Archivo de 1 Abril 2009

Esta mañana, Alberto Fujimori inició la primera rueda de su autodefensa, que más parecía uno de sus mensajes a la Nación de las épocas en que tenía todo el poder.

El ex dictador ha rondado entre la victimización (”Yo no inventé este escenario, sino que heredé. Lo enfrenté y no lo eludí. Por encararlo como lo hice es que estoy siendo juzgado. Por eso es que estoy sentado en el banquillo de los acusados, enfrentando cargos de homicidio calificado, establecer una política de guerra sucia y de violaciones de derechos humanos”), la mentira (”Tomé la decisión de volver, no viaje a Chile por causa del azar, sino que una decisión pensada y madurada”), el autobombo (”Por primera vez, el pueblo no era visto como una masa electoral”), la promoción de una dinastía (”Keiko y Kenji llevarán mi legado”) y, sobre todo, tratar de decir que su estrategia de lucha contra la subversión fue exitosa y legal.

Lo que hemos escuchado, antes que la defensa de un acusado, era un discurso político, dirigido más a la opinión pública, antes que al tribunal. Y, de hecho, en algunos casos, parecía contraproducente para su defensa, dado que César Nakasaki ha procurado probar el desconocimiento de los hechos imputados a su defendido, quien nuevamente se ha vendido como alguien casi semejante a Superman, que se diferenció de Fernando Belaúnde y Alan García por sus acciones.

Fujimori también ha negado que lo ocurrido durante más de 20 años fuera un conflicto interno, bajo el argumento falaz que se daba otro estatus a los subversivos. Nada más alejado de la realidad, dado que el Derecho Internacional Humanitario, conjunto de reglas jurídicas que rigen las hostilidades internacionales e internas, no confieren un régimen especial a quienes iniciaron una guerra contra el Estado peruano. Y, en términos técnicos, lo que nos ocurrió fue un conflicto armado interno.

Dado que Fujimori se ha centrado en su mito de vencedor, creo que corresponde hacer una cuota de memoria. Hace un par de años, Marco Sifuentes recordó que este sujeto no derrotó a Sendero Luminoso:

Algunos datos viejos pero poco populares sobre la caida de Abimael Guzmán, hace exactamente 15 años:

1. No se la debemos a Fujimori. Sáquense esa imagen de Fujimori vencedor del terrorismo de la cabeza (aunque tuvo el buen tino de reforzar a las rondas campesinas). Hace quince años, cuando cayó Guzmán, el Chino estaba absolutamente desprevenido, en un hueving feroz en la selva (a donde solía ir a pescar utilizando aviones militares, es decir, recursos del Estado).

2. Hasta entonces, Fujimori había basado toda su estrategia antisubversiva en los miltares y, en especial, en el Ejército. El fujimorismo miraba con recelo a los policías del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), que capturó a Abimael. De hecho, el GEIN fue infiltrado en 1991 por el sanguinario Grupo Colina del Ejército. (…)

3. El GEIN de Benedicto Jiménez y, en general, la Dincote de Ketín Vidal lograron mantener a raya a los Colina y Montesinos. De hecho, cuando capturaron a Guzmán, no avisaron ni a Fujimori ni al Ministerio del Interior (dirigido por militares durante todo el fujimorato) ni al SIN. (…)

De hecho, ahora sabemos que Sendero nunca fue derrotado plenamente por el fujimorismo (la captura de Feliciano fue casi la chiripa de un policía y hasta hoy continúan las capturas de senderistas).

4. ¿Y quién creó el GEIN? Este es el dato políticamente incorrecto de la historia, pero lo houston es lo houston. Según la Comisión de la Verdad:

En el último año del gobierno aprista se creó dentro de la DIRCOTE el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) que, dos años después capturaría a Abimael Guzmán Reinoso (…) El 1° de junio de 1990, el GEIN allanó una casa cercana al cuartel general del Ejército, donde hasta pocos días antes se había alojado Guzmán. (…) El GEIN que fue reforzado por el Ministro Mantilla demostró su eficacia, operando con un presupuesto ínfimo en comparación al de otras unidades policiales.

En la casa de Monterrico se halló abundante información sobre la cúpula de Sendero. De hecho, cuando el GEIN allanó la casa, todo indicaba que Guzmán y sus secuaces acababan de escapar. Se salvaron con las justas. Toda nuestra historia hubiera sido muy diferente si Abimael caía entonces, en el penúltimo mes del primer gobierno de Alan García.

(Y hoy sabemos, por varios testimonios, que Guzmán pudo caer en diciembre de 1990, pero que Fujimori y Montesinos lo impidieron).

Como vemos, el juicio mediático continua y a eso apuesta Fujimori, a que sean los votos y no los tribunales los que lo absuelvan, utilizando, cual Perón a Cámpora, a su hija, cuyo único mérito es querer mucho a su papá.

El viernes continuará este Mensaje a la Nación. La historia no lo absolverá (y esperemos que la justicia tampoco).

POST SCRIPTUM 1: Para quienes quieran saber que pasó realmente durante el gobierno de Alberto Fujimori, lejos de las sandeces dichas hoy, lean el capítulo del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre el decenio del dictador.

POST SCRIPTUM 2: Raro, bastante raro, que luego de negarse a hacerlo durante 159 sesiones, el canal del Estado pase el juicio a Fujimori justo cuando el acusado va a dar su mensaje a la Nación. ¿Por qué no pasaron el resto del juicio?

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