Archivo de 6 Febrero 2010

Si bien es cierto que los obituarios generalmente dicen cosas buenas por compromiso, en el caso de Emilio Lafferranderie, lo bueno que se pueda decir no es una fórmula o ganas de quedar bien.

Don Emilio, presencia ineludible en nuestras pantallas y en nuestras radios desde inicios de los años ochenta, cuando vino a residir a nuestro país, fue el mejor de nuestros periodistas deportivos. Y digo nuestros porque, a pesar de nunca dejar de ser uruguayo, se identificó con nuestro país, nuestro fútbol, nuestra comida y con lo que somos los peruanos.

El Veco fue un extraordinario cronista. En El Gráfico, la revista argentina que marcó época durante varias décadas, quedan muchas de sus mejores estampas. Y más recientemente, El Comercio lo tenía como uno de sus mejores colaboradores.

Los análisis del Veco no estaban exentos de humor. Y no me refiero solo a los chistes de gallegos con los que matizaba sus transmisiones o su programa en RPP. Don Emilio tenía la saludable costumbre de imprimir una ironía sobria, lejos del estilo estridente de sus colegas deportivos. No era tampoco el opinólogo destructivo o quien era capaz de todo por un titular. Era crítico, pero estaba lejos del insulto fácil, la polémica barata o meterse en la vida privada del deportista. De allí que todos en el mundo del fútbol y fuera de él lo respetaran.

Jorge Barraza, otro habitual columnista de El Comercio, lo describe:

Periodista de oficio; antaño no había escuelas ni universidades específicas. A pesar de ello, ¿por qué los periodistas de antes eran más elegantes en el lenguaje, estaban mejor pertrechados culturalmente que los de ahora?, inquirimos. “Sigo escribiendo con dos dedos, como cuando la Olivetti, empírico total. Éramos universitarios, quizás leíamos más a los grandes escritores, paso fundamental. Nos regábamos y las frases salían más sueltas, las metáforas asomaban”.

El Veco es un crack de tres banderas: nació y adquirió su sólida formación en Uruguay, brilló durante 20 años en Argentina, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y finalmente recaló en el Perú, medio que lo valora en su justa dimensión: un grande del periodismo deportivo.

La mayoría de los jóvenes busca recetas, claves, secretos para ser buen periodista. ¿Existen? “No creo que existan como un catálogo. Hay lecciones, pero cada quien las tiene que ir descubriendo. La mejor lección de periodismo que recibí en mi vida me la dio don Constancio C. Vigil, el fundador de ‘El Gráfico’: Él decía: Si una nota no provoca una sonrisa, no suscita una lágrima o no genera una discusión, esa nota no sirve para nada. Un periodista debe generar algún tipo de sentimiento“.

Se extrañará su hora del recreo, su análisis ponderado y su respeto por el deportista. Don Emilio, gracias por los buenos momentos que nos hizo pasar a todos los hinchas del fútbol.

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