
Hace 4 años, en la eleccion municipal del 2006, uno de los lugares que mayor atención conscitó fue Trujillo. ¿El motivo? La derrota del APRA en uno de sus tradicionales bastiones, a manos del empresario educativo César Acuña.
¿Por qué perdió el APRA hace 4 años? Las razones principales las pueden ver en un reportaje de Marco Sifuentes de aquella época, pero se resumen en aquella vieja tradición peruana de votar por un caudillo con carisma, la falta de renovación de cuadros y las divisiones internas apristas en La Libertad. Divisiones que se hicieron notorias con las acusaciones mutuas de vinculaciones con el narcotráfico entre dirigentes liberteños apristas hace unos años.
Cuatro años después, se recuerda la promesa que hizo Alan García luego de conocer la derrota:
En algún momento voy a recuperar Trujillo, aunque tenga que ser candidato a la Alcaldía de Trujillo, personalmente. Yo le voy a recuperar Trujillo a Haya de la Torre.
¿Será posible cumplir esa promesa? Tal parece que será bien complicado para el Presidente de la República hacerlo, no obstante las críticas que tiene Acuña en su gestión.
Carlos Castro, sub director de La República, publicó una columna hace unos días en la que detalló los pasivos y activos de la gestión de Acuña:
Más allá de estas reacciones, lo que se percibe es un inevitable desgaste en la popularidad y aprobación del alcalde trujillano. Se diría que es natural. Sin embargo, cuatro años después Acuña tiene deudas pendientes con su comunidad. No hay hasta ahora una obra que lo identifique o que sea el símbolo del gran cambio. Es más, las lluvias de febrero le trajeron problemas con las pistas que aún subsisten. Y lo peor es que dejó la percepción en sus votantes de que las obras ediles no tienen la solidez con las que se anuncian. A ello se une sus reacciones desproporcionadas frente a las críticas de sus opositores y de la prensa local: en algunos momentos ha calificado a los periodistas de “coimeros” y subsiste el tema de la seguridad ciudadana, aun cuando la responsabilidad principal recae en la Policía Nacional.
Frente a ello, la población lo ve como un político que no ha llegó a lucrar del cargo de alcalde, no cobra sueldo y no recibe ningún beneficio particular. Su fortaleza está en los jóvenes y en los sectores populares de Trujillo, en donde mantiene programas sociales como las Clementinas para niños de 3, 4 y 5 años que reciben útiles escolares en forma gratuita, y los profesores son capacitados sin que al municipio le cueste un sol. O los Pumas, voluntarios de su partido que ofrecen apoyo médico y obsequian las medicinas. Otro punto a su favor es la desaparición de los services al interior del municipio y la transparencia en la gestión edil: las sesiones son filmadas y se difunden en directo.
Pero Acuña no las ha tenido todas consigo. De hecho, su plan original era postular a la Presidencia Regional para, en el 2016, la misma fuera su Trampolín a la Fama con miras a la postulación presidencial nacional. Pero ahora lo tenemos en el caballo municipal de nuevo.
¿Por qué no postuló a la región? De acuerdo a lo que reportó Rodrigo Barrenechea para Argumentos, el gran respaldo que tiene José Murgia, el actual presidente regional, de las filas del APRA - aunque con un buen caudal propio de votos - es lo que le habría hecho desistir. Asimismo, según lo que se señala en dicho informe, Acuña tampoco pudo encontrar un reemplazo dentro de Alianza Para el Progreso que tuviera buena cantidad de votos, lo que revela algunos de los límites de un proyecto caudillista.
¿Y quién es su competidor aprista ahora? Se llama Daniel Salaverry y tiene un perfil parecido al de Murgia, según lo que indica Barrenechea:
Como sucede con Murgia, Salaverry tampoco es un ejemplo de un “aprista de base”. Empresario y presidente del tradicional equipo de fútbol trujillano de segunda división Manucci, no es un cuadro que forma parte de la estructura del partido y su trayectoria personal transita básicamente por el sector privado. Salaverry es empresario en el sector inmobiliario, lo que no resulta casualidad en una ciudad en la que los edificios crecen al acelerado ritmo que lo hace su clase media. Si bien el actual candidato figura en la actualidad como afiliado al partido y ha ejercido el cargo de regidor trujillano en el periodo municipal que termina, se encuentra más cercano a la figura del “apristón”, un amigo del partido.
Además, confluyeron en su elección el hecho que estuviera ajeno a los pleitos regionales de los últimos años dentro del APRA y que tuviera el respaldo de Palacio de Gobierno.
Sin embargo, sus opciones son complicadas. En el artículo ya mencionado de Carlos Castro se mencionan varios obstáculos, entre ellos, cuestionamientos serios:
Al igual que en las elecciones del 2006 el partido de Haya llega a este proceso dividido, lo que no ayuda a su campaña. Las bases mantienen sus denuncias de fraude y así se lo hicieron saber hace unos días a Carlos Arana, Sec. de Organización Nacional, cuando éste se reunía con Salaverry y la dirigencia del PAP en Trujillo. El candidato aprista es además cuestionado por presuntas irregularidades en la construcción de viviendas en el programa del Techo Propio, con su propia compañía. Y para remate hasta ahora no ha logrado entusiasmar a la población, según lo revelan las últimas encuestas de intención de voto, en donde Acuña mantiene el primer lugar.
Sin duda, estas elecciones en el norte estarán entretenidas, aunque urge que los candidatos planteen sus planes en seguridad ciudadana, quizás el mayor de los males que afecta a la Ciudad de la Eterna Primavera.




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