
La última semana, muchos hemos sido testigos de una discusión en torno a como enfocar, en estos tiempos de Internet, descargas y You Tube, la protección de los derechos de autor.
Básicamente, el debate - activo desde hace varios años en todo el mundo - comenzó a partir de un artículo de Marco Sifuentes en Perú.21, enfocado en el canon digital, una tarifa para la reproducción de obras musicales en Internet. Desde la otra orilla, con algo de pica - quizás por un reportaje de Sifuentes que revelaba sus malas prácticas - el eterno mandamás de APDAYC, Armando Massé, intentó una replica.
El tema de fondo y las críticas a ambas posturas son resumidas por Eduardo Villanueva:
Marco reivindica el discurso libertario del movimiento A2K, que sostiene que no debe limitarse el acceso a la cultura y al conocimiento que las tecnologías de información y comunicación permiten. Los padrinos intelectuales de esta posición son Lawrence Lessig y desde un ángulo más cerrado, Richard Stallman. Massé en cambio toma la postura pro-derechos propia del representante de una asociación de derechos colectivos, la APDAYC, que sostiene que los creadores intelectuales tienen derecho a recibir retribución por sus creaciones, y que finalmente sin ellas no hay incentivos para crear.
Bacán: puestas en sus versiones esenciales, ambas posturas son válidas y completamente plausibles. En el contexto de columnas periodísticas no hay mucho espacio para las sutilezas, y la verdad es que varios aspectos son expuestos de manera maniquea: cuando Marco dice “Tanto el canon digital como la criminalización de la copia sin fines de lucro son manotazos de ahogado frente a la verdadera nueva ola: toda esa producción cultural generada gracias a las nuevas tecnologías” está exagerando, porque no se trata en todos los casos de producción cultural, sino de reproducción / copiado descarado. Efectivamente, es imposible tener un sistema de producción cultural masivo y global sin un sistema de comercialización eficiente y eficaz, y eso es lo que ha desaparecido cortesía de la Internet, el P2P y colateralmente de iPods y móviles varios. Esto no niega el contrargumento: si yo he pagado por mi canción, en un 45 o en un MP3, ¿no tengo derecho a hacer lo que quiera con ella?
Lo que el señor Massé no dice es que las reglas se han cambiado para evitar que los conglomerados mediáticos se adapten, protegiendo su negocio tal cual, y fracasando miserablemente en el intento. Tampoco dice que la tasa o canon por copia privada es un impuesto ciego, que castiga al consumidor que comprar DVD para distribuir sus propios videos tanto como al pirata que medra de los derechos ajenos. Esto, aparte de sus graves errores (¿confundir una columna firmada con un editorial? Plis…), su pobre intento de bromear con nombres y personas, y sobre todo el argumento deleznable que mezcla al pirata del hueco con el consumidor que copia un CD de otra persona. Yo no tengo prácticamente nada pirateado (por ahí un par de VCD regalados) y tanto mis DVD, mis CD y mis juegos de computadora son legales; pero sí tengo música copiada de redes P2P, porque nadie está haciendo dinero con ella y asumo que alguien pagó por ella en un momento de la cadena: es el equivalente al cassette que me copiaban mis patas hace 20 años, o el CD-R que quemaba en mi compu hace 10. Citar a autores que trabajaban en la OMPI para bajar a Lessig también es muestra de poca imaginación intelectual, por decir lo menos. Baste mirar este debate en el Economist (publicación caviar en el sentido imperial ruso, si se quiere) para ver que el consenso fuera de la industria y sus propios intereses, y sus adláteres de la OMPI y similares, es que el marco legal de los derechos patrimoniales de autor “hace más mal que bien”.
No cabe duda alguna que, puestos así los terminos de la discusión, lo que debería variar es el esquema de los derechos patrimoniales de autor. De hecho, países similares al Perú, como Colombia, ya vienen introduciendo estos cambios. Según un dato que colocó Fatima Toche vía Twitter, la Corte Constitucional colombiana ya ha declarado que la mera descarga de música de Internet sin ánimo de lucro no lesiona los derechos de autor. Es decir, todos aquellos que tienen el Ares u otros sistemas para bajar música estrictamente para su consumo personal, por lo menos en Colombia, tendrían cobertura legal. Cuando se presente una controversia similar en el país, el TC peruano tendría que tomar en cuenta este precedente.
Por tanto, urgen aquí precisiones legislativas e institucionales, es decir, además de las modificaciones a las normas peruanas - y quizás comunitarias, corríjanme abogados de la CAN -, se requiere un nuevo tipo de institucionalidad estatal - una reforma en Indecopi, para ser claros - y un gremio de artistas y compositores que se adapte a las nuevas tecnologías y retos de los derechos de autor.
El problema es que la actual directiva de APDAYC no solo está anquilosada en el tiempo, sino que tiene el favor del gobierno. En una medida incomprensible, ayer Alan García y Ricardo Ghibellini entregaron el control de Radio Nacional a la APDAYC, sin mediar concurso público, licitación o explicación alguna.
O quizás, sí la haya.
Cual enamorados que intercambian mensajes de texto, García y Massé han dado muestras de lisonjería gratuita durante los últimos años. Veamos, para comenzar, algunas declaraciones presidenciales:
El jefe de Estado destacó que el convenio firmado entre Radio Nacional y la Asociación Peruana de Autores y Compositores es de enorme importancia porque significa delegar en los autores compositores, creadores y artistas la orientación, creación, espíritu y contenido de Radio Nacional.
Dijo que ello garantizará la calidad de lo que se propale por las ondas de Radio Nacional, la audiencia porque la población escuchará a sus autores y compositores, y también expresa la voluntad mayoritaria que sea la sociedad organizada, como los autores y compositores organizados institucional e históricamente conduzcan los temas especializados y orienten lo que se va a propalar.
Dijo que el convenio es un reto para los autores y compositores y no un tema fácil o un favor que se les hace. “Es por el contrario convocarlos al esfuerzo, a la imaginación a la dirección en un país como el nuestro que siempre encuentra peros, dificultades y objeciones a todo lo que se hace”.
De manera, señaló, que quienes adoptan una posición de responsabilidad sepan que tendrán críticos, opositores como ya los ha habido en estos días cuando han dicho y porqué los autores y compositores tienen que encargarse de Radio Nacional, y quién si no, los creadores, los que han interpretado el alma popular y los que tienen que dar respuesta sí a la pregunta de cómo hacer que la sociedad trabaje.
Refirió que hoy surge como enorme forma de trabajo la industria del espectáculo en la que se ve nuevos e inmensos personajes convocando multitudes al son de sus cumbias andinas, huaynos y diferentes actividades.
“Todo ello estoy seguro ustedes sabrán administrarlo y propagarlo a través de esta radio, dándonos cultura y retroalimentando el alma nacional con su propia creación”, remarcó.
(Nota de prensa de Palacio de Gobierno sobre convenio con APDAYC para administrar Radio Nacional, 24.07.2009)
Mientras que, del otro lado, Massé premió al Presidente con un trofeo especial de APDAYC y cuando estalló el escándalo de los Petroaudios, se mandó con esta pasada de franela:
Con el escándalo de Petroperú que provocó la renuncia de, prácticamente, todo el gabinete ministerial, el más favorecido, sin lugar a dudas, será el presidente de la República Alan García, si sabe aprovechar esta magnífica oportunidad. En segundo lugar, el mayor beneficiado será el país, y quien pierda sería la oposición.
A esta conclusión me atrevo a llegar, pues transcurrida casi la mitad del periodo de gobierno, en el cual las encuestas no le son para nada favorables al primer mandatario, a pesar de la indiscutible posición ventajosa que macroeconómicamente tiene el Perú en el mundo, pocas alternativas se le presentaban al presidente, pues todas las cartas –incluyendo el APEC– ya han sido lanzadas sobre la mesa política sin mayores resultados. Con una huelga médica indefinida, el alza del dólar y de los alimentos, la crisis financiera internacional y paros teledirigidos por la oposición, más por la siniestra que por la diestra, el panorama se veía muy sombrío.
El problema con este convenio - y con otras radios que estarían en manos de APDAYC - está en algo que señaló muy bien Roberto Bustamante:
Cito:
“Lo cierto es que el dinero en APDAYC sobra. Según declara el propio Massé a radio Capital acaban de comprar ¡tres radioemisoras en provincias! También han adquirido un estudio de grabación.Y no solo eso: han asumido la programación de radio Nacional. La pregunta es: ¿y por qué los peruanos tienen que triunfar en el extranjero para aquí alguien les haga caso?”
Un momento… ¿APDAYC acaba de comprar qué? ¿Tres radioemisoras?
Según el DL 822, que regula el derecho de autor y las sociedades de gestión colectiva (como APDAYC), estas tienen como función la defensa de los derechos patrimoniales de las obras. No pueden realizar radiodifusión, a menos que cambien de objeto social, con lo cual contravendrían el DL 822. Además, eso los haría jueces y parte, porque ellos pasarían música que de otro modo tendría pasar por su aprobación. Qué buena raza.
El artículo 151 de dicho DL lo dice claramente: “no pudiendo dedicar su actividad fuera del ámbito de la protección del derecho de autor o de los derechos conexos.”
La norma es clara. Por tanto, tanto las tres radios que dice Massé son de propiedad de APDAYC como el propio convenio con Radio Nacional son infracciones claras de la norma sobre derechos de autor. Indecopi, por tanto, debería tomar palabras y acciones en relación con este tema. Claro, si los amigos de Armando Massé los dejan.
MAS SOBRE EL TEMA:
El Morsa.pe: Massé el aceitoso
Cholorock: Armando se massera
Manzarock: APDAYC no
Cámara de Gas: Massé contra el mundo
Economía de los Mil Demonios: Y nadie nos quitara lo pirateado




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