
Crónica de una emboscada anunciada. Ayer miembros de Sendero Luminoso asesinaron a un joven suboficial de la Policía y a dos trabajadores del Corah, el programa estatal de control y reducción de cultivo de coca en el valle del Huallaga.
Los indicios de que el ataque se produciría en cualquier momento eran varios. Ya “Artemio”, el líder senderista en la zona, había dicho que volverían a hacer ataques, mientras que la relación entre los comuneros del Huallaga y los funcionarios del Corah era bastante tirante. Estos elementos debieron ser analizados claramente por la Policía Nacional, que es la encargada del combate a esta facción subversiva en esta zona del país.
Sin embargo, la crisis general en la que se haya la Policía Nacional, producto de las desastrosas gestiones que hemos tenido en este quinquenio en el Ministerio del Interior, ha hecho mella.
En agosto de 2009, Gustavo Gorriti señalaba lo siguiente:
De la misma forma, el hecho que la situación en el Huallaga esté tanto mejor que la del VRAE es resultado en gran medida de una eficaz acción de inteligencia policial. Hasta hace pocos años, “Artemio” era tan fuerte como los senderistas del VRAE, pero los sucesivos contrastes que sufrió lo han debilitado considerablemente.
¿Quiénes son los policías que lo enfrentan? Buena parte son los veteranos históricos del GEIN, incluido el actual jefe del Frente Huallaga, el general PNP Luis Valencia Hirano. Pese a operar con presupuestos ridículos, con menos policías especializados que antes, sin viáticos, con pocos medios, la PNP mantiene la iniciativa porque es hábil, conoce el tema y tiene el método adecuado.
No es verdad que haya habido una buena colaboración militar en el Huallaga. Ha habido constantes roces entre jefes militares y policiales, y desde el momento en que la captura de Artemio se convirtió en una posibilidad real, la competencia se hizo mayor. Es cierto que los actuales jefes militares hacen ahora esfuerzos por mejorar esa situación, pero se trata de acciones recientes.
Pues la situación se ha complicado. En diciembre, Valencia Hirano fue pasado al retiro por “renovación”, esa causal tan usada para liquidar carreras prometedoras por celos políticos o rivalidades internas. Y comenzaron de nuevo los problemas. De hecho, hace unos meses, el propio Valencia señalaba esto a Ideele Radio:
“En dos o tres oportunidades hemos tenidos la oportunidad de capturar a “Artemio” y justamente porque nos falló la radio (no se concretó la comunicación) hacia la central de operaciones. Relativamente (está) supeditado a un solo satelital, a un solo teléfono satelital que lamentablemente no es uno de los mejores”, dijo en el programa “No Hay Derecho” de Ideeleradio.
“Este tipo de problemas se ha tratado de superar el año pasado. De alguna manera se ha logrado avanzar, pero más que nada exhortar al comando institucional (Ministerio del Interior) para que de una vez por todas, dote al frente policial a las unidades que están combatiendo día a día (en el Huallaga) con los recursos que realmente necesitan”, solicitó.
Yo digo, si Sendero es el principal problema de seguridad interna que tiene el país, ¿por que la Policía anda con tan pobres recursos de logística, comunicaciones y armamento? Quizás la respuesta esté en las disputas policiales que describió la semana pasada Carlos Basombrío:
Segundo, las rencillas y los celos del ministro con el director han generado un clima interno muy enrarecido. Muchos atribuyen a Octavio Salazar el seguimiento de inteligencia a Miguel Hidalgo, así como la difusión de hechos de su vida privada, los que por un reglamento disciplinario cavernario se convierten en faltas graves. (¡Qué legado, doña Meche!)
En los quince años que sigo de cerca lo que ocurre en la Policía no recuerdo un solo caso en que un ministro nombre una comisión de generales, los más antiguos, para investigar a su propio director general. Menos, todavía, que ellos lo encuentren responsable y pidan su baja, dada la norma disciplinaria vigente.
Ahora bien, el general director sigue en el cargo (porque ya que no tiene apoyo del ministro, lo tiene del presidente). En cambio, el teniente general Arturo Dávila, respetado en la institución y quien presidió la investigación, ha pedido irse a su casa al sentirse burlado.
Si en la cabeza las cosas cojean, luego no nos extrañe que la inteligencia policial comience a flaquear. Y ello, recordémoslo siempre, fue lo que permitió tener a la cúpula senderista donde debe estar, en una prisión.
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