Archivo de 16 Abril 2010

El 30 de mayo serán las elecciones presidenciales en Colombia y la campaña electoral se viene animando desde hace varias semanas, gracias a dos personajes.

El primero ha sido el presidente actual, Álvaro Uribe Velez, que jugaba con la posibilidad de su segunda reelección. Hay que recordarlo, Colombia no tenía tradición de reelección inmediata, pero se modificó la Constitución para que Uribe pudiera postular una vez.  La Corte Constitucional de ese país, quizás el tribunal constitucional más sólido de América Latina, había señalado en su momento que el presidente sólo podía postular una vez al cargo. La vía legal que se planteaba para superar este obstáculo era un referéndum de reforma constitucional.

Si bien Uribe mantiene un amplio apoyo popular - sobre todo, por el tema de la seguridad y el buen manejo económico -, para analistas como Eduardo Dargent, la segunda reelección era un tema que polarizaba mucho a la clase política e institucional colombiana. El Poder Judicial viene procesando a los diputados vinculados con los paramilitares, la mayoría de los cuales eran uribistas, así como acusaciones sobre negociados que permitieron la primera reelección. A ello se sumaba la tentación de simpatizantes y opositores para suceder a Uribe, el rechazo de un sector del empresariado a la reelección y, además, el carácter clientelar de la política colombiana. Como lo registró bien Carlos Melendez, la compra de votos o la coerción para acudir a votar de parte de los caciques locales es un fenómeno “tradicional” en el país del norte. Y no todas las clientelas iban a apoyar a Uribe para este propósito.

Desde fuera, además, eran cada vez más las voces - con Mario Vargas Llosa a la cabeza - que decían que la re-reelección de Uribe ponía en peligro a la democracia, debido a la falta de alternancia de una persona en el poder.

Al final, fue la Corte Constitucional de Colombia la que le dijo no a Uribe en sus intentos reeleccionistas. Lo que hizo la Corte fue ratificar en líneas generales su precedente anterior sobre la materia. Lo curioso es que comenzaba una tendencia a la baja para el referendum de reelección.

Asi las cosas, con Uribe fuera de la carrera electoral, se nos presentaba este escenario, planteado por Melendez:

Por las calles de Bogotá se dice que Juan Manuel Santos (ex ministro de Defensa y responsable de la Operación Jaque) es el hombre más feliz del país. Con la decisión de la Corte, el candidato del Partido de la U es el favorito a ganar la primera vuelta de mayo, aunque espera el “guiño” presidencial (el respaldo oficial de Uribe). Sin embargo, se discrepa mucho sobre la lealtad política que le guardaría Santos de salir elegido. Andrés Felipe Arias (más conocido como “Uribito”) quizá resulte el más incondicional al gobernante saliente, pero aún tiene que disputar la candidatura del Partido Conservador con Noemí Sanín, otrora candidata presidencial y ex funcionaria del gobierno. El ex alcalde de Medellín, Santiago Fajardo, y el congresista Germán Vargas Lleras también entran a la disputa por los votos que deja Uribe. ¿La izquierda? Bien gracias. Gustavo Petro tiene un 13% de respaldo, pero ello parece ser su techo político.

Pues las cosas se han ido decantando. Santos es el candidato oficial del Partido de la U y es quien tiene mayor opción para ganar, aunque hasta ahora el escenario de triunfar en primera vuelta parece serle esquivo. En el partido Conservador, en una elección apretada, Sanín obtuvo la nominación. Petro se ha ido desinflando de a pocos y su agrupación de izquierdas distará mucho del segundo lugar que obtuvo en la elección anterior.

Pero quien ha revolucionado el panorama es un viejo conocido de la política colombiana: Antanas Mockus, ex alcalde de Bogota en dos oportunidades. Sobre él, Marco Sifuentes resumió lo siguiente, en septiembre de 2006, cuando vino a Lima:

Mockus es el filósofo y matemático que aplicó -entre otras- las teorías de Habermas para solucionar los problemas de Bogotá (en especial, su Teoría de la Acción Comunicativa).

Gatopardo lo describe muy bien: “Durante los últimos años Antanas Mockus se ha consolidado como un paradigma de la política colombiana. Es escandalosamente honesto para el estándar de la clase política. Ha sido dos veces alcalde de Bogotá y ha manejado una estética que roza lo rocambolesco con la inteligencia suprema.”

Lo entrevisté el martes, en Bogotá. Me sorprendió lo pausado y reflexivo que puede ser un tipo que se hizo famoso enseñando las nalgas cuando era rector de la Universidad Nacional o disfrazándose de Super Cívico en su segunda gestión municipal. Conversamos más de una hora. Yo simplemente no podía creer que existiera un académico tan desprejuiciado ni un político tan sensible y, menos aún, que una sóla persona fuera ambas cosas.

De entrada, el ex alcalde no partía muy bien en las encuestas, pero fueron pasando varios hechos que lo fueron consolidando. El Partido Verde, liderado por Mockus y otros ex alcaldes, obtuvo 5 senadores y 4 diputados en su primera elección. Luego, en sus primarias, participaron un millón y medio de personas. Posteriormente, consiguió aliarse con Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, quien también postulaba a la presidencia, pero cuya mala performance en las parlamentarias de marzo le restaba opciones. Como lo registran en La Silla Vacía, el mejor portal de internet que cubre estas elecciones, la unión les convenía a ambos.

Ya con ello Mockus se puso segundo en las encuestas, del cual no ha bajado a pesar que ha confesado recientemente padecer del mal de Parkinson en fase temprano.

Y si bien los políticos colombianos tácita o directamente no usarán el tema de la salud de Mockus en campaña, lo cierto es que se confrontan dos estilos distintos de gobierno, en lo que ya parece ser una pugna entre Santos y Mockus. Comenta Juanita León de La Silla Vacía:

Los colombianos hemos visto llorar a Antanas Mockus más veces de las que hemos visto llorar a hombres cercanos a nosotros en la vida íntima. Lo hizo cuando le tocó renunciar a la rectoría de la Universidad Nacional por bajarse los pantalones, lloró cuando el paro de los taxistas durante su mandato, y lo repitió cuando ganó la consulta verde.

Juan Manuel Santos, en cambio, es el hombre de la mano dura: el que pone a correr al ‘Mono Jojoy’ como una ‘rata’ cuando llega a su escondite, el que bombardea el campamento de Raúl Reyes, el que le paga la recompensa al guerrillero que mató su jefe y luego le cortó la mano. Y el que trae a Ingrid de vuelta a la libertad mediante una operación basada en la astucia.

Antanas Mockus pide perdón, a veces con gran histrionismo como cuando quiso volver a la Alcaldía después de haber dejado el cargo para ser candidato presidencial, por no ser coherente con su discurso. Santos dice que “solo los imbéciles no se adaptan a los cambios”.

Antanas reconoce que necesita un traductor, sabe que sus mimos y sus disfraces pueden ser fácilmente objeto de burla, que andar con una Constitución en la cabeza es ridículo, e igual corre el riesgo para poder transmitir su mensaje. El candidato de la U contrata los mejores asesores gringos –los que le ayudaron a Bill Clinton a ganar- para que le ayuden a minimizar cualquier posibilidad de equivocarse.

Cuando era Alcalde de Bogotá y las Farc lo tenían amenazado de muerte por sus campañas de resistencia contra la guerrilla, Antanas no optó por doblar su esquema de seguridad ni por militarizar la ciudad. Mandó a hacer un chaleco blanco con un hueco a la altura del corazón. Su arma contra las Farc, además de rescatar el valor del argumento y mejorar los procesos de inteligencia, fue exponer su fragilidad para poner en evidencia la estúpidez de las armas.

Juan Manuel Santos lideró las operaciones militares más letales y efectivas contra la guerrilla. Estuvo incluso dispuesto a violar el territorio vecino para dar de baja al segundo guerrillero de las Farc. Y cuando quedó en evidencia la transgresión fronteriza, lejos de pedir perdón, usó el argumento de la legítima defensa. Santos, como Uribe, se crece en la confrontación con sus adversarios y quizás por eso, los reta. Responde más duro, conoce sus debilidades y los ataca por allí. Juan Manuel Santos quiere ser el heredero del Presidente que actúa como un macho alfa y que se ufana de serlo.

Como vemos, dos estilos distintos para afrontar el legado de la prolongada era Uribe en Colombia, cuyo principal protagonista hace campaña abierta por su candidato a pesar de las restricciones legales, mientras que Mockus tendrá que ir a convencer a partidarios del mandatario saliente para que voten por él. Una elección que se presenta bastante interesante.

BONUS TRACK: Propaganda del Partido Verde usando a Uribe hablando bien de Mockus en 2003

(Foto: Semana.com)

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