LAS TRAGEDIAS DE ALIANZA LIMA
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Alianza Lima, Fokker, fútbol
El último domingo, Alianza Lima salvó angustiosamente la categoría luego de ganarle a Sporting Cristal. Más allá de especulaciones sobre el rendimiento rimense, lo cierto es que los jugadores blanquiazules se dieron íntegros en el campo de juego. Pero, sobre todo, habrá que hacer un gran reconocimiento a la hinchada de Alianza. Sufrida como ninguna, en las últimas semanas los seguidores de este equipo han hecho frente a las bromas de los rivales y a dirigentes francamente ineptos que llevaron al club a su peor momento deportivo de los últimos 20 años.
La salvación de categoría de AL, que tiene un antecedente en el descenso de 1938, debe dejar como lecciones varias cosas: la necesidad de una política deportiva en el club que sea consecuente (36 jugadores en el plantel es, a todas luces, un exceso) y la reconversión de Alianza a una gerencia moderna, lejos de los mecenas e improvisados que, amen de darles triunfos temporales al hincha, hicieron del manejo futbolístico del equipo un cúmulo de contrataciones para alcanzar un título nacional pocas veces esquivo.
No ha sido la primera vez que Alianza se expuso a una verguenza deportiva. De hecho, hasta hace 11 años, tuvieron una larga racha de 18 años sin obtener un título nacional. Fueron los años de vacas flacas del club, que tuvo dos hitos importantes: su recuperación a partir de 1993 y, sobre todo, la tragedia del Fokker que llevaba a su equipo en 1987.
La tragedia de Alianza tuvo como componente central la negligencia de la Marina de Guerra del Perú, en épocas en que miembros de la Marina se habían visto involucrados en casos de violaciones de los derechos humanos. Sobre las analogías entre la violencia de aquellos años y la tragedia aliancista, recordemos lo dicho por Roberto Bustamante, a raíz de que los informes de la Marina sobre el caso salieron a la luz:
a mi, por lo menos, me llevó todo el rato a reflexionar sobre el proceso de violencia política y la voluntad explícita de callar todo el tiempo por parte del estado frente a los afectados: ¿acaso no saben ellos que sus familiares fueron asesinados en tal o cual cuartel? ¿eso les impide seguir buscando información, un por qué, una razón y un perdón por parte de las autoridades correspondientes?
así, no se trata de “novedades periodísticas”, sino, como aclararon muy bien carvallo y pizarro, de la verdad, de denunciar el silencio de la marina de guerra y que pidan perdón, no solamente por la negligencia de mandar a un piloto inexperto a volar un avión que no conocía al detalle, sino por el desprecio a los familiares de las víctimas, la mayoría provenientes de clases populares.
de verdad, en la parte final, yo cambiaba el decorado y los actores, y encontraba casi lo mismo.
un argumento contra la comisión de la verdad fue justamente ese: “la comisión gastó un montón de plata en algo que ya sabíamos todos”. no. mentira. la comisión confirmó lo que ya sospechábamos algunos, y en tanto era una comisión del estado, su palabra fue más importante que la de cualquier institución no gubernamental. para el caso del fokker de la tragedia, más allá de si un periodista lo dijo o no años atrás, es importante encontrar documentos oficiales que nos expliquen qué pasó, quiénes fueron los responsables, etc.
De hecho, era importante encontrar este tipo de documentos. Durante muchos años, la tragedia de Alianza fue motivo de una serie de historias: si el avión fue volado porque conducía una carga de droga, si es que los jugadores obligaron al piloto a estrellar el avión en el mar para evitar que se estrelle contra Ventanilla, o cual fue el destino del jugador Alfredo Tomassini (proveniente, más bien, de clases medias otrora ajenas al club de modo simbólico). E incluso, reportajes truchos como el de la pelota supuesta encontrada en el avión, perpetrado por Alejandro Guerrero. Todas estas historias y su relación con el contexto de violencia y narcotráfico que vivía el país fueron analizadas en un artículo de Victor Vich y Aldo Panfichi y que ha sido recopilado en un reciente libro sobre fútbol editado por la PUCP.
De ese documento, me interesa un párrafo que refleja una suerte de deja vu:
Hay, sin embargo, un actor adicional en el que nos interesa ahondar con mayor profundidad y detenimiento: la Marina de Guerra del Perú. Como hemos anotado, la Marina era propietaria del avión que esa noche se precipitó al mar y que había sido alquilado por el club, como vuelo charter, para viajar a Pucallpa. Que un avión militar tuviera uso comercial es realmente algo controvertido que muestra no solo la debilidad económica de las instituciones militares sino, además, la desorganización del fútbol peruano: un Estado pobre cuyos aviones se caen y un club sin recursos que se apoya en la informalidad.
Quizás, a esta altura, lo más trágico termine siendo, además de las pérdidas humanas, que esos males sean similares 21 años después. En realidad, la tragedia de Alianza ha sido la tragedia del Perú durante los años de la desinstitucionalización.




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11 Diciembre 2008 a las 11:07 am
Diciembre del año 1987, congoja nacional por la trágica muerte del equipo titular y cuerpo técnico de Alianza Lima. Se realiza un partido amistoso entre Alianza Lima y Colo Colo de Chile. En el equipo blanquiazul juegan figuras como Velasquez y Cueto. Tambien participan tres jugadores chilenos, gesto que, por lo menos en el campo deportivo, no deberíamos olvidar. Un minuto de silencio en homenaje a los caidos. Silencio total en el estadio de Matute, como pocas veces en mi vida había podido apreciar en espectáculos públicos. El público, hinchas o no de Alianza Lima no pueden contener las lágrimas, algunos inclusive lloran copiosamente, se respira un ambiente de profundo dolor. En medio del silencio Velasquez, dirigiendo su mirada al cielo, grita a todo pulmón ¡Caico! aludiendo al arquero aliancista. Inolvidable momento. Soy hincha acérrimo de la U. Desde muy niño, acostumbraba volar mi cometa en “surquillo city”, siempre color crema, siempre con la “U” impregnada en el papel…y en mi alma, hasta hoy y hasta siempre. Pero no podía sustraerme al profundo dolor por la muerte de tantos jóvenes. Asistí con toda mi familia, todos hinchas de Alianza Lima o de Universitario de Deportes. Nunca más volví al Estadio de Matute. La política me arrancó muy temprano de mi pasión por el futbol. De soñar jugando futbol en el nacional pasé a soñar (hasta hoy) con una auténtica revolución social. Los campos deportivos fueron reemplazados por lo campos sanmarquinos. En aquellos tiempos nos decían que el futbol constituía una maniobra dictractiva, muy bien aprovechada por el imperialismo, “el opio del pueblo” lo llamaban. Ello me producía una suerte de sentimiento de culpa ¡pucha (como dicen mis paisanos arequipeños) con lo mucho que me gusta el futbol! Hoy como ayer afirmo que el futbol (bien prácticado, ojo) constituye uno de los espectáculos deportivos más hermosos. No son 22 jugadores corriendo detrás de una pelóta. Son 22 deportistas desplazandose por el campo con criterios tácticos y estratégicos. Como en el ajedrez son innumerables los movimientos tácticos. Alianza Lima perdió un generación completa de futbolistas, jóvenes (futbolisticamente hablando) la mayoría de ellos. Jovenes todos. Aún hoy Alianza sufre los efectos de tamaña tragedia. Sigo pensando que Alianza Lima es un fenómeno sociológico. El modesto homenaje de un ciudadano de a pie, como quien escribe, a los caidos en un accidente de aviación que jamás debió producirse. Ojalá algún día se escriba la verdadera historia de lo que efectivamente sucedió ese día. Mientras tanto ¡arriba Alianza! el segundo mejor equipo del Perú, depues de la U, naturalmente ¡por encima de ellos solo el pueblo peruano, con su inmenso coraje, con su inmenso estoicismo, con su inmensa capacidad de resitencia! ¡con su inmenso potencial revolucionario (en democracia y libertad) esperando un canal o canales a través de los cuales expresarse.