
A pesar que Alan García ha querido bajarle el tono, lo cierto es que el APRA está en una crisis mayor que las puyas que se han soltado en Alfonso Ugarte este fin de semana.
Para comenzar, tenemos el tema coyuntural: esta suerte de APRA RBD en torno a la no salida de sus secretarios generales cuestionados, en un blindaje digno de mejor causa. Recordemos cual es la causa de su posible salida: serias denuncias sobre corrupción y lobbies indebidos.
La cuestión no va solamente por decirle “reyezuelo” y “desleal” a Alan, sino también hacia afuera, achacando cualquier denuncia a una campaña mediática a favor de Alejandro Toledo. Este último punto no es solo atribuible a ciertos comentaristas de este blog, sino también a Aurelio Pastor, cercano a Jorge del Castillo. En el fondo, el mensaje es este: “si los secretarios generales salen, es como si admitieran su culpabilidad”.
Si bien coincido con que la corrupción no es un patrimonio exclusivo del aprismo - basta ver a Fujimori, representante del gobierno más corrupto de la historia republicana o leer a Basadre sobre los casos del guano y los consignatarios de la deuda de la independencia - lo cierto es que el impacto de la misma ha sido fuerte dentro del partido. De hecho, que muchas de las bases de provincias estén movidas en torno a este tema denota que hay un sector dentro del APRA que está en contra de estas prácticas.
Pero tambien es cierto que el impacto ha sido mayor en un sector de la población - sobre todo, clase media y alta - por una razón en particular explicada ayer por Marco Sifuentes:
Pero si una desventaja tiene este gobierno con respecto a los anteriores es que todos sus faenones, desde los más célebres hasta los más guardaditos, están registrados casi hasta el mínimo detalle en Internet. Es cierto que ya otros regímenes han visto documentadas sus corruptelas en la web, especialmente el toledismo (y, siendo justos, comparada con la actual la corrupción de la era Toledo casi enternece por lo amateur). Sin embargo, García asumió la presidencia durante el auge de la web 2.0 en el Perú, es decir, en una etapa en la que potencialmente cada ciudadano con acceso a Internet podría denunciar -o al menos dar pistas de- corruptelas.
En otros sectores, menos conectados a lo digital, el impacto de los audios, sumada a los recuerdos del primer gobierno aprista y a los vladivideos, dejan de nuevo en entredicho al partido más antiguo del país. Cierto es que hay un grupo importante de personas que sigue pensando como máxima en el “no importa que robe, mientras que haga obra”, pero que otro sector importante del país tenga menos tolerancia a los faenones - y a la impunidad frente a los mismos - también explica porque la aprobación del gobierno sigue siendo baja. De hecho, el problema detectado como el principal en esta gestión es el de la corrupción.
Si a ello le sumamos la poca claridad que el aprismo de base tiene sobre cual es la orientación económica o social del gobierno - cuestión soslayada en Alfonso Ugarte y Palacio de Gobierno -, lo cierto es que hay una crisis más de fondo en el APRA, que, más que en esta coyuntura, probablemente García tenga que enfrentar con mayor fuerza el 29 de julio de 2011.
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