
Ya saben que la foto de arriba es casi imposible a estas alturas del partido, sobre todo, cuando Alan sigue insistiendo que es el gobierno de Caracas - sin decirlo - el responsable de las protestas sociales contra su gobierno.
Pero algo emparenta a estos personajes. De un lado, que no soportan ninguna crítica. Del otro, que sus ayayeros de turno los defienden en nombre de “intereses superiores”. Veamos lo ocurrido en los últimos días.
Como ya sabrán, el tirano que gobierna Venezuela quiere acabar con lo que queda de libertad de expresión en ese país. En estos últimos días, ha cerrado 34 diarios, quiere imponer “delitos mediáticos” para meter a la cárcel a periodistas no alineados con la “revolución bolivariana” y, ayer, partidarios chavistas atacaron con bombas lacrimógenas la sede de Globovisión, una de las pocas voces disidentes que quedan en la televisión venezolana. De allí a que solo circulen los equivalentes caraqueños de Juventud Rebelde y Granma en el país del norte solo queda un paso.
Cualquier medio que no esté de acuerdo con las políticas de Hugo Chávez se corre el riesgo de represalias. Y es que, como todos los autoritarios de este mundo, le teme a que la libertad de expresión pueda arruinar su proyecto. Los defensores de Chávez caen en las mismas teorías de la conspiración que se le critica a García, pero con el signo contrario: es “el Imperio” (léase, Estados Unidos) el que quiere evitar que se imponga “un sistema propio y socialista”, que a todas luces hace agua, tanto en términos económicos como políticos.
Y ayer, un gobierno que se supone es democrático hizo el mayor de sus papelones internacionales. El experto en alfombras Aurelio Pastor, al que le han dado el regalazo de ser Ministro de Justicia, ayer estuvo en Ginebra insitiendo en la tesis conspiratoria sobre los sucesos de Bagua.
Es cierto que no hay pruebas para decir que hay más de 34 fallecidos y un desaparecido, pero también es cierto que es necesaria una investigación independiente que despeje cualquier duda al respecto. No hubo genocidio de nativos, pero tampoco de policías. Pastor tampoco refirió nada sobre los Decretos Legislativos que vulneraban la Constitución y el Convenio 169, prefiriendo la tesis de la conspiración internacional sobre lo ocurrido en Bagua. En otras palabras, mintió y dijo medias verdades como le dio la gana, en nombre del gobierno al que defiende.
Pero volvamos a la pregunta que titula este post. ¿Son iguales Chavez y Alan? A pesar de todo, no. Los motivos se registran en un reportaje de Patricia del Río para Poder:
Álvarez Rodrich explica que Alan García es el típico gobernante que se mueve en el límite de lo que los científicos sociales conocen como el “autoritarismo competitivo”. Es decir, presidentes que llegan al poder a través de elecciones transparentes, limpias, pero que una vez instalados en su puesto recurren a armas que no son propias de una democracia. “Dentro de este esquema están Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa. Sin embargo, se apura en aclarar, García es una versión muy light de ese estilo y no podemos afirmar que lo suyo es comparable a lo que hacen nuestros vecinos”.
De similar opinión es el antropólogo Carlos Meléndez, quien piensa que si bien Alan García muestra rasgos autoritarios, como la forma en que toma decisiones, el uso que hace de los ministros o sus constantes enfrentamientos con la prensa, estos todavía están lejos de constituir los elementos de un aparato represivo. “Este gobierno ha entrado en una lógica que lo ha derechizado no solo en términos económicos sino en el uso de la represión. Las Fuerzas Armadas han tenido un papel mucho más protagónico, se ha impulsado leyes y reformas que buscan que haya un mayor control del aparato represivo, pero todas estas medidas no llegan a ser propias de un gobierno ‘facho’, autoritario. Para eso tendría que haber una rutinización del autoritarismo, y aún no llegamos a esa situación”, afirma.
En Caracas ello sí ocurre y ya nos hubieran intentado cerrar un blog como este si vivieramos en Venezuela. Mal que bien, aún se puede criticar en Lima. Pero ya el hecho de decir “aún” indica que no todo está bien.




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