Archivo de 11 Febrero 2011

Durante muchos años, le guardé respeto a Caretas. Durante los años del fujimorato, fue uno de los pocos medios que se dedicó a investigar y hacer preguntas incómodas a un régimen autoritario. La misma faena la cumplieron - con clausuras y censuras - durante las dictaduras militares de Manuel Odría, Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez. Y varias de las plumas más notables del periodismo peruano han pasado o iniciado su carrera en la revista.

En los últimos años, no me he encontrado de acuerdo - en la mayor parte de los casos - con la línea editorial que ha tomado la revista - explícita en esta entrevista a Marco Zileri en Ideele -, en particular, en lo que respecta al gobierno o al caso Petroaudios. Pero hay situaciones que escapan a la mera discrepancia de pareceres y que implican otro tipo de reflexión.

Dos errores serios de la revista, en los últimos tiempos, han sido una denuncia contra Cecilia Valenzuela y José Ugaz basada en una entrevista que nunca se realizó, o los intentos vanos de involucrar a Rosa María Palacios y a su esposo sin pruebas en el caso de los Petroaudios (y de aminorar la responsabilidad de Jorge del Castillo). Sobre ambas cuestiones, la revista, a pesar de las evidencias presentadas sobre sus afirmaciones, nunca se rectificó y menos aún pidió disculpas.

Pero en estas últimas semanas, ya en campaña electoral, Caretas ha protagonizado dos patinadas de campeonato.

La primera de ellas no ha sido muy comentada y se produjo hace tres semanas. En la nota que daba cuenta de la existencia de la enfermera de Fujimori como postulante al Congreso, cometieron un error grave en relación con la ex congresista Luz Salgado:

El retorno de Luz Salgado, Carmen Lozada y Martha Chávez provocó la renuncia del congresista Rolando Sousa, quien pidió “no manchar la lista llevando a personas vinculadas con parientes envueltos en escándalos judiciales”. Los esposos de Salgado y Lozada, son prófugos por delitos cometidos durante la década del ’90.

La afirmación en el caso del esposo de Luz Salgado es falsa. Domingo Paredes, cónyuge de la ex congresista fujimorista y candidata al Congreso, jamás estuvo procesado por hecho doloso vinculado a la década de 1990. Y hay que decirlo también, Salgado salió absuelta de los cargos en su contra. La revista cometió un error en un dato clave. Como imaginarán, Paredes envió una carta a la revista y Caretas tuvo que pedir disculpas, aunque claro, no lo hicieron en un artículo sino en la respuesta a la misiva.

Como bien saben, en este blog tenemos abiertas discrepancias con el fujimorismo, pero no podemos dejar de anotar lo que es un error del tamaño de una catedral. Peor aún, cuando Caretas señaló que el reportero encargado de la nota “no cruzó la información”. Y más aún cuando el afectado es una persona absolutamente libre de cualquier responsabilidad política o penal.

El segundo hecho “no corroborado” vino en paquete en las últimas dos ediciones de la revista. A través de dos artículos bastante ambiguos, Caretas intentó mostrar presuntos vínculos de Perú Posible con el narcotráfico, a través de indicios bastante endebles. La semana pasada, la revista presentó una foto tomada al vuelo a Alejandro Toledo con Manuel Sánchez Paredes en 2006, en lo que luego se supo fue una de varias tomas en una reunión de la Asociación de Criadores de Caballos de Paso. La revista incluso habló de una supuesta investigación conjunta de la DEA y el Ministerio del Interior sobre el tema, cuestión que fue desmentida tanto desde La Encalada como en Corpac.

Ayer, la revista presentó los supuestos vínculos de dos sobrinos de Javier Reátegui - candidato a la segunda vicepresidencia por PP - con los Sánchez Paredes. Pero la presentación del reportaje tenía una serie de fallas que El Comercio reseñó en su página web (énfasis y links añadidos de DTP):

El periodista argumentó que su publicación descubrió que “un chico de apellido Reátegui” era dueño de un auto que visitó la minera de los Sánchez Paredes: “A partir de ahí se fueron estableciendo una serie de relaciones”. Sin embargo, tal y como acepta Zileri, estas relaciones familiares no fueron corroboradas con el mismo Javier Reátegui.

Más grave aún, en caso de haberse comprobado dicho parentesco, la publicación no aclaró de qué forma —a través de los Reátegui Reyna y luego a través de Reátegui Roselló— el dinero de los Sánchez Paredes había llegado a las arcas de la campaña de Perú Posible.

Ante esta afirmación, formulada por la periodista Patricia del Río, Zileri respondió: “Tienes razón. (Pero) La semana pasada el rechazo era total (al informe sobre presuntos nexos entre Alejandro Toledo y Manuel Sánchez Paredes), (dijeron que) era una patraña absoluta y que era inducido por Palacio. De no tener nada qué ver, ahora tenemos que hay unos Reátegui cerca de los Sánchez Paredes. Nos acercamos bastante. Esperemos que no sea su familiar”.

Zileri aclaró que “no decimos que hay aporte del narcotráfico (en PP) sino inquietud a nivel de inteligencia policial”.

Acerca de por qué “Caretas” no daba cuenta más bien de las relaciones del hijo de Luis Nava, secretario de Palacio de Gobierno, con el clan Sánchez Paredes, Zileri indicó: “Estamos en la coyuntura electoral”, olvidando que Nava es, justamente, candidato aprista al Parlamento Andino y que podría salir electo este 10 de abril. Antonio Nava, hijo de Luis Nava, es gerente de una empresa que transportó varias veces insumos químicos a la minera Comarsa, propiedad del referido clan.

Luego vino el desmentido de Reátegui, los intentos de Zileri de defender la “investigación” y una entrevista a una de las personas que era sindicada como “sobrino” de Reátegui y no tenía relación con el ex ministro. Al final, Marco Zileri ha reconocido errores y ha señalado su voluntad de rectificar la información. Veremos si cumple con ello.

Sin embargo, como hemos visto, más allá de un error puntual, hay errores en la verificación de datos que han afectado a personajes que se encuentran en las antípodas tanto en el periodismo como en la política. Y Caretas llegó a ser una revista respetada por muchos de sus 60 años de existencia fue, además del buen humor de la revista, la rigurosidad en el dato y en la investigación.

Si Caretas quiere volver a ser Caretas, tiene que volver a su esencia, antes descrita. Y más allá de amistades o preferencias políticas, ello implica que sea una ilustración de la realidad peruana, como lo dice su propio subtítulo. De lo contrario, Caretas será, como en los últimos años, una languideciente costumbre antes que un aporte.

(Foto extraída de aquí)

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