A pesar que Carlos Raffo se mande con cortinas de humo twitteras para olvidarlo, hoy se celebra la aparición del video que comenzó a revelar el grado de podredumbre que alcanzó el gobierno de Alberto Fujimori. Luego de ver a Vladimiro Montesinos pagarle su pase a la bancada oficialista a Alberto Kouri para que Fujimori tenga mayoría parlamentaria, no tuvimos duda alguna de que aquellas denuncias que se venían mencionando desde inicios de la década de los noventa eran, en su mayor parte, bastante ciertas.

El fujimorismo fue - mejor dicho, es - un proyecto autoritario, que no cree en la democracia para alcanzar los fines de gobierno y que montó el aparato de corrupción más grande de la historia republicana peruana.  Desde una cúpula centrada en Fujimori y Montesinos, se fueron creando varios círculos de cooptación del poder, a través del cual, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y la reforma económica, se fueron corrompiendo a personas y estableciendo redes en diversas instituciones.  En la década de 1990, la corrupción ya existente se centralizó, se aumentó y contó con mayores recursos para el aprovechamiento de los recursos del Estado.

El autoritarismo del régimen no solo fue un fin en si mismo, sino que se convirtió en un instrumento para evitar cualquier investigación judicial o periodística sobre los delitos cometidos.  Asimismo, con el pretexto de la introducción de reformas del mercado al país y con las privatizaciones y concesiones, algunos empresarios y funcionarios estatales en la parte económica también se beneficiaron a través del manejo de información privilegiada o con irregularidades en los contratos de concesión o privatización. Desafortunadamente, este último punto no ha sido suficientemente investigado y sancionado por el Poder Judicial peruano.

Una vez concluido el régimen de Fujimori, las cosas pasaron a otro grado. En el prólogo de Petroaudios, Gustavo Gorriti detalla lo que ocurrió, sobre todo, en relación con las empresas y los espías:

Cuando cayó Montesinos, el centro se disgregó, pero se mantuvo un cierto orden. Como el manejo económico apenas sufrió modificaciones y las grandes empresas pasaron de un escenario bueno a otro mejor, sus estructuras de servicios, desde los estudios de abogados hasta sus compañías de seguridad y sus funcionarios de relaciones públicas, permanecieron igual o crecieron.

Pero ya no había SIN, el árbitro de último recurso, con su costosa y centralizada presencia.

Un contingente de espías técnicamente calificados se encontró sin empleador, mientras que jueces, fiscales, dueños de medios y accionistas de empresas quedaban sin alguien que les dijera qué no hacer, qué hacer y por cuánto.

La adaptación no fue difícil. El arte del lobby se hizo más complejo —aunque siempre dentro del ámbito de lo asequible— y requirió mejores servicios profesionales. Como las empresas y estudios de abogados precisaban mejor información, los espías desempleados con capacidad técnica no quedaron mucho tiempo sin trabajo.

Una de las consecuencias lógicas de esta situación fue la conexión clara entre Estado, empresarios y espías. De hecho, la principal revelación de Petroaudios es que uno de los espías que hacía espionaje industrial también habría colaborado en la campaña electoral del actual Presidente de la República. Y que García confió en estas personas para librar su seguridad personal y, en parte, la del país. Se trataba de la privatización de la inteligencia, en un contexto en que el Presidente confundía su rol de impulsor de las inversiones necesarias para el país y la generación de empleo con un ujier de ciertas corporaciones o el determinador de quien entraba o no a invertir en el país.

Pero las conexiones también se dieron a nivel de empresarios y espías. Carlos Melendez comenta las consecuencias de esta relación:

Este tipo de empresas terminan jugando roles claves en la toma de decisiones, ya que ofrecen servicios que lindan con el delito (muchas veces pasando los límites de lo permisible, claro está) y que justifican medidas represivas. En una década caracterizada por los conflictos entre intereses privados de grandes empresas extractivas y de organizaciones sociales incapaces de mediar las demandas sociales, el manejo de la información y las “medidas de control social” (sic) resultan claves para la definición de los desenlaces, como sucede a menudo con los conflictos sociales. Ante la imposibilidad del diálogo y la negociación, básicamente por ausencia de intermediación estatal, la oferta de servicios de espionaje y de represión resulta atractiva para tomadores de decisiones que desconocen la lógica social y política de los espacios donde operan sus intereses. Azuzando los temores –como el miedo que meten las Farc o el Chavismo continental–, se justifica la contratación de services de “seguridad de la información”, y las reuniones de los comités de directorio de empresas privadas caen ante la seducción de las exposiciones de marinos en retiro especialistas en vender conspiraciones y prometer “estrategias de defensa” que terminan en un balazo en la pierna a algún dirigente social (caso real).

Por tanto, más allá de las anécdotas y de los faenones, quizás sea necesario pensar en las consecuencias que la corrupción está generando en el país o como se emparenta con otros fenómenos sociales.  Con las distancias que median entre el fujimorato y este gobierno, hemos pasado, en aras de un supuesto fin necesario para todos, a otro tipo de corrupción.

¿Cómo la combatimos?  Para comenzar, dejando de tener miedo de procesar a quienes estén involucrados en estos temas, sobre todo, cuando cuentan con gran poder económico.  Ello nos ayudará a separar a los buenos empresarios de aquellos que no lo son. Y claro, también impidiendo que la seguridad del país vuelva a estar en manos de quienes quieren medrar a costa de ella, sea desde el Estado o desde empresas privadas. Y para ello todos, Estado, empresas y demás actores de la sociedad deberán estar dispuesto a transparentar sus prácticas.  Con ello, quizás los peruanos desconfiemos menos de los funcionarios públicos y los empresarios.

4 Respuestas a “DE LOS VLADIVIDEOS A LOS PETROAUDIOS”
  1. Luis Enrique dice:

    Señor Godoy:

    1. Como usted lo expresa, de momento que no se ha desmontado la esencia del fujimorismo -que, como lo describe bien, no es otra cosa que una estructura para hacer negocios- este continúa sin sus principales actores (Fujimori y Montesinos) dando la cara.

    2. De lo cual se deduce que lo que llamamos corrupción es en realidad un mecanismo mafioso por el cual las instituciones nacionales no tienen la facultad de impedir que las grandes empresas locales y los grandes monopolios extranjeros se apoderen de los grandes recursos naturales y no naturales del país.

    3. Las ideas de “Modernidad” y “Liberalismo” que se sembró durante la dictadura y que aún se mencionan en cuanto discurso oficial se pueda fueron un sinónimo de “dejar invertir a las empresas” en todo el Perú y sin ponerles ningún tipo de traba; más aún, dándoles todas las ventajas posibles para que inviertan más. Todo bajo el supuesto engañoso que eso traería “bonanza y bienestar” para todos los peruanos.

    4. Pero al final, 20 años después de la “bonanza” (que solo la vieron las grandes familias peruanas) ahora resulta que estamos en el “ajuste” (¿ajustarnos de qué? ¿Qué pasó para que ahora nos tengamos que ajustar? dirá el poblador peruano). Sin embargo todos los poderes del Estado siguen siendo una rémora de lo que fueron durante el fujimorato: las empresas entran como es su casa sin ningún reparo ni ecológico, ni de seguridad ni de ética.

    5. Esto es lo que permite que se regale la selva peruana sin ninguna ventaja para el futuro del país y se entreguen riquezas como el puerto de Paita, violando todas las reglas de la lógica, el derecho y el debido proceso. No es la tierra de nadie: es el garbanzal del empresario que sabe que todo, todo el sistema está diseñado para que él, con la magia de su dinero, se apodere de lo que quiera.

    6. Pero ¿la magia del dinero lo resuelve todo? Dice el dogma capitalista que el dinero es el principio y el fin de la existencia, y que por conseguirlo todo se justifica: la inmoralidad, la ética, los valores, la fe… todo debe supeditarse a la lógica de conseguir el preciado dinero. Nada debe estorbarlo puesto que, si lo hace, será por cuestiones ideológicas, comunistas, chavistas y humalistas. Pero ¿no fue esa incontenible ansiedad de dinero lo que ha producido la llamada actual crisis financiera, ocasionada por los grandes empresarios en su desesperado afán de ganar por ganar, sin importar que con ello destruyeran el sistema que les daba de comer?

    7. Creo que, más allá de la corrupción actual, existe la corrupción intelectual, ideológica y moral que habita hoy en las almas de todos los peruanos y que nos hace aceptar todo, incluso la destrucción de la Tierra, con tal de hacer buenos negocios. Nadie cree hoy que solo con la ley se pueda ganar plata; todos estamos convencidos que es a través de los “faenones” cómo se logran las cosas; esto lo piensan desde los Picasso, los Romero, los Brescia hasta el más humilde peruano. La pregunta es: ¿traerá esta nefasta convicción alguna consecuencia negativa o no “pasará nada”? ¿No se dice que toda acción trae su reacción, que toda corrupción trae su Robespierre, que después de una Sodoma viene el castigo de Dios?

    8. Si la revolución empieza a llamar a las puertas ¿será solo por culpa de los que la propician o más bien de los crearon este estado de barbarie donde solo la ilegalidad permitía hacer los “buenos negocios”? Será entonces cuestión para que la traten los pensadores, aunque por ahora no los hay en el Perú. Todos los jóvenes están estudiando PADES y Economía y Finanzas. Ya ninguno quiere perder su tiempo en cuestiones sociales porque son obsoletas, no llevan a nada bueno y no producen dinero. El Pragmatismo puro de esta nueva Edad Media mundial.

    Muchas gracias.

  2. César dice:

    Para quienes sí se preocupan por los terroristas

    Mañana Martes 15 de setiembre el Congresista Isaac Mekler tendra un arduo debate con el abogado de Abimael Guzman Alfredo Crespo.
    Dicho debate se llevará a cabo a las 7 am por ATV noticiero Primer Reporte

  3. La campaña electoral del 2011: entre el clientelismo y la tecnocracia « Crónicas desde el avispero dice:

    […] La persistencia de estos rasgos preponderantes dentro de nuestro régimen político, que están presentes desde 1980, demuestran el cinismo y la fatalidad que carcomen al votante promedio al momento de emitir su voto en las urnas, muy a pesar del crecimiento económico de los últimos años. Por lo que aún se evidencia a un 68% de los limeños insatisfechos con la democracia, mientras que un 63% se encuentra poco o nada interesado en la política. Uno de los culpables de este grave problema también lo es la izquierda, a diferencia de lo que pareciera creer Javier Diez Canseco. […]

  4. chino dice:

    Qué extraño que Alfredo Palacios y Roberto Miranda, tan ubícuos siempre, no comenten nada,…

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