
Anoche terminó la Feria Internacional del Libro. Estuve en ella en varios días y la asistencia fue realmente impresionante - en total, 270,000 asistentes, aproximadamente, durante las dos semanas que duró -. Actividades culturales varias, una buena oferta para todos los gustos y, en algunos casos, precios bastante adsequibles. El hecho que las ventas fueran mayores en un 20% que el 2008, en un año de crisis económica internacional y de retracción del gasto en el Perú.
Y el éxito de la Feria me volvió a colocar en la mente el discurso y debate que se tuvo el año pasado sobre la posibilidad de contar con un Ministerio de la Cultura. El Presidente de la República lo planteó en su discurso del año pasado. ¿Algo se hizo? Para nada. Más allá de las discusiones que se tuvieron en los blogs, diarios y en los ámbitos culturales, el Estado peruano volvió a hacerse el loco en relación con el tema.
La gente de la Cámara Peruana del Libro señaló que le agradece mucho al Ministerio de Educación por facilitarles el terreno para hacer la Feria este año, en el Museo de la Nación. Ok, todos felicitamos por ello al Estado, pero, ¿podrían discutir los puntos que vienen a continuación (extraidos del blog de Roberto Bustamante)?:
1) El presupuesto. Como se sabe, nos encontramos en un contexto de progresivo corte de gastos públicos, donde además a “la cultura” se le ve todavía como un gasto y no una inversión (por lo menos para la gente del famoso Sistema Nacional de Inversión Pública). Va a ser difícil que este panorama cambie a corto plazo.
2) La relación tirante con turismo. Es conocido el interés de los operadores de turismo por tener mayor injerencia sobre “la cultura” (gestión de restos arqueológicos, patrimonio inmueble) y el INC poco ha hecho para defender su sector. ¿Cómo será la relación entre ambas carteras cuando exista la de Cultura?
3) Protección, conservación e investigación del patrimonio histórico. Aquí, la posición del INC ha sido endeble y tampoco ha defendido su jurisdicción (como en el proceso a la U. de Yale) o de débil respuesta (como con las expresiones del alcalde Castañeda con respecto al papel del INC en la construcción del anillo vial San Marcos).
4) Relación entre cultura, sociedad y desarrollo. Aquí el tema requiere una discusión que involucre a las universidades, los gobiernos regionales y locales, las organizaciones de la sociedad civil y representantes del sector empresarial. En los últimos años, el manejo y gestión de “la cultura” se ha hecho desde la esfera privada (coleccionistas, emprendedores culturales, fundaciones). Eso ha generado, entre otras cosas, que archivos que son parte del patrimonio histórico de la nación se encuentren en instituciones privadas con el argumento de que “ellos pueden cuidarlo mejor que el Estado”, o actitudes (como las vistas con el polémico Museo de Arte Contemporáneo) de enfrentar profesionales de la cultura que “saben” con ciudadanos que “no saben”, cuando de lo que se trata es de articular fuerzas en un mismo destino. Cambiar todos estos sentidos comunes implica la definición y delimitación del rol que le compete a cada actor dentro de las políticas culturales. También la promoción de consensos.
En tiempos de redefinición de identidades y de las formas como la cultura se difunde, este debate sigue siendo válido y necesario. Pero en tiempos donde la identidad del segundo alanismo se define bajo la máxima “gastemos para que no haya más conflictos”, parece que no se encuentra entre las prioridades del gobierno.




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