Archivo de 22 Abril 2010

Hace algunos años, en su libro sobre el caso Langberg, un tema de narcotráfico que implicó a parte de la cúpula aprista a inicios de los ochenta, Gustavo Gorriti decía esto sobre la relación entre Enrique Zileri y Alan García:

¿Qué periodista no quiere un acceso así con, primero, el candidato favorito y después el Presidente de la República? El problema es la pregunta inversa: ¿qué presidente no quiere un acceso asì con el director de uno de los medios más influyentes? Y el otro problema es que entre adolescentes, sean precoces, puntuales o tardíos, la amistad y sus lealtades es lo más importante. Claro que Zileri - gran periodista antes que nada - no dejó de criticar a García cuando fue indispensable hacerlo, pero aun entonces se sentía la tensión del amigo forzado a critica a quien te ha dado su amistad y confianza.

Esa amistad le hizo bien a Garcìa, pero no a Caretas. Me imagino que Zileri no estará de acuerdo con lo que digo, pero en este asunto creo que, entre los veteranos de la revista, su director está en minoría absoluta. Pocas cosas tan nobles en la vida como la amistad y la lealtad a ella, pero me temo que esa nobleza puede convertirse en peligro cuando se introduce en la relación entre la prensa y el poder.

Lamentablemente, ello viene ocurriendo de nuevo con la revista, pero esta vez, con Jorge del Castillo. Hoy Caretas dedica un artículo extenso en el que lo defienden - y de paso a Daniel Saba, otro afectado con los audios de esta semana - y en el que se dedican a atacar a la periodista que sacó el nuevo audio de esta semana: Rosa María Palacios.

No es la primera vez que lo hacen. Caretas sostenidamente ha atacado a dicha periodista y a su esposo, tratando de vincularlos al tema de la interceptación telefónica. E incluso no supieron responder a como desde el blog Ombloguismo se desbarató el que era su principal argumento de vinculación con este caso: una falsa declaración del ex empleado de Business Track, Martín Fernandez Virhuez. Y desde las filas del montesinista diario La Razón, se habló de fuga del país en algún momento. (A ello súmese la columna de Aurelio Pastor en Correo de hace dos semanas)

A ello deberíamos sumar los despidos de Fernando Ampuero, Pablo O’Brien y Augusto Álvarez Rodrich del grupo El Comercio, dos de los cuales han sido minimizados por la revista en esta edición, comprándose la versión que tuvo dicho grupo para dejar de lado la investigación sobre los Petroaudios que se hizo durante un año.

(Esta malsana costumbre de pegarle al mensajero ha venido desde el primer día en este tema. De hecho, ayer la bandeja de comentarios de este blog se llenó de frenéticos fanáticos de Jorge del Castillo que no dudaban en defender con gruesas faltas de ortografía al ex premier como si se tratara de la Madre Teresa de Calcuta y en hacerme ataques personales. No es la primera vez ocurre una situación como esta vinculada al mismo personaje. Ya antes usaron un blog para hacerlo).

Volvamos a Caretas. La revista también saca un sorprendente editorial en el que el atacado es Alan García por no defender a Del Castillo y en la que le recuerda su defensa en los 90s. Curiosamente, Del Castillo se ha encargado de recordarnos durante esta semana como Alan era vilipendiado en los 90s en el propio Alfonso Ugarte.

La revista también achaca a Gianotti una campaña de desprestigio contra JDC. Es cierto que las declaraciones de la “analista” de BTR deben ser investigadas y corroboradas, pero también tendría que hacerse la expurgación con lo dicho por el congresista. También sorprende que la revista haya variado de posición cual péndulo hacia quien antes era alguien digna de protección. Y por supuesto, cabe mencionar que el diario La República hoy confirmó que el audio Caanán - Saba no vino de Gianotti, sino que estaba en un lote incautado a Elías Ponce Feijóo, grabación que junto a otras 109 no fueron derivadas al juez encargado del caso Petroaudios por parte de la magistrada María Martínez.

Finalmente, Caretas sostenidamente ha señalado que este es un tema de dos sinverguenzas - Quimper y Rómulo - y no ha analizado a profundidad el caso que inició este embrollo, que Marco Sifuentes ha recordado bien en estos días:

Dos meses después del sismo, Alan eliminó los aranceles al cemento importado. En cristiano: el Gobierno dijo que, como había que “reconstruir” Pisco, el cemento que se producía en Perú no alcanzaba y, por tanto, se tenía que traer cemento baratito de fuera del país.

La principal beneficiada por el Decreto de Alan fue la poderosa cementera mexicana Cemex.

Los círculos empresariales peruanos se volvieron una olla de grillos. Los rumores decían que detrás de ese decreto estaba Hernán Garrido Lecca. Después de todo, era sabido que el popular “Llanta Baja” había estado detrás de la incursión del Banco Azteca en el Perú (tal como reportamos en este blog) y otros negocios mexicanos.

Así se formó lo que luego Fernando Ampuero llamaría “una liga de industriales” peruanos que se sintieron traicionados por el gobierno.

Y aquí es cuando volvemos a la Giannotti y a sus colegas de la empresa Bussiness Track (a) “BTR”. Tal como han demostrado diversas publicaciones de Ángel Páez, César Romero y Ana Véliz de La República, los chicos de BTR recibieron un encargo muy especial: chuponear a la cementera mexicana y a todos los vinculados a ellos.

De hecho, BTR recibió más de un millón de soles -en plena época del chuponeo- desde las cuentas de cuatro empresas del grupo Rizo Patrón, de Cementos Lima. Por cierto, tampoco se salvó de la interceptación la cementera portuguesa Otorongo, cuyo competidor directo es Cementos Yura, del Grupo Gloria, de los Rodríguez Banda. (Ambas empresas han negado en varias ocasiones que sus contratos con BTR tuvieron que ver con el espionaje, pero resulta imprescindible seguir analizando esta pista, nota de DTP)

Y también hay que resaltar lo que dijo Gorriti hace unos días:

Pero lo que sucede en operaciones clandestinas como ésa es que cuanto más distante queda el comando y control, mayor vigencia adquiere el principio de las consecuencias imprevistas. Así, por ejemplo, uno de los blancos centrales del espionaje electrónico: Hernán Garrido Lecca, salió casi indemne del proceso (por lo menos hasta ahora); mientras que Jorge del Castillo, una persona apreciada por quienes indujeron u ordenaron el chuponeo, resultó siendo uno de los más afectados por el mismo.

Lástima que una revista que otrora luchó contra la corrupción y el autoritarismo termine afectada por sus cercanías a determinados políticos. Como dicen por allí, a veces sólo es necesario un día para traerse abajo una trayectoria. Desafortunadamente, hace rato que Caretas no hace honor a su historia.

(Caricatura: Carlín para La República)

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