Roy Gates, conocido por todos por haberse desempeñado como abogado de Rómulo León Alegría durante los últimos años. Y hoy ha sido nombrado como asesor legal del Presidente (¿y el ministro de Justicia?). Ok, el patrocinio legal no descalifica a nadie perse. Pero la defensa hecha por el abogado llegaba a niveles de defensa de lo indefendible, como que “no había pruebas para condenar a Rómulo”. Pruebas hay muchas y si bien es cierto que a esta altura es injusto que RLA sea el único procesado de todo el caso Petroaudios que se esté comiendo prisión, tampoco es que León Alegría sea candidato a gestor de intereses del año.

Si Ollanta Humala enfatizó durante la campaña y en el mensaje presidencial que iba a combatir fuerte contra la corrupción, el nombramiento de un abogado que ha sido tan vehemente en la defensa de su cliente no es la mejor señal que se puede transmitir.

CANCILLERIA: ENTRE LO BUENO DE LA HAYA Y UNA GAFFE CON LA PRENSA

Una buena noticia se produjo en la Cancillería. La ratificación del equipo que viene conduciendo la demanda por límites marítimos con Chile ante la Corte Internacional de Justicia es un excelente signo de que habrán políticas de Estado que se continúen, sin importar el gobierno que inició el tema. Se trata de un problema delicado, en el que se requiere pericia y conocimiento, además de experiencia y lo mejor para el país es que un equipo que ha venido haciendo bien las cosas permanezca en su cargo.

El refuerzo del embajador José Antonio García Belaúnde, ex canciller, también es saludable, dado que es uno de los funcionarios públicos que mejor conoce esta materia.

No podemos decir lo mismo de otro signo expresado por la Cancillería esta semana. El ministro Rafael Roncagliolo condenó la portada en fondo negro que el diario Correo usó para repudiar la visita de Rafael Correa a Lima, luego de los incidentes que ha tenido el presidente ecuatoriano con la prensa de su país.

A estas alturas del partido, resulta innegable señalar que el presidente Correa pretende meterle miedo a la prensa que no está de acuerdo con su gobierno. Se puede estar de acuerdo o no con las posiciones de los diarios opositores a Correa, pero la reacción que viene teniendo el gobernante contra la prensa de su país que no se le cuadra es absolutamente desproporcionada y vulneratoria de las libertades de opinión y expresión que los tratados internacionales garantizan a los periodistas. Incluso, como señala Ramiro Escobar, esto le supone un mal negocio en términos políticos a Correa, además de las cuestiones de principio que aquí defendemos.

Por tanto, la portada de Correo, diario con el que hemos discrepado en muchas ocasiones (y lo seguiremos haciendo), era absolutamente correcta. Y que el Canciller se mande con una declaración como ésta lo deja bastante mal. Es cierto, el señor Aldo Mariátegui debería ser más enérgico en pronunciarse en casos cercanos como el cierre de radio La Voz de Bagua, o los despidos de periodistas de Canal N o de Rosa María Palacios. El doble standard que él acusa a otros es el mismo que él aplicó cuando, por ejemplo, Alan respaldaba a un gobierno violador de derechos humanos como el de China.

Aún asi, creemos que en este caso Correo procedió en forma adecuada, expresando su rechazo ante un personaje ante el cual las diplomacias no cuentan. El canciller debería rectificar este error.

INSEGURIDAD CIUDADANA: UN PROBLEMA MAYOR

El ataque sufrido por la familia del congresista Renzo Reggiardo, además de merecer toda nuestra solidaridad hacia él y sus seres queridos, ha vuelto a poner sobre la mesa el tema de la inseguridad ciudadana en el Perú.

Y digo en el Perú porque éste no es un tema esencialmente limeño. Como lo han demostrado los reportajes de INFOS difundidos durante las últimas semanas, en el norte del país la situación es de órdago. Y ello se debe, entre otras cosas, a la falta de metas cuantificables en el Plan Nacional de Seguridad Ciudadana, a las precarias condiciones en las que opera la Policía Nacional y, por supuesto a que:

En los últimos 10 años, el Perú vio pasar a 14 ministros del Interior: siete con Alejandro Toledo (Fernando Rospigliosi fue dos veces) y siete con Alan García.

— Eso nos da un promedio de 8 meses y medio por ministro. Imagínate una empresa donde el directorio cambia tan deprisa: ¡No camina! –dice Gino Costa, director de la ONG Ciudad Nuestra y ex ministro de dicha cartera-. Si el ministro rota mucho, también rotan los directores generales y eso genera gran inestabilidad en la propia policía.

El nuevo ministro del Interior, Óscar Valdés, ya ha anunciado algunas medidas concretas, como que los policías dejarán de resguardar entidades privadas y sanciones para los comisarios que no operen de manera adecuada. Hasta allí, parches. Lo que se requiere, además, es que incida en otros aspectos que ha señalado como diagnóstico, como la capacitación policial, la mejora de sus condiciones y ver como adecuará la investigación policial al nuevo Código Procesal Penal.

He aquí un reto importante y en el que, esperemos, el nombrado de la talla para ello, a pesar que no se conocían previamente sus ideas sobre seguridad ciudadana. Valdés también debería tomar en cuenta los consejos que da Lucía Dammert, experta en este tema.

Y hay cosas que se pueden hacer por parte de los ciudadanos. Ayer en Twitter salió una iniciativa que comparto y que todos deberíamos aplicar: no comprar cosas robadas. Si se genera un mercado de artículos robados, eso incentiva a que los delincuentes persistan en ello. Por tanto. he aquí algo que se puede hacer. Otra cosa es lo que recomienda Dammert en la entrevista que da a La República:

Entonces por un lado la sociedad deberá esperar señales políticas de sostenibilidad, pero por otro lado, la ciudadanía debe reconocer que el fenómeno del crimen no se resuelve ni con castigos más fuertes ni con mayores cárceles ni con más policías, sino que hay raíces sociales que permiten estos niveles de violencia y criminalidad.

Antes que ello, la cuestión es reclamar que se cumplan las normas vigentes y ver como enfocar el tema social, en forma complementaria a lo que se debe hacer desde la Policía y el Poder Judicial.

Finalmente, en los demás ministerios, se han comenzado a dar anuncios acerca de sus ejes centrales de acción. Se trata de un equipo en vías de afiatamiento pero, como se menciona en Hildebrandt en sus Trece, parece tener menos disidencias de las que se pensaba. Aún así, se requieren mensajes más claros en varios temas, como el de la Constitución o frente a las declaraciones de Antauro Humala que lucha para que permanecer el menor tiempo posible en la cárcel (algo en lo que estamos en desacuerdo). Y también se requiere afinar el mensaje de Lerner Ghitis para saber cuales serán las medidas en el campo social que se adoptarán.

No estamos ante un desastre de gobierno, como muchos que aún lloran por la herida de la derrota electoral señalan. Tampoco nos encontramos ante el mejor de los gobiernos, como los humalistas más fanáticos proclaman en redes sociales. Advertir a tiempo de errores y signos preocupantes es lo mejor que se puede hacer por el bien de un gobierno que debería entender que los gestos pesan, muchas veces, más que las palabras o que las obras físicas. Y aún le quedan retos aún más grandes por resolver.

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