
Toda una sorpresa fue la elección de Carlos Roca como candidato a la Alcaldía de Lima. Tanto lo fue que las versiones sobre su elección han sido encontradas. Perú.21 informó al respecto lo siguiente:
Lo curioso es que el secretario institucional, Javier Morán, afirma que al candidato lo eligieron con 90 votos, mientras que el secretario general político, Wilbert Bendezú, asegura que Roca obtuvo 130 votos y que Juan Carlos Sánchez (uno de los cuatro precandidatos) apenas consiguió cuatro. Este último expresó a Perú.21 que no participó en dicho proceso.
Hace un par de días, en una entrevista en El Comercio, Javier Velásquez Quesquén dijo que su visión personal era que el APRA no debía presentar candidato en Lima, debido a que la plaza capitalina siempre le fue poco favorable al partido - salvo cuando hubo un balconazo de Alan anunciando el Tren Eléctrico y el Tio George pudo ganar -. De la misma opinión era Mulder. Es decir, saben que van a perdedor.
Para complicar más las cosas, Carlos Roca es más bien un militante lejano de los dos grandes grupos que han manejado el APRA durante estos años: los jorgistas y los cuarentones. De hecho, en una entrevista de abril de este año, Roca señalaba que la orientación económica del gobierno se debía a “la experiencia traumática del primer gobierno” y a la alianza con sectores conservadores, lo que decía sin poca desazón. Y también está en la línea de los que señalan añoranza por la Constitución de 1979 y por la vuelta “en algún momento” de Agustín Mantilla. Digamos, un aprista de base típico, lejano de las pretensiones de Alan.
Entonces, ¿por qué esta Roca de candidato? Algunas especulaciones las tenía Alvarez Rodrich:
La designación de Roca puede significar varias cosas: a) que Alan García no pudo persuadir a un mejor candidato para que asuma el papel de bonzo; b) que este no pudo persuadir a los 150 delegados a la convención aprista para elegir a un candidato con más posibilidad; c) que al Apra no le interesa esta elección; d) varias de las opciones anteriores a la vez.
Yo añadiría un argumento más. Al no pertenecer Roca a ninguno de los grupos incinerados con la crisis aprista de hace un mes y medio, tenía menos anticuerpos y ningún anticucho que exhibir en su historial, lo que animó al partido por optar por alguien que había sido, además, candidato en 1998. A ello se suma el hecho que ahora el principal dirigente es Wilder Bendezú, más cercano a las bases limeñas, que andan en la misma onda de “oposición interna con alanismo” dentro de Alfonso Ugarte.
Finalmente, está la explicación de Lauer, que alude a la revindicación personal del propio Roca:
¿Por qué aceptó ser candidato cuando tantos estaban diciendo no gracias? Algo de nueva oportunidad. Algo de revancha partidaria frente al gobierno. Algo de convicción de que candidatear al municipio acumula capital electoral para una nueva curul. Por último algo de gusto por la plaza pública y los desafíos de la oratoria.
Lo cierto es que, frente a dos candidaturas bien posicionadas y grupos más pequeños con candidatos haciendo campaña desde enero, lo cierto es que Roca parece ser una candidatura más por cumplir o para ser el furgón para que al menos algún regidor cercano a Jorge del Castillo - varias fuentes hablan de su hijo Miguel, recordado por el caso RBC, o su nuera Patricia Lozada, ex conductora de televisión, como posibles cabezas de listas de regidores - pueda tener presencia en el Consejo Metropolitano.
¿Ocurrirá lo mismo para la candidatura presidencial del APRA?




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