Archivo de 2 Agosto 2011

Nota: Este artículo salió originalmente publicado en Ideele 209, aparecido a inicios de julio. Lo cuelgo hoy porque vuelve a cobrar actualidad con la conducta de Martha Chávez, los intercambios verbales entre ella y Fernán Altuve y las revelaciones hechas por Carlos Raffo sobre su salida. Sin duda, el fujimorismo tiene aun muchas cosas que resolver para convertirse en el bloque de oposición sólida que quisieran ser. Ahora sí, va el artículo.

A pesar de la derrota electoral, a primera vista el fujimorismo tiene varios logros que enumerar. Ha consolidado en un electorado fiel a un proyecto político, a partir de cierto grado de militancia, el agradecimiento a un ex presidente controvertido, el asistencialismo y la creencia en el “todo vale”.

Asimismo, tiene a su favor el arraigo, en un sector de peruanos, de una memoria que soslaya los crímenes de Alberto Fujimori, así como sus faltas éticas, a favor de su supuesta eficacia en materia de pacificación y política económica. Y, además, cuenta con la segunda bancada en importancia en el Congreso.

Sin embargo, debe hacer frente a retos difíciles, sobre todo para construir una identidad y una estructura que vaya más allá de su líder, preso en la DIROES. Veamos estas dificultades.

El reto inmediato: Ser oposición
En teoría, con 37 parlamentarios el fujimorismo debería ser la principal fuerza de oposición al gobierno de Ollanta Humala.

Durante el quinquenio que termina, ha sido la bancada más sólida, votó siempre en bloque y solo al final sufrió dos bajas. Además, contó con operadores como Rolando Souza y Santiago Fujimori, quienes se encargaban del trabajo cotidiano en el Congreso, mientras Keiko Fujimori recorría el país y completaba sus estudios de maestría.

Aun así, existen dudas sobre la coherencia de la nueva bancada. Los 13 parlamentarios fujimoristas electos para el periodo 2006-2011 pertenecían al núcleo más cercano a Fujimori, cuya lealtad quedó comprobada a lo largo de los años. Sin embargo, en el 2011, veinte nuevos parlamentarios fujimoristas son invitados, independientes o líderes regionales, cuya identificación real con la agrupación está por verse en los próximos meses.

Además, ni Souza ni Santiago Fujimori estarán en este periodo congresal, por lo que la disputa sobre los operadores parlamentarios está abierta. En el papel, Keiko Fujimori tendría que ser la líder más visible de la oposición. Con Toledo con un pie en el oficialismo, Susana Villarán abocada a sus tareas municipales (y compartiendo parte del espectro político con Humala) y los demás líderes políticos incinerados, solo queda Alan García para disputarle dicho espacio. Aunque ya sabemos de la habilidad del ex presidente y del APRA para convertirse en oposición.

Albertistas vs. Keikistas
Pero Keiko no las tiene todas consigo en el partido. El desarrollo de la última fase de la campaña electoral y las declaraciones públicas de Carlos Raffo contra Jaime Yoshiyama han hecho notar la disputa entre quienes desean que AFF siga siendo el timonel del barco y quienes quisieran consolidar tanto el liderazgo de Keiko como un viraje que les permita sobrevivir a la desaparición física del ex autócrata.

En el primer grupo se encuentran los que consideran que la candidata perdió las elecciones por no enfatizar el legado fujimorista y por intentar pedidos de perdón que no fueron creíbles. Aquí está la mayoría de voceros cuyos gazapos verbales (o raptos de sinceridad) terminaron siendo un lastre para la candidata.

En el segundo sector están quienes quisieran transformar al fujimorismo en una derecha popular, liberal en lo económico (enfatizando tanto en lo técnico como en los emprendedores, no en ciudadanos), pero profundamente conservadora en temas sociales, políticos y en materia de derechos humanos. Y ello con el liderazgo de alguien con menos anticuerpos que el inquilino de Barbadillo, es decir, su hija.

Los dos sectores coinciden en una agenda de punto único: la liberación de Alberto Fujimori; es la definición de cómo lograrlo lo que los separa. Por un lado están los que ya claman por el indulto humanitario y la compasión en cuanto programa de radio o televisión se presentan. Por el otro, quienes apuestan aún por los hábeas corpus de Nakazaki bajo la siguiente premisa: apelar al indulto implicaría que las sentencias quedarían firmes y, por tanto, Fujimori pasaría a la posteridad como un delincuente.

Colofón
Es notorio que un sector del fujimorismo quisiera representar una opción política conservadora, enfatizando en el orden, la inmovilidad del modelo económico y el clientelismo como única forma de integración de los pobres al país. Pero para ello deberán convencer a quienes se aferran al recuerdo de Alberto Fujimori de enterrarlo políticamente para todo efecto práctico.

De no hacerlo, probablemente el fujimorismo tendrá el mismo destino que predecesores como la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro o la Unión Nacional Odriísta. Luego de la desaparición o declive político de sus líderes, pasarían a ser la representación de los conservadores más radicales, perdiendo con ello a sus bases sociales para luego disolverse, como hizo Fujimori con el Congreso en 1992.

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Una de las designaciones más interesantes del gabinete Lerner es Francisco Eguiguren, quien ya asumió funciones como Ministro de Justicia el día de ayer. Eguiguren es un destacado constitucionalista, una persona seria y honesta, comprometida con cambios en este sector, que incluyen la creación de un viceministerio de Derechos Humanos, un área poco atendida en el gobierno pasado.

Ayer Eguiguren anunció a algunos de sus colaboradores en su nuevo encargo y, en términos generales, se trata de personas calificadas y con trayectoria. De hecho, en su sección Pepas, Diario 16 resalta que:

El ministro de Justicia, Francisco Eguiguren, anunció que en los próximos días se designará a Juan Jiménez Mayor como viceministro de Justicia. Se trata de un abogado de la Católica del Perú, especialista en derecho constitucional, y que ya ocupó ese mismo cargo durante el Gobierno de Transición. Fue también asesor de la Cancillería, y es catedrático de la Católica y de la Academia de la Magistratura desde el 2003. Otra buena noticia es que Eguiguren se jala al ex procurador adjunto Anticorrupción, Iván Meini, como su asesor. Su jefa del Gabinete de Asesores será Eda Rivas.

Hasta allí todo bien. Pero hay un nombramiento que el ministro Eguiguren debería explicarnos, sobre todo, por sus implicancias políticas y administrativas.

Esta mañana, en el diario oficial El Peruano, se publicó el nombramiento de Samuel Torres Benavides como Secretario General del MINJUS. De acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo:

El Secretario General asiste y asesora al Ministro en los sistemas de administración de la entidad, pudiendo asumir por delegación expresa del Ministro las materias que correspondan a este y que no sean privativas de su función de Ministro de Estado.

Está encargado de supervisar la actualización permanente del portal de transparencia de su respectivo Ministerio.

El señor Torres Benavides fue viceministro de Gestión Institucional en el Ministerio del Interior, durante la gestión de Octavio Salazar, en el gobierno pasado. Hasta allí no habria problema, ya que se puede requerir personas con experiencia en la gestión pública (y el señor Torres Benavides la tiene, basta con comprobar su currículo), sobre todo en un gobierno que necesita a gritos a gente que conozca el aparato estatal.

El problema es que Torres Benavides defendió como viceministro una extraña compra de portatropas israelíes que en el 2007 habían sido ofrecidos al MININTER a precio más bajo.  La compra terminó siendo cuestionada por la propia Policía. Si bien Torres no participó en la operación, terminó comprándose un pleito político donde terminó chamuscado.  De hecho, presentó su renuncia una vez que la compra fue anulada.

No dudo de la honradez de Torres Benavides. Pero sí considero que su actuación política fue errada en ese caso y, por tanto, le abre un flanco de crítica a un ministro con vocación de cambios importantes en su sector. Por ello, sería bueno que tanto él como el Ministro expliquen las razones que llevaron a su nombramiento. Y, en el caso de Eguiguren, si conocía este antecedente de una persona que ocupará a partir de hoy un puesto bastante delicado. Tienen la palabra.

ACTUALIZACION (03.08.2011): Los descargos de Samuel Torres en Perú.21:

El secretario general del Ministerio de JusticiaSamuel Torresdefendió su designación en dicho cargo que fue puesta en entredicho porque, en el 2010, cuando era viceministro de Gestión Institucional del Ministerio del Interior, defendió a capa y espada la compra de un lote de portatropas que, finalmente, fue anulada por presuntas irregularidades, lo que conllevó a su renuncia al cargo.

En diálogo con Perú.21, el funcionario expresó que está tranquilo pues ni la Contraloría ni la Fiscalía le atribuyeron responsabilidad en la adquisición fallida de los portatropas.

“Yo no tengo ninguna denuncia de índole penal ni administrativa, y sigo considerando que la compra de los portatropas fue bajo un procedimiento impecable. El mismo Órgano de Control Interno del Interior aseguró que no existió ni sobrevaloración ni irregularidad”, manifestó.

En otro momento, Torres consideró que “cuestionamientos como estos siempre se dan”, y refirió que, debido al “escándalo injustificado” que se hizo sobre los portatropas, el Ministerio del Interior no volvió a hacer compras de tal magnitud.

Para finalizar, declaró que ponía su cargo a disposición del ministro Eguiguren –a quien dijo conocer hace mucho–, y agregó que “si él lo considera, yo estoy dispuesto a dar un paso al costado”.

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