Archivo de 7 Febrero 2009

Hace unos cuantos días, Augusto Alvarez Rodrich comentaba como varios sucesos de estos últimos meses - la salida escandalosa del General Donayre, la venta del Pentagonito, el chuponeo con miembros de la Marina involucrados y la ya conocida animadversión de algunos altos mandos a hacer justicia sobre casos de derechos humanos - nos demuestran la necesidad de recuperar lo poco que se avanzó en este decenio en el ámbito de la reforma militar, uno de los temas en los que, al iniciarse la década, existía una voluntad clara y consenso.

Cuando Fujimori y Montesinos dejaron el poder, se vio claro que el prestigio de las instituciones castrenses había caido por los suelos y muchos de los temas que preocupan a AAR formaron parte de la cultura militar de aquellos años. Pero, como alguna vez me explicó Henry Pease en clase, en realidad, el fujimorismo no fue más que una caricatura de lo precedente, en el sentido de lo hipertrófico, pues varias de estas conductas ya estaban presentes en la cultura militar.

Pero creo que, en este tema de las responsabilidades, no debe achacarse todo a la formación castrense - aunque es otro rubro en el que estamos en falta -, sino que debemos explorar cual es la visión que los civiles tienen (tenemos) sobre lo que deben ser las Fuerzas Armadas y su rol.

Al fin y al cabo, son los civiles los que enviaron al conflicto armado interno a pelear a las Fuerzas Armadas, sin una idea clara de que hacer, salvo la de la eliminación no selectiva. Han sido los civiles los que se han dedicado a ser los mejores abogados de las Fuerzas Armadas, para procurar evitar los procesos por violaciones de los derechos humanos como para aumentarles el presupuesto ante supuestas amenazas chilenas. Basta revisar cualquier libro serio de historia del Perú para darnos cuenta que los no uniformados han tocado las puertas de los cuarteles para cuanto golpe de Estado ha ocurrido en estas tierras.

Para complicar más las cosas, los partidos políticos no tienen expertos civiles en temas de defensa. De hecho, nuestro actual Ministro de Defensa sabe tanto del tema como yo de jugadores de la selección de basket de Bielorrusia. Y cuando estos expertos están, son, en general, militares en retiro. El poco interés que se tiene sobre estos temas se refleja en el Plan de Gobierno del APRA, que solo da unas líneas matrices y señala que los proyectos en esta materia son de carácter secreto.

En suma, requerimos de civiles que sepan de defensa, que tengan vocación de reformar el sector y, sobre todo, que dejen de lado la visión que hemos tenido durante años sobre el manejo de esta materia.

¿Dirán algo las universidades sobre este tema?

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