Archivo de 17 Febrero 2009

Hoy, dos artículos que reviven el caso del Petrogate y lo ponen en su exacta dimensión.

El primero, con una fuerte revelación, es de Paola Ugaz:

La sala del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) donde Vladimiro Montesinos grabó a todos los que fueron o querían ser importantes en la década del 90, tuvo su réplica en la suite que alquiló el empresario dominicano, Fortunato Canaan, a donde acudieron desde el ex Primer ministro, Jorge del Castillo; los ministros de salud, Carlos Vallejo y Hernán Garrido Lecca, hasta presidentes de gobiernos regionales.

Tras el “Petrogate”, la revelación que ha encontrado el periodista Gustavo Gorriti en sus pesquisas sobre el chuponeo (pinchaje telefónico para los que leen este post y viven fuera del país) y los chuponeadores, es que HAY AUDIOS que se sembraron en la suite de Canaan, por ende, conoceremos tarde o temprano, que se dijo en esas reuniones y que otros faenones nos encontraremos en el camino.

Gracias a nuestras fuentes, podemos dar fe que la versión que Ugaz ha puesto a la luz el día de hoy es correcta y que, por tanto, hay un grueso de conversaciones aun no reveladas y que podrían dar nuevas luces sobre los personajes que más piola han pasado, sobre todo, los ex ministros que fueron incluidos en las investigaciones e indagaciones por parte de la Comisión Abugattas. Las Flores de Bach y demás medicamentos relajantes volverán a escasear en las farmacias de Lima.

Vayamos al segundo artículo. En la versión 2.0 de la revista Ideele, Gustavo Gorriti hace un completo análisis sobre el rol de la prensa en el Petrogate y los vasos comunicantes entre lo destapado en octubre y la corrupción de la década de Fujimori y Montesinos. De aquí, lo más importante se condensa en los siguientes párrafos:

En cuanto a lo último: ¿qué llama más la atención en el asunto del chuponeo actual? Que las revelaciones salieron inicialmente a través del periodismo de investigación, pese a que su contenido se generó a través del trabajo de las tóxicas flores del montesinismo. Es más, parte de la distribución original de sus primeros productos se hizo, desde la primera parte de 2008, a través de abogados vinculados en el pasado con la lucha anticorrupción y fue analizada por lo menos por un prestigioso periodista de investigación. Obviamente, cada cual buscaba utilizar la información para sus fines, pero lo que queda por determinar es quién terminó utilizando a quién.

No es una respuesta sencilla. Y yo sigo pensando que la revelación de los petroaudios fue necesaria e importante. Entre otras cosas, por ser bien hecha, terminó arrebatándolo el control de la información a los espías y sus manejadores. Si estos tenían el plan de la explosión controlada, del chantaje remecedor pero limitado, les falló por mucho el cálculo.

Pero hasta entonces, ¿cómo se manejó la información, y el proceso? ¿quién controló a quién? ¿hubo pagos de por medio, o no? ¿hubo colaboración operativa en algún caso, entre espías y periodistas, o no? ¿Hubo o no hubo, en suma, una suerte de nefanda polinización cruzada entre ambos extremos enemigos en el campo de batalla de la información? Eso debe aclararse bien.

El otro aspecto es mucho más directo y fácil de interpretar: el de los espías y sus clientes. Ya hemos visto que Ponce Feijóo y Tomasio representan al montesinismo operativo en acción. Y veamos ahora, ¿quiénes son sus clientes principales? ¿no son la misma gente que iba a la salita del SIN a solicitar y negociar privilegios? Cuando (si tal cosa sucede), la lista de los principales clientes se haga conocida, ¿no volveremos a ver a esos que luego de descubiertos en videos memorables no solo no se arrepintieron sino hicieron todo lo necesario para comprar su impunidad, con salas vip y un arsenal de arsenios?

¿Qué cambió? Por ahí, no mucho. Pero, cuando examinemos la cutrería que descubren esas interceptaciones, volveremos a ver a gente conocida. A sinvergüenzas de los 80, que cambiaron de bandera en los 90, aunque tuvieran que ponerse un kimono extra-large entonces, en tiempos pre bariátricos, para reciclarse a comienzos del siglo XXI, en todo menos en su lealtad fundamental a la corrupción.

Claro que también veremos, dentro del lote infecto, a algún político que fue antaño consecuente, que luchó y no se doblegó, pero que, según parece, no pudo resistir la tentación de plata fuerte que el poder hacía posible.

Y sobre todo, veremos, como en el 2001, una forma de hacer política y una forma de hacer negocios. De como desperdiciamos la oportunidad de la transición y de cambiar la miasma que ahora ha vuelto (o nunca se fue), será materia de otro post. Pero lo clave es alertar que hay cuestiones negociándose, sobre todo, la información que no saldrá, entre ella, la de los nombres de las personas y empresas que mandaron chuponear. Y todo lo que se habló en la ya legendaria habitación del Country Club. Una historia que Bryce no contará, pero esperamos que el periodismo si pueda hacerlo.

MAS SOBRE EL TEMA:

Gerardo Saravia: Soy todo oidos

Augusto Álvarez Rodrich: La treta asustada

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Estimado César:

Pude apreciar ayer lo que fue tu primera sesión de alegatos en el proceso donde defiendes a un dictador. Será la primera de ocho, según has adelantado a la prensa, con lo cual, nos demorarás el fallo hasta el 20 de marzo, dado que tu defendido también hará uso de la palabra. Y debo decir, a estas alturas del proceso, que has equivocado la estrategia de defensa y que cometiste un serio error en la sesión de ayer.

Olvidaste, sobre todo, que a quien tienes que convencer es a una Sala de la Corte Suprema de Justicia y no al público. Los procesos judiciales se definen justamente allí, en el proceso y no con la voz del público presionando al César, como en el Coliseo Romano. Cometiste el mismo error del Fiscal del caso Eichmann, quien pensó que el procesamiento a uno de los ejecutores de las políticas del nazismo era la posibilidad de juzgar todo ese proceso histórico y labrar una venganza en un juicio. Y al poner a tu defendido bajo la luz de juicios mediáticos y políticos, lo que haces es sacar del proceso judicial el debate sobre la inocencia o culpabilidad del defendido, que se define, justamente, en ese terreno. Y ello, como lo recuerda Hannah Arendt (a quien te recomiendo leer), es lo que realmente importa en casos como éstos.

Recordando ello, también cometiste otro error: faltarle el respeto a los jueces. Curioso, porque durante todo el proceso has mencionado que San Martín, Príncipe y Prado Saldarriaga son personas imparciales, estudiosas y conocedoras del Derecho. Ayer las quisiste poner al papel de marionetas manejadas por un gran guiñol mediático, por un titiritero que haría empalidecer a Gepetto. Te compraste, en otras palabras, los argumentos de ese gran jurisconsulto llamado Carlos Raffo (esgrimida en Prensa Libre), el mismo de aquella brillante tesis: “con la candidatura de Fujimori al Senado japonés, se globaliza el fujimorismo”.

Te olvidaste que lo que tienes que demostrar es que la tesis del Fiscal y de la parte civil no es correcta. Quizás sea porque los testimonios de Jorge del Castillo, Gustavo Gorriti, Marco Miyashiro y Samuel Dyer hunden a tu defendido en el caso de secuestro. Y que hay una serie de elementos que, sumados, permiten concluir que Alberto Fujimori tuvo como política de Estado la formación de un escuadrón de la muerte, que fue parte del Ejército, cuya existencia y crímenes han sido largamente demostrados a lo largo de este proceso.  Quizás sea porque sientes que el partido lo vienes perdiendo.

Y ya que hablamos de juicios mediáticos, quizás cabría recordar que, en términos comparativos, haz tenido mayor tribuna que cualquiera de los actores en este proceso. Acudiste a todos los programas habidos y por haber, diste tu punto de vista, debatiste con Rosa María Palacios y fuiste con complacencia a que José María Salcedo te diera palmaditas en RPP. Tuviste tres diarios claramente a tu favor y la mirada complaciente de una televisión que siempre te dio cabida. Y aún así, dices que han linchado mediáticamente a tu defendido. Tal vez olvidas lo que hacían los medios comprados por él y su asesor, durante los años finales de la dictadura.

Hablaste, finalmente de juicios históricos, que no se definen por encuestas, por cierto, como argumentaste ayer. Fujimori no pasará a la historia como un salvador, sino como un dictador. No será el reformador liberal, sino el pervertidor de la economía de mercado. No será recordado como un gran presidente, sino como un delincuente.

No espero que te vaya bien en la apelación, porque eso sería mentir. Pero si que prepares mejor los argumentos jurídicos. Ahora entiendo porque Magaly perdió en dos instancias.

Saludos.

P.S.: Recomiéndale a tu defendido que haga un ejercicio de decir la verdad por una vez en su vida y reconozca su responsabilidad en sus alegatos finales. Aunque eso será imposible. En el caso de los dictadores, los cínicos si sirven para ese oficio.

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