Nacemos. Abrimos los ojos al mundo y comenzamos a distinguir colores, formas, olores, sabores. Y poco a poco iremos comenzando a aprender a conocer los sentimientos que llevamos dentro y que nuestro cuerpo reacciona a los mismos.

Crecemos. Nos damos cuenta de la existencia de alguien al costado que, sin ser parte de la familia, resulta ser importante. Juegas, ries, cantas. Haces lo mismo cuando tienes 6, 18, 45, o 70. Y a las mismas edades cometes errores, analizas demasiado, no confías, a veces engañas o dices que te encuentras bien cuando no lo estás. Y a veces sientes que el camino va cuesta arriba y que no podrás salir de aquel agujero en el que te pareces haber sumido.

Sin embargo, conforme comienzas a percatarte que encerrarte en el dolor no hace bien, comienzas a bregar para que, cada día, todos los días, el mañana sea mejor. Para corregir aquello que causó dolor y, a la larga, te hizo daño. Perdemos batallas, queremos regresar a veces el tiempo, pero, antes de retroceder agujas de relojes, más bien habría que plantearnos como vivir el camino de ahora en adelante, aunque a veces ello suponga separarse - sea por un tiempo corto o indefinido - o volvérsela a jugar.

Recuerda, toda insistencia tiene su recompensa. Eso no se puede negar. Tarda en llegar, pero al final, la hallas en tu propia zona de promesas.

2 Respuestas a “ZONA DE PROMESAS”
  1. Coco dice:
  2. miguel dice:

    Nunca me gustó Soda, es más Cerati nunca fue de mis preferidos, pero este corte es quizás un acierto.
    Estuve leyéndote. Recién.
    Desde ya visita obligada.

    Saludos!

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Desde el Tercer Piso by José Alejandro Godoy is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.