Archivo de 25 Abril 2011

En el terreno del discurso, Ollanta Humala ha dejado de lado a Hugo Chávez y se ha ubicado más cerca de Lula da Silva. Que ello se vuelva una realidad, como es la esperanza de Mario Vargas Llosa en su más reciente columna, dependerá de Humala, Gana Perú y sus flamantes refuerzos en su equipo de gobierno.

Sin duda, Lula ha tenido un gobierno visto como exitoso y su liderazgo ha permitido a Brasil tener una mejor posición económica, social y geopolítica que hace 8 años. Sin embargo, hay algunas cuestiones que Humala debería conocer mejor del modelo brasilero, es decir, sus flancos débiles, como para poder tener claro sobre qué tendría que tener cuidado (y que temas los ciudadanos deberíamos fiscalizar en dicha relación).

1. LAS EMPRESAS Y NEGOCIOS BRASILEROS

En una nota del diario El País de España, la periodista Jacqueline Fowks señaló cuáles son los intereses de Brasil a mediano plazo con Perú, a propósito de la vinculación entre Gana Perú y el PT:

“Hay muchas empresas brasileñas de construcción que ya han hecho grandes negocios con el Gobierno de Alan García a las que les interesa mantener esos privilegios. Brasil y Perú firmaron un acuerdo de cooperación energética del que los peruanos nos enteramos por los medios brasileños. El pacto prevé la construcción de varias centrales hidroeléctricas para proveer de energía a Brasil, entre ellas la de Inambari, la más próxima a la frontera”, añade la periodista. Brasilia además ha invertido mucho en el trazado de dos carreteras interoceánicas (una terminada y la otra en construcción) para tener acceso a los puertos del Pacífico peruano y de ahí saltar al mercado asiático.

De allí se desprende una pregunta que Humala debería responder claramente: ¿cómo manejará los conflictos sociales que se produzcan frente a empresas brasileras?

2. ¿HASTA QUE PUNTO PUEDE CEDER Y EXIGIR HUMALA?

En su columna de ayer, Farid Kahhat señala que ya no se podría ceder más de lo que los gobiernos de Toledo y García ya hicieron frente a Brasil. Y más bien, indica que camino debería tener Humala frente al gobierno brasileño:

De cualquier modo, no queda claro por qué nuestras reticencias debieran limitarse a la inversión procedente de Brasil. Casapalca, Shougang y Doe Run son empresas mineras cuyos pasivos en materia laboral y ambiental son de dominio público, y son, respectivamente, empresas de matriz peruana, china y estadounidense. El problema, por ende, no es la nacionalidad de los inversionistas, sino la ausencia de capacidad o voluntad por parte de las autoridades del Estado para hacer cumplir sus propias regulaciones.

Por último, si algo se puede decir en favor de Lula, es que al ser conminado por aliados menores a renegociar contratos leoninos, su gobierno estuvo dispuesto a hacerlo. Ese fue el caso de la hidroeléctrica de Itaipú, en el que Fernando Lugo consiguió no solo que Brasil pagara una tarifa más elevada por la energía sino, además, que una proporción creciente de esta pudiera venderse a clientes brasileños a su valor de mercado. El otro ejemplo es el de Evo Morales tomando por asalto las instalaciones de Petrobras, y consiguió que esa empresa pague mayores regalías, y que Brasil pague tarifas más altas por el gas que importa de Bolivia.

Así, el camino aquí viene más por mantener autonomía del aliado, tal como lo han hecho otros gobiernos afines.

3. LAS CONTRADICCIONES EN TEMAS DE DERECHOS HUMANOS

Finalmente, un terreno en el que Lula tuvo varias contradicciones fue en materia de derechos humanos. Si bien es cierto que tuvo logros en dicha materia (programas sociales de combate a la pobreza, igualdad racial, adopción de reglas internacionales sobre derechos humanos y reforma judicial), también tuvo algunas ambiguedades y temas pendientes.

Como mostró un reportaje reciente de Ideele, el gobierno de Lula tuvo una actitud ambivalente frente al Plan Nacional de Derechos Humanos aprobado en su gestión - y que tuvo que modificar por presiones, sobre todo en temas de amnistía a militares y unión civil homosexual -, así como a la agenda LGTB.

En relación con lucha contra la impunidad, su balance fue pobre, sobre todo, en relación con la Ley de Amnistía de 1979, declarada sin efecto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y algunas ambigüedades del gobierno de Lula frente a gobiernos cuyo record en materia de respeto a los derechos fundamentales era bastante malo - como Irán, por ejemplo - han tenido que ser corregidas en el gobierno de Dilma Rousseff.

Lo curioso es que algunos de estos puntos están en agenda hoy para Humala. La visita al Cardenal Cipriani supuso una ruptura con la comunidad LGTB en varios puntos, aunque algunos de ellos votarían por Humala como mal menor. El plan de gobierno de Humala ha sido claro en continuar con los juicios por violaciones de derechos humanos, pero no hace alusión a un Plan Nacional sobre derechos fundamentales. Y esta es una materia en la que bien le valdría diferenciarse de Keiko Fujimori.

En síntesis, es cierto, Lula es mucho mejor que Chávez, pero en su legado hay algunos pasivos y de prevenciones frente al Perú que Humala deberá tener claras, sobre todo cuando hay un 22% de peruanos que aún no deciden su voto o piensan viciarlo.

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