Archivo de 18 Marzo 2010

Sin duda, el Perú es un país en el que no nos terminamos de sorprender y en el que los vuelcos políticos son, además de rápidos, bastante curiosos.

Todo comenzó en diciembre, cuando el gobierno cometió el grave error de indultar a José Enrique Crousillat, bajo consideraciones de salud que, tanto a la luz de diversos exámenes, como de las evidencias que tenemos hoy, no implicaban un peligro de muerte o una situación que ameritaba el mismo.

Ese error, avalado en ese momento por el gobierno en pleno, fue acallado por las bombardas de Año Nuevo, hasta que las apariciones públicas de Crousillat comenzaron a hacer evidente que estabamos ante una gran estafa, con sacada de lengua incluida. Pero, hasta allí, el gobierno hacía caso omiso de cualquier advertencia.

Todo reventó cuando se montó la denuncia sobre la adquisición de América Televisión, que terminó siendo una bomba que estalló en las manos a todos. El gobierno terminó con el sanbenito que se venía “la toma de García sobre América” con la posible entrada de Crousillat, las pruebas presentadas fueron tan endebles que cayeron a menos de 24 horas de presentadas, el candidato al que se pretendía dañar de taquito respondió con los reflejos que no tuvo en toda su Presidencia y medios y periodistas que tienen fobias conocidas hacia el grupo El Comercio han terminado defendiendo lo indefendible.

(Paréntesis: Varios de los comentaristas de este blog han atribuido a su autor una actitud demasiado blanda o proclive a Alejandro Toledo o a los actuales dueños de América Televisión. Los invitaría a leer, tanto mi balance del gobierno anterior - que no precisamente es favorable al ex presidente -, como dos situaciones en las que discrepé abiertamente con El Comercio y La República: la salida de Augusto Álvarez Rodrich por respetar los principios rectores del grupo El Comercio y el plagio que se hizo en la sección de datos de La República de un post que hice sobre el Tribunal Constitucional en el 2007. Y sobre el caso del 4 y Toledo, les convendría leer Caretas, una revista que no es precisamente enemiga de este gobierno)

Para complicar más el panorama, luego se sumaron las denuncias de la cercanía profesional entre el ex presidente de TV Perú, amigo del Presidente, y la familia Crousillat, así como la destemplada actitud del ex ministro Aurelio Pastor, convertido en una versión andante de La Tribuna de los años 30, cuando el APRA y El Comercio se odiaban a muerte.

De allí en adelante las cosas vinieron en picada: Crousillat puso pies en polvorosa para intentar jugar “al juzgado del Cono Norte” en Motupe, le dieron orden de captura por una investigación sobre corrupción de funcionarios vinculada al indulto, se anuló el indulto (aunque la motivación no ha sido precisamente la más feliz) luego de varias advertencias que para muchos parecían una forma de decirle “por favor, hermanito, vete de una vez” y Pastor entró en derrape total. Más que El Comercio, quien terminó botando a Pastor fue el propio Aurelio Pastor con su tendencia al error, a pesar que ya todo el elenco aprista quería salir lo más pronto posible de un problema que parecía una tormenta de nieve.

Mirko Lauer comenta hoy el resultado final de esta tragicomedia de equivocaciones:

Antinomias que demostraron ser malos instrumentos de análisis, y peores instrumentos para la práctica. Solo se ha logrado convertir a Toledo en un proto-mártir, proclamar a los cuatro vientos el gigantesco poder de la sigla MQ, poner al gobierno bajo sospecha, recordarle al Apra sus catacumbas, y jaquear una carrera política de cierto éxito.

Para calmar las aguas, García ha optado por una jugada audaz que a su vez es un buen nombramiento: colocar a Víctor García Toma como Ministro de Justicia.  García Toma es un abogado de bastante prestigio, que tuvo un muy buen paso por el Tribunal Constitucional y actualmente estaba como Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima. Y sus primeras medidas apuntan a cambios que refuerzen las medidas contra Crousillat.

Si bien es difícil que en el último año de gobierno se hagan cambios de fondo, lo cierto es que García Toma tiene la oportunidad para, por lo menos, hacer algunas modificaciones que mejoren la situación en un sector donde, sin llegar a los extremos del Ministerio del Interior, no hemos tenido a personas muy interesadas en mejorar las cosas. Y se trata de un puesto delicado, del que depende la implementación del Código Procesal Penal, los penales, la defensa legal del Estado, buena parte de la política sobre derechos humanos y el tema de los indultos.

Con esto García calma la crisis, pero no la parará hasta que se capture a Crousillat y brinde al país garantías  absolutas que no querrá meter la mano en los medios en año electoral. Son estas cuestiones de fondo las que aún quedan en pie.

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