Archivo de 7 Julio 2009

Esta mañana el Presidente de la República confirmó lo que era inevitable: el Gabinete Simon fenece esta semana y el fin de semana tendremos nuevo inquilino en la Presidencia del Consejo de Ministros.  A estas alturas del partido, luego de Bagua y la liberación de Rómulo León - quien saldría hoy de San Jorge - la permanencia de Yehude Simon se hacía insostenible hasta 28 de julio, tal como para muchos era el deseo presidencial.

Perú.21 ha recogido diversas versiones sobre quien podría ser el nuevo Premier. Los nombres barajados son los de José Antonio Chang, Javier Velásquez Quesquén, Rafael Rey, Susana Pinilla, Ismael Benavides, Javier Silva Ruete y PPK. Nuestras fuentes suman a esta baraja de nombres a Roque Benavides. Todos tienen en común haber estado o estar cerca del entorno de gobierno del Presidente o compartir su visión económica o política (o ambas).  Ello indica que, salvo una sorpresa como la que deparó el nombramiento de Simon, García optará por la continuidad de su modelo de gobierno.

Todos los personajes mencionados tienen arrugas por planchar (las OLPC y los anticuchos rectorales de Chang, la desastrosa presidencia del Congreso de Velásquez Quesquén, el “cariño” a los derechos humanos de Rafael Rey, las declaraciones a favor de Mantilla de la señora Pinilla, los asesores lobbistas de Ismael Benavides y el fujimorismo de su primo Roque, como el racismo de PPK) pero lo que preocupa es como el gobierno parece metido en una encrucijada post - Bagua bastante complicada.

De un lado no quiere - ni puede, salvo suicidio - a ningún opositor metido en el gabinete, cual Pedro Beltrán. Pero a la vez pretende mantener algo insostenible: un estilo de gobierno poco preocupado por escuchar al otro, sin mediar cambios importantes en lo político y en lo económico, concentrado en amenazas externas supuestas antes que en ver en sí mismos la causa de varios de los problemas y conflictos existentes en el país.

Lo que queda claro es que el momento político es otro. No es el fin del capitalismo (o del “neoliberalismo”) como muchos amigos de Patria Roja quisieran ver. Pero tampoco es la continuidad de un modelo político acostumbrado a la imposición. Stanislao Maldonado lo describió bien en un post reciente:

Con la caída de Fujimori, ocurrió nuevamente una re-asignación del poder político de facto que terminó restituyendo el sistema de partidos y los poderes de veto cadavéricos que existían a fines de los 80s. El problema es que dicho cambio ocurrió sin que el sistema de partidos ni los otros actores sociales de aquel entonces hayan procesado los factores que explicaron su declive hacia fines de los 80s. Sin nuevas lecturas sobre la realidad e incapaces de representar los sectores sociales que emergieron en los últimos 20 años como consecuencia de las reformas estructurales (así como de aquellos que habían sido sistemáticamente excluidos en el pasado), no es de extrañar que este sistema sufra de problemas de representatividad. Sin partidos y organizaciones sociales que funcionen como agregadores de preferencias colectivas, otro no podría ser el resultado.

Las consecuencias de este proceso son diversas. Luego del colapso del sistema de partidos, la representación política post-Fujimori se han fragmentado y ahora co-existen los partidos tradicionales (sin programa ni nuevas lecturas de la realidad y con poca conexión con las dinámicas políticas regionales y locales) con una multitud de pequeños movimientos que canalizan intereses muy específicos y diversos de poco alcance nacional. En el marco del PMP esto ha derivado en el incremento del número de actores en la arena política, haciendo por tanto más complicada la creación y sostenimiento inter-temporal de arreglos entre los políticos. Asimismo, la votalidad de los partidos y movimientos (expresado en su existencia efímera y/o continua mutación) hace que la arena política sea muy inestable y por tanto los actores políticos tengan horizontes temporales muy cortos y con poca interacción entre ellos. Como consecuencia, los incentivos para desviarse de cualquier conducta cooperativa se han incrementado y con ello se ha deteriorado la calidad de las políticas públicas. (PMP: Policy-making process, proceso de formación de Políticas, nota de DTP).

Pero, con estos nombres en el candelero, todo indica que García sigue siendo una suerte de hijo de Bush Jr. perdido en tiempos menos conservadores. Ello le resta margen de maniobra. Todo indica que se resignó a que su página en la historia diga: “Tuvo un primer pésimo gobierno, en un contexto de crisis económica y conflicto interno y, en un contexto distinto, de bonanza económica, fue lo suficientemente mediocre como para no mover nada y, peor aún, para seguir siendo igualmente terco en el error. De allí se deduce que, con signos distintos, Alan García fue el mismo político desubicado en su espacio - tiempo histórico”.

Y mientras, seguirá culpando a los que marchan, a los que critican y a los que bloguean de lo que le pasa.

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