Archivo de 21 Abril 2010

Ayer se resolvió temporalmente el conflicto en Islay. Como ya deben haber escuchado en las noticias, un sector de ciudadanos del distrito de Cocrachacra protestaba por la presencia futura del proyecto minero  Tía María, concesión de cobre de Southern Perú.  ¿El motivo? Varios agricultores del valle del río Tambo temen que el uso de las aguas pueda perjudicar sus cultivos.

Una vez más estábamos el añejo conflicto entre la agricultura y la minería, con una empresa que no sabe explicar mucho las ventajas del proyecto (¿lo iban a hacer por Facebook? Además dejaron de actualizar, mal uso de la web 2.0), dirigencias radicalizadas y un Estado ausente.

La solución a la que se ha llegado es la formación de una comisión técnica que evalúe los documentos de impacto ambiental, que trabajará durante 90 días, tiempo durante el cual el proyecto no tendrá actividades. Dado que esta solución no tuvo un final con muertos que lamentar - como en Chala - no faltará aquel que pida aplausos y palmas para Javier Velásquez Quesquén por haber solucionado un conflicto limpiamente.

El tema es que una visión como esa resulta siendo mediocre. Y lo es porque JVQ ha terminado atrapado en el mismo esquema de conflictos y solución de los mismos que viene desde el toledismo: alerta de la Defensoría del Pueblo que es ignorada, radicalización del conflicto con toma de infraestructura - por lo general, la carretera -, radicalización del lenguaje del gobierno como frases tipo terrorismo vial o spots poco inteligentes, desalojo o intento de desalojo y diálogo en mesa.

Hemos terminado en un círculo vicioso en el que las demandas de un grupo de peruanos son ignoradas o poco atendidas, tanto por indolencia como por las deficiencias del Estado peruano y del gobierno de turno, los ánimos se exacerban entre el “quiero que me escuchen ahora” y el “radicales que toman carreteras”, pero al final ambos actores se terminan sentando a la mesa. Es decir, es la violencia de ambos lados - verbal, bloqueo, excesos en el desbloqueo - la que termina prevaleciendo como mecanismo de presión para tener una mejor posición a la hora de dialogar.

Lo peor es que terminamos creando fantasmas. De un lado, se dice que toda la actividad minera per se es destructiva, mala, nociva y perjudicial, cuando hay empresas mineras que sí tienen este tipo de prácticas y hay otras que no las tienen. O que todos los movimientos sociales responden a una dinámica levantística contra el libre mercado lo que, dependiendo del extremo del espectro en el que nos encontremos, puede significar que “el pueblo por fin acabará con el modelo neoliberal” o “hordas manejadas por Humala están detrás de todos los paros”.  De allí que, sobre este último punto, el diagnóstico de Carlos Melendez me parezca relativamente certero:

¿Qué tal si el problema está en la intermediación política? Primero, hay que dejar de creer que los partidos son tales. Los partidos no existen. Segundo, hay que dejar de creer que los líderes son omnipotentes. El país no tiene líderes, para bien y para mal. No tenemos figuras populistas, ni outsiders, ni “azuzadores”. No Fritz, firme. A esos que publicas sus fotos, no le hacen caso ni en su casa. Tercero, no hay movimientos sociales detrás de las movilizaciones. No, querida amiga de la escuela francesa. Touraine mismo dijo que se equivocó. No, Javicho, lo siento, el pueblo no se está levantando tampoco. No hay una organización social poderosa que está agitando las masas. Aldo, firme, estamos lejos de ser Bolivia. Lo cual es peor, quizás. Porque la conflictividad social actual no tiene dueño. No tiene alguien que las urnas lo eleven al sillón presidencial (lo que pasó con Evo). Por lo tanto, la representación electoral es una falacia que termina exacerbando la brecha entre la sociedad y la política. La distancia entre Chala y la PCM es tan grande como entre el dirigente del paro y el alcalde de su mismo distrito. El problema, sugiero, es que no hay intermediación, y por lo tanto no hay legitimidad, ni representación, ni gobernabilidad.

En esa encrujcijada, en la que los actores de un lado tienen demandas muy concretas, aisladas y efímeras, y en las que de los del otro no saben que hacer para solucionarlas más allá de radicalizarlas más, está el Perú del 2010. ¿Hay alguna salida?

MAS SOBRE EL TEMA:

Otra Mirada: Lecciones del conflicto en Islay

Comments 7 Comentarios »

Creative Commons License
Desde el Tercer Piso by José Alejandro Godoy is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.