Archivo de 19 Marzo 2010

Desde hace varios meses, la blogósfera peruana viene discutiendo sobre los cambios que deberían existir sobre la regulación de derechos de autor en el Perú.

Si quieren ponerse al día con el debate, podrían ver lo que se ha escrito en Economía de los Mil Demonios, El Morsa.pe, Blawyer o un entretenido programa que tuvimos con Fátima Toche sobre la materia. Para los que quieren ver las posiciones del otro lado, me remito a las columnas que Armando Massé venía escribiendo en La República.

Dicho esto, me van quedando claras algunas constataciones:

1. Tenemos un sistema legal sobre derechos de autor que viene quedando anquilosado. Así como el avance de la impresa y el surgimiento de la economía de mercado fueron los hechos que produjeron que los Estados reconocieran la existencia de los derechos de autor (tanto morales - es decir, el reconocimiento por la autoría - como patrimoniales - el derecho a explotar la obra o a disponer de ella con un fin económico), la tecnología ha puesto a prueba la forma como se vienen concibiendo los derechos de autor, sobre todo, en cuanto al aspecto lucrativo.

Internet nos ha puesto al alcance, de diversos modos, el acceso a diversas manifestaciones artísticas. Y de otro lado, los costos de reproducción y copiado de las mismas se han reducido sustancialmente. Esta libertad de acceso ha hecho que la forma de entender diversas industrias culturales, sobre todo en el campo de la música, comience a variar, sobre todo, en lo que respecta al giro del negocio.

2. ¿Y que hay con la piratería? Para entender este fenómeno, más allá de lo punitivo, recurro al Morsa:

es una actividad económica como cualquier otra. los vendedores de polvos azules básicamente trabajan porque hay una demanda de películas que el mercado no puede abastecer. en la medida que el mercado formal de películas es elitista y cerrado a los que compran por internet y tienen la plata para hacerlo (porque si quiero ver hedwig and the angry inch, debo mandar a traer el dvd de estados unidos), polvos azules permite que una enorme cantidad de gente acceda a información que de otro modo no lo pudo haber hecho. es democratizante, desde cierto lugar de enunciación.

Lo mismo, por cierto, se podría aplicar al tema de las fotocopias de textos, tan frecuente entre los universitarios, como lo ha analizado Rocío Silva Santisteban.  La falta de acceso a textos de calidad, debido a su costo o a la desidia de universidades y librerías, generan una demanda que es atendida de esta manera precaria.

¿Y es la solución al problema? Todo indica que no. Y no por un tema punitivo. Nuevamente, a leer a Bustamante:

Muerto el soporte físico (soporte magnético -cintas, cassettes-, y prontamente los discos ópticos -cd’s, dvd’s), la circulación de bienes culturales se dará sobre la transmisión y descarga digital. En Estados Unidos, por ejemplo, la tienda iTunes de Apple se alista para vender películas por internet (es decir, que se descarguen por internet). Aquí es casi seguro que en los próximos meses veamos que las cabinas públicas serán también lugares de venta de música: “Trae tu llavero memoria USB, y descarga toda la música del Grupo Néctar por una luca”. No es nada difícil de imaginar. Mientras tanto, INDECOPI sigue peleando porque no se vendan discos en El Hueco.

Claro, en un país donde la brecha digital es aun grande, esto demorará, pero el futuro parece decantarse por esta vía.

3. ¿Y entonces? La discusión se concentra en llegar a un equilibrio que contemple a usuarios que, por el acceso fácil, no se vean limitados y, del otro, la demanda de autores y productores para que, de alguna manera, su esfuerzo también se vea reconocido económicamente.  Ello implicaría que se debatan modificaciones no sólo a nivel de cada país, sino, fundamentalmente, a nivel internacional, dada la existencia de tratados sobre la materia, así como de los capítulos existentes en los acuerdos de libre comercio sobre esta materia.

Sin embargo, en lugar de discutir, lo que tenemos son confrontaciones. Estados que por presiones sancionan penal o administrativamente a sitios de descarga, redundar en el caracter “delincuencial” de quienes acceden a material vía Internet o las luchas casí a nivel de cruzada que tienen las sociedades de gestión colectiva.

El debate en el Perú es aún incipiente pero ya ha tenido una primera bronca fuerte, sobre todo, con APDAYC, bronca alimentada por las destempladas reacciones de sus directivos, quienes no admiten que el negocio de la música está teniendo grandes cambios y se han convertido en una mera entidad de cobro coactivo, sin posibilidad de diálogo alguna.

Como dice el amigo Mildemonios, las amenazas y los amedrentamientos legales no son el camino para arribar a una solución. Desafortundamente, esto ha ocurrido en el caso de la demanda por difamación agravada interpuesta a Marco Sifuentes por Armando Masse, a raíz de una columna escrita por el primero sobre la actuación del segundo. Como pueden ver leyendo la columna - que fue parte de un debate amplio entre ambos personajes (ver aquí, aquí, aquí y aquí), se trata de una opinión y, como tal, no puede ser materia de sanción penal. Queda en cada quien solidarizarse o no con esta demanda y yo lo hago porque considero que la misma no tiene mayor fundamento.

Termino. Creo que en este debate sobre los derechos de autor no se trata de tal o cual persona tiene la razón. La idea es que discutamos en serio cual será el modelo que requerimos de acuerdo a la realidad. Y si algo aprendí cuando estudié Derecho es que lo peor que le puede pasar a un sistema normativo es quedar traspasado por la realidad. Ello ocurre en muchas áreas en el Perú. Que no nos pase en ésta.

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(Imagen sacada de aqui)

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