Archivo de 5 Abril 2011

Hoy se conmemoran 19 años de un hecho infame para nuestra patria: el (esperemos que) último golpe de Estado que ha vivido nuestro país. Y lo hacemos en circunstancias preocupantes: la hija del golpista puede ser presidente del Perú.

Por lo general, en esta fecha recordamos el recorte de libertades, el control de los medios de comunicación, las violaciones de derechos humanos, la corrupción de toda una década, en fin, las tropelías y delitos comprobados que hicieron del gobierno de Alberto Fujimori un autoritarismo mafioso.

Pero pocas veces se ha evaluado el daño que le hizo a la economía de mercado la instauración de un régimen autocrático.

Un mito a desmentir es que el golpe era necesario para que se hicieran las reformas económicas. Muchas de las normas que liberalizaron la economía fueron expedidas mediante Decretos Legislativos - es decir, normas con rango de Ley dictadas por el Poder Ejecutivo, con autorización del Congreso -. Henry Pease, en su libro “La Autocracia Fujimorista. Del estado intervencionista al estado mafioso” enumera 29 de ellas. Por ejemplo: la privatización de Minero Perú, Centromín Perú y Hierro Perú, la libre competencia en transporte urbano, promoción de inversión privada en los sectores agrario, hidrocarburos, electricidad, saneamiento, minería, pymes, la ley del sistema privado de pensiones, la ley del mercado de valores y varias de las normas marco para la inversión privada.

Por tanto, quienes se llenan la boca diciendo que la liberalización era imposible sin golpe, tienen aquí una evidencia contundente de que su afirmación es falsa.

Una segunda afectación estuvo en cómo la forma autoritaria afectó a las reformas de mercado. Las privatizaciones fueron pensadas en hacer caja y no en cuidar la competencia y la calidad de los servicios. Eso ha provocado que se cuestionen situaciones como el tratamiento ambiental de Doe Run, las tarifas de Telefónica o las faltas laborales de Shougang.  Las islas de eficiencia que se formaron - Sunat, Indecopi, SBS - a la larga, se vieron afectadas por los afanes de continuidad y control político del fujimorato. Y a la larga, Fujimori terminó abandonando el modelo para mantener su popularidad intacta y mantenerse en el poder. ¿Y no recuerdas Keiko, que tu papá nos dejó en recesión?

Tercer punto: corrupción. El costo económico de la misma es bastante alto, tanto en lo que se robó directamente, como en el dinero que no se utilizó para obras importantes para el país. Y al involucrar delitos económicos y financieros, terminó perjudicando la imagen pública de un sector empresarial que, en su mayoría, aplaudía a un autócrata que terminó fugando del Perú.

Y por supuesto, abusos. No solo hay descontentos con el mercado por la falta de inclusión, sino también porque durante el fujimorato existieron arbitrariedades en su ejecución. Quizás el tema laboral sea el más sensible, dada la cantidad de despidos injustificados.

Finalmente, porque nos ha legado a falsos liberales. Aquellos que se ocupan más de la caja fiscal, los estados de la bolsa de valores, las compras de empresas, las privatizaciones y que ignoran la otra cara del liberalismo: los derechos humanos y el Estado de Derecho. Aquellos que hablan de “fujimorismo soft”, de una cara amable de una autocracia, del resultado antes que el principio o que justifican los atropellos en defensa del “modelo”.

Ya sabes Keiko, tu papá, el autócrata, es el principal responsable de que las palabras “libre mercado” sea poco menos que un insulto para un gran sector de peruanos. ¿Defensores del modelo? Por el contrario, los fujimoristas son sus principales destructores.

Y que nunca más se repita una dictadura en el Perú. Somos libres, seámoslo siempre.

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