Archivo de 3 Junio 2011

Comenzamos con 13, desertaron 3, llegaron 2 al partido final.

Cinco candidatos se convirtieron, rápidamente, en meros animadores de las dos exposiciones de ideas que hubo en primera vuelta. Ñique, Noriega, Pinazo y Reymer eran esperados más por la anécdota que por la propuesta. Distinto fue el caso de Rafael Belaúnde, personaje con ideas, pero con escaso carisma y poco aparato electoral para que su mensaje calara en el elector.

Lideró Castañeda al inicio. Pero hizo todo lo posible por perder: ensuciar la cancha con insultos, idas y venidas con un asesor venezolano que era más protagónico que él, denuncias fuertes que nunca supo aclarar, una lista parlamentaria con personajes transfugados o recogidos de otros partidos y ninguna idea fuerza.

Luego Toledo llegó a liderar por un buen tramo la contienda, con propuestas ubicadas más al centro - izquierda. Pero su perfil se fue desdibujando conforme entró en peleas sucesivas con Castañeda, Alan, PPK y Humala y las ideas se fueron perdiendo. Se confirmó aquella máxima histórica peruana: un presidente difícilmente puede volver a Palacio apenas dejando un periodo. Con todo, logró tener una mejor bancada que en el 2006.

PPK para muchos fue una esperanza. Para mi, sinceramente, fue un bluff. Y no lo digo por quienes, con buena intención, adhirieron a su candidatura, sino porque de los cinco postulantes centrales, era el más frágil. Una alianza pegada con babas, un plan de gobierno centrado en lo estrictamente económico - olvidando el mensaje social e institucional - y un candidato con cierto carisma en el sector AB, pero con absoluta incapacidad para llegar a los sectores populares.

En el camino parlamentario, también se dieron sorpresas. El APRA pagó caro cinco años de desmadre como partido, los escándalos de corrupción y poca preocupación social en su gobierno con una de las bancadas más escuálidas de su historia. Mientras que Fuerza Social y Cambio Radical no pasaron la valla electoral. El primer caso se recordará como uno de los de más rápida dilapidación de capital electoral en apenas 6 meses. El segundo, afortunadamente, fue un acto de salubridad política elemental. Aunque hubo actos de sanidad aún mayores.

Así, llegamos a una segunda vuelta con los dos males mayores para muchos, Ollanta Humala y Keiko Fujimori.  Los dos más cuestionados, pero a la vez, los que hicieron mejor campaña, hay que decirlo. A uno los programas focalizados y la moderación de imagen le sirvieron. A la otra, un gobierno paterno con pasivos que asustan en cualquier sociedad, pero con recuerdo grato en algunos sectores de la población. Y los que no votaron por ellos, pasaron por casi todas las fases del duelo (aunque algunos parecen haberse quedado en la negación).

Termina una segunda vuelta sin alegria, con mucha incertidumbre, tanto por el resultado final, como por lo que pueda venir después, gane quien gane. Cada quien ha tomado su decisión. Algunos le han dicho no a Keiko, otros no a Humala y hay quienes señalan que hay un tercer mal menor (el voto viciado).

Finalmente, luego del 5 de junio, tendría que quedarnos claro a todos que:

Ahí empieza una larga lucha por defender en todos los frentes lo que el 70% de los peruanos quiere: un modelo económico con libertad, que respete esta Constitución y garantice crecimiento con mejora de la redistribución. Y la misma lucha se dará por lo que el 80% de los peruanos no olvida: un país con libertades democráticas, sin ladrones y con pleno respeto a los Derechos Humanos.

Independientemente de lo que optemos finalmente el domingo, esa batalla y la construcción de identidades políticas que sean mejores que las alternativas que tenemos por delante, serán las tareas de los próximos años.

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