Archivo de 7 Junio 2011

En los últimos 30 años, dos tendencias se han presentado con los otros integrantes de la plancha presidencial, cuya función central es reemplazar al Presidente de la República en caso de fallecimiento o vacancia.

De un lado, hemos tenido vicepresidentes con ansias de figuración, procurando colocar temas en la agenda - sea parlamentaria o en la prensa - o que el partido de gobierno tenga un rol importante en el manejo del aparato estatal. Javier Alva Orlandini con Belaúnde, Luis Alva Castro con García 1, Raúl Diez Canseco y David Waisman con Toledo y Luis Giampietri en este gobierno han representado a esta línea. Por lo general, esto ha ocasionado pleitos con el Presidente de la República o con la opinión pública.

De otro lado, están los vicepresidentes fantasmas, sea por voluntad propia o porque el Presidente los aparta. En el primer caso se encuentra la actual segunda vicepresidenta Lourdes Mendoza del Solar. En el segundo están los segundos de Fujimori en todos sus gobiernos.

Ollanta Humala buscó tranquilizar a algunos sectores con la conformación de su fórmula presidencial. A sus partidarios de la primera hora, con la presencia de Marisol Espinoza, congresista hoy reelecta, en la primera vicepresidencia. Si bien ha tenido debates económicos con Mercedes Araoz en el pasado, parece haber pasado por la evolución que personajes como Daniel Abugattas han tenido en Gana Perú. Por eso no parece gratuito que ella encabece la comisión de transferencia del nuevo gobierno.

Distinta suerte ocurre con el otro integrante de la plancha, Omar Chehade, abogado personal de la familia Humala - Heredia y a quien muchos veían como el moderado y aperturista con otras tiendas políticas, quien ha terminado protagonizando la polémica en las últimas semanas.

Durante los últimos días de campaña, Chehade tuvo una gaffe monumental. En Prensa Libre dijo que las víctimas de Madre Mía pudieron haberse ido con subversivos y que no se había comprobado su desaparición. Mismo argumento de varios fujimoristas respecto a las violaciones de derechos humanos ocurridas en su gobierno. Tamaña insensatez mereció una cuadrada vía carta notarial de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. A Chehade no le quedó otra que mandar su propia carta y disculparse con las víctimas.

De hecho, ya este asunto ocasionó que Carlos Basombrío pusiera entre las alertas para los nombramientos decisivos al sector Justicia:

Finalmente, Justicia. Se necesita un jurista de verdad, que garantice la ley, la independencia de poderes y los derechos humanos. Alguien muy lejano, por ejemplo, al abogado vicepresidente Chehade, que ya nos ha dado muestras de lo peligroso que puede ser en estos temas. Basta recordar que hace pocos días dijo que los muertos de Madre Mía quizás estén vivos y en las filas de Sendero Luminoso y que los defensores de derechos humanos habían sobornado testigos para inculpar a su líder. (Parecido a Martha Chávez cuando La Cantuta).

Para complicar más las cosas, Chehade se mandó con un tema que no estaba en la agenda: el cambio de prisión de Alberto Fujimori. Tan perdido anda el vicepresidente electo que alguien insospechado de fujimorismo como el subdirector de La República, Carlos Castro, le dedica hoy estas líneas:

Omar Chehade confundió ayer los papeles: olvidó que es el virtual vicepresidente de la República y no el jefe del INPE o el ministro de Justicia. Asumiendo roles que no le corresponden anunció que después del 28 de julio el ex dictador Alberto Fujimori será trasladado a una cárcel común. Hace unos días debió rectificarse públicamente después de asegurar en un programa de TV que los testigos que acusaban a Ollanta por el caso Madre Mía habían sido “comprados” por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Justo cuando ésta era la impulsora de la campaña del No a Keiko.

Chehade es un destacado profesional pero un político poco prudente. Es cierto que Alberto Fujimori goza de privilegios que van más allá de cualquier recluso y que su celda en la Diroes fue utilizada como centro de la campaña de Keiko. La República denunció este hecho en varias oportunidades. Pero el traslado de Fujimori a otro penal no puede ser considerada acción prioritaria del nuevo gobierno y tampoco es función de OCH sino de una  comisión técnica, del INPE o del Ministerio de Justicia. Chehade deberá tener más cuidado y evitar disparar a los pies del futuro gobierno de Ollanta Humala del cual él es uno de los principales protagonistas.

Tanto Salomón Lerner Ghitis como Daniel Abugattas han terminado desautorizando las declaraciones de Chehade, quien tampoco se encontrará en la Comisión de Transferencia.

Como vemos, distinto y paradójico destino de las personas que podrían reemplazar a Ollanta Humala y que, además, son congresistas de la República. El moderado se volvió radical y la radical pasó a ser moderada.

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