Archivo de 31 Agosto 2009

Es cierto que en política peruana nunca hay que decir que alguien está muerto del todo. Nuestro Presidente actual es el mejor ejemplo de ello. Pero Lourdes Flores Nano confirmó en estas semanas que su deceso político es cuestión de poco tiempo.

Flores Nano es una persona honesta y consecuente con sus ideas, pero con bastantes errores en su carrera de esta última década que podrían reseñarse a continuación:

- Una plancha interracial e interideológica que no dio resultado, al juntarse con Drago Kisic y José Luis Risco.

- Un adjetivo paterno - auquénido de Harvard - que mandó una elección al diablo.

- No saber sacudirse de la etiqueta de “candidata de los ricos” que le endilgó Alan García. Su mejor muestra: Arturo Woodman.

- Fuga de “talentos”, es decir, de sus aliados, todos por las filas de este gobierno: Julio Velarde (Presidente del BCR), Antero Flores Araoz, Rafael Rey, el propio Woodman, Francis Alison. Y a ellos se puede sumar Luis Castañeda, cuyo partido es afín al gobierno.

En fin, podríamos seguir enumerando, pero la cereza sobre el pastel fue la de esta semana. Explica Carlos Basombrío:

Pese a dos derrotas consecutivas como candidata presidencial, Lourdes Flores sigue apareciendo en las encuestas y parecía mantener alguna posibilidad de conseguir el  “a la tercera va la vencida” -a lo Mitterrand en Francia o Allende en Chile- y tapar así la boca a los que la daban por muerta políticamente.

Digo parecía, porque su reciente decisión de presidir el directorio de la nueva aerolínea Peruvian Airlines, a mi juicio termina siendo la gota de agua que le quita la poca chance que aún tenía.

Resulta que la aerolínea pertenece a César Cataño Flores, quien está procesado por presunto lavado de dinero, como ha confirmado la implacable procuradora antidrogas Sonia Medina (en realidad, investigado en el Ministerio Público, nota de DTP).  Además,  según El Comercio, Cataño tiene historia: “…cambió su nombre tras verse involucrado, en 1983, en un proceso judicial por tráfico de drogas, ya que su verdadero nombre es Adolfo Carhuallanqui Porras. Sin embargo, este salió absuelto de la investigación”.

A Lourdes Flores no le queda duda alguna de que Cataño –de quien es abogado- es inocente. Muy bien, puede que lo sea, pero quien aspira a la presidencia no puede dejar el más mínimo resquicio de duda en un tema tan grave como el del narcotráfico; menos aún cuando en los noventa, en la época de Fujimori y Montesinos, floreció Aero Continente del hoy condenado por narcotráfico Fernando Zevallos.

El sábado, El Comercio presentó un completo reportaje sobre Cataño, con revelaciones importantes:

El Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) canceló el Documento Nacional de Identidad (DNI) del corredor de autos y dueño de la aerolínea nacional Peruvian Airlines, César Ricardo Cataño Porras, por tener “identificaciones múltiples” y haber sorprendido a las autoridades de esta institución. La decisión fue tomada el 3 de agosto último a través de la resolución número 2237-2009/SGD/GRI/RENIEC a la que El Comercio tuvo acceso y hoy, por primera vez, la hace pública. Como se sabe, la presidenta del directorio de la aerolínea de Cataño es Lourdes Flores Nano, secretaria general del partido Unidad Nacional y varias veces candidata presidencial.

Este Diario buscó a Cataño para conocer su versión, pero el empresario mandó a decir que la única persona que podía declarar era la ex congresista Lourdes Flores, su abogada (ver entrevista adjunta). En la práctica, la identificación de Cataño —investigado por la Dirandro por lavado de dinero proveniente del narcotráfico— quedó cancelada y no podrá hacer ningún tipo de trámite con dicho nombre, el mismo que usó durante los últimos 25 años. El Reniec confirmó que la identidad que le corresponde al próspero empresario es la de Adolfo Carhuallanqui Porras (nacido el 4 de marzo de 1962 e hijo de Martín Urbano Carhuallanqui Cataño y María Nélida Porras Palomino).

Con el informe del Reniec se concluye que en 1984 esta persona cambió su identidad real (su nombre Adolfo y su apellido paterno Carhuallanqui) por el que actualmente utiliza (César Ricardo Cataño Porras). Todo esto a sabiendas de que cometía una irregularidad, ya que no informó al registro de identidad de aquel entonces. Y es que en dicho organismo ya existía una inscripción con su nombre original. Es más, en su archivo personal no aparece el trámite legal que el hoy empresario debió realizar para cambiar de identidad. Y así lo advierte el Reniec en la resolución que aquí citamos:

“De la documentación obrante en nuestro archivo físico y la información registrada en el Sistema Automatizado del RENIEC, se advierte la existencia de la inscripción número 07309215 a nombre de Adolfo Carhuallanqui Porras , la cual fue obtenida por el titular de la misma el 9 de agosto de 1984 ante la Oficina del ex Registro Electoral de La Victoria, y la inscripción número 07240324 a nombre de César Ricardo Cataño Porras, solicitada y obtenida ante el ex Registro Electoral de Jesús María con fecha 19 de noviembre de 1984”. Es decir, cambió de identidad tres meses después de la inscripción inicial.

Ayer Cuarto Poder dio la oportunidad a Lourdes Flores de expresar sus puntos de vista sobre este tema. Y terminó peor. El video, a continuación (cortesía de Periodismo en Línea):

Como comentó hace unos dias Gustavo Gorriti:

Haber aceptado la presidencia de una aerolínea cuyo dueño pudiera enfrentar turbulencias judiciales representa no solo una decisión sino también un mensaje: Lourdes ya no quiere ser candidata. Podrá saberlo o no, y quizá hasta se niegue a admitirlo, pero el significado es claro: Lourdes perdió las ganas de pelear y de soportar el torturante proceso de la campaña.

No creo que sea por la memoria de sus dos derrotas previas. Lula perdió más veces y no lo abandonó nunca el ímpetu que finalmente lo llevó a la presidencia. A Lourdes se le fue el hambre de vencer (que nunca fue lo suficientemente intenso), y quedó el criterio que prevalecería en la mayor parte de personas razonables: que no vale la pena, si no hay ganas, la ultramaratón de una campaña, las confrontaciones, los insultos, los viajes de una plaza a otra plaza, los lijamientos cotidianos, la repetición de discursos. Si no hay ganas, para qué.

Lourdes Flores lo ha dicho, a través de sus hechos, con más claridad que si lo hubiera gritado. No quiere otra campaña. En fin, me parece que la podrán presionar a que acepte, y ella, que es presionable, de repente aceptará. ¿Han visto a los boxeadores que suben al cuadrilátero con cara de qué hago aquí? Ya sabemos cómo van a salir.

Y el resultado de esa pelea, ya lo conocemos. Una lástima por Lourdes, pero anoche muchos fuimos espectadores de lo que parece ser su entierro político.

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