Archivo de 8 Diciembre 2010

A inicios de semana, una columna de Jaime Bayly sobre las reuniones sostenidas con varios líderes políticos con miras a su ya frustrada aventura como candidato presidencial remeció el ambiente político. La parte final del relato de Bayly aludía a una frase presidencial sobre las recompensas económicas del cargo - “la plata viene sola” - y una presunta alusión de Alan para dar un golpe de Estado si es que Ollanta Humala ganaba la elección.

El asunto ha terminado con una serie de replicas y dúplicas entre el Presidente y el periodista. Alan intentó convencernos de que Bayly lo había interpretado “literariamente”, mientras que el escritor insistió en su versión. Y aparecieron otras columnas sobre lo que allí se conversó. Hasta allí, versiones de parte, chismes de cena y el caso no pasaría de ser una anécdota, de no ser por la reacción de los nacionalistas.

Ayer Humala denunció - por enésima vez - una intencion de fraude. Vía Diario 16:

Ollanta Humala se presentó ayer ante la Fiscalía de la Nación para demandar que actúe de oficio e investigue una presunta conspiración contra el sistema democrático protagonizada por el presidente Alan García, a quien se le atribuye haber dicho que fomentaría un golpe de Estado para evitar que el líder del Partido Nacionalista llegue al poder.

Humala hizo un llamado a sus seguidores a fin que se movilicen hacia la sede del Jurado Nacional de Elecciones para demandar que esta institución se pronuncie también sobre este mismo hecho.

“El Perú tiene que entender que no podemos permitir más corrupción. Necesitamos un gobierno transparente y demócrata, y necesitamos defendernos contra cualquier intento de golpe”.

Cabe hacer dos precisiones. La primera - con riesgo a que los antihumalistas me linchen - es que creo que a Humala no le falta razón en parte de sus reclamos. Las impertinencias presidenciales que vulneran a todas luces la neutralidad electoral, la clara animadversión de García hacia Humala y el hecho que varios representantes del espectro político o empresarial piensen en privado que es mejor “sacrificar” la democracia al modelo económico le dan gasolina al comandante.

La segunda - con cargo a que los nacionalistas me digan “vendido al sistema” - es señalar que no existen pruebas de una conspiración en contra de Humala. Una declaración desafortunada de Alan no demuestra que existe un “golpe en marcha” como titula hoy La Primera. Tampoco hay otros signos que el plan contra Humala se producirá, sobre todo, considerando que su candidatura no levanta vuelo.

De hecho, creo yo que en la reacción de Ollanta han recaído dos elementos. El primero de ellos tiene que ver con la alta capacidad de generación de teorías de la conspiración que tienen los nacionalistas - sean los de la primera hora o los recién llegados - que ven en cualquier gesto de García un signo que apuntan a detenerlos. Ello está alimentado por los elementos antes mencionados, pero también por un profundo antiaprismo - y antialanismo - que considera que cualquier cosa que haga el APRA y García per se está mal o es delictiva. No en vano proviene de este sector la mayor proclividad a declarar culpable a García de corrupción y violación de derechos humanos, sin que haya mediado un juicio por ello (ello no implica dejar de reconocer las graves responsabilidades políticas de AGP en ambos terrenos).

Pero también existe una necesidad de posicionarse para la próxima elección. Humala ha perdido terreno gracias a sus propios errores, pero también a que Alejandro Toledo le ha ganado el título de “líder de la oposición”. Los nacionalistas consideran que, al posicionarse como víctimas de un gobierno desacreditado, pueden ganar réditos con miras a la campaña electoral. Además, buscan enfatizar con la idea de que sólo Humala será capaz tanto de hacer modificaciones económicas, así como de procesar - y encarcelar - a García, como leen que es el sentir de parte de la ciudadanía.

El problema es que esta lectura de la realidad tiene serias dificultades de salir adelante, sobre todo porque depende de un factor externo: Alan García. Y ya hemos visto que las intervenciones de García en la campaña le han salido bastante mal. Y los ojos de los ciudadanos, en su mayoría, no están tan concentrados en mandar a García al banquillo - algo que tendrá que sopesarse en su momento, con evidencias que vayan más allá de una declaración -, aunque sí en tener medidas concretas para evitar la corrupción. En ello Humala aparece tan o más indefinido que el resto de candidatos.

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(Foto: Diario 16)

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