
A inicios del año que va terminando, nuestra principal preocupación económica era como conciliar el crecimiento económico con las demandas sociales.
De hecho, a pesar del brote inflacionario de principios de año - que nadie supo explicarnos a que se debió, aunque todo indica que fue gracias a los embates de la crisis internacional - , el debate económico estaba centrado en la inclusión y la desigualdad, dos de los problemas en los que el Presidente de la República y el equipo de ministros no han sido capaces de hacer mayores y mejores esfuerzos durante esta primera mitad de gobierno.
Sin embargo, la agenda internacional hizo que todo cambiara, pero no sin contradicciones entre el Ministro de Economía y el Presidente. De un lado, el entonces titular de Economía Luis Carranza insistía en tomar medidas contra la crisis, mientras que Alan buscaba no hablar de la palabra, a pesar de lo cual se tomaron algunas medidas para evitar la inflación y el impacto del incremento de los precios internacionales. El cambio a Luis Valdivieso fue en parte por ese cansancio de contradicciones.
Conforme pasaron los meses, sin embargo, los efectos de la crisis fueron mayores. Y todos se acordaron del señor de la carátula de Time que vemos arriba: John Maynard Keynes. Sobre todo, de sus ideas, basadas en la necesidad de una participación del Estado en la regulación del mercado. Es decir, Freidman y Von Hayek pasaron, en pocos meses, al anacronismo. Y la necesidad de reformar el Estado es, realmente, uno de los imperativos que el ahora conservador Alan García no termina de entender.
Nuestro Baby Sinclair económico, al igual que en 1987 cuando insistía en el estatismo, ha quedado desfasado en discurso y hechos. García ha seguido esgrimiendo un discurso de venta de todo lo que podía - desde la selva, hasta los locales del Estado -, pasando por un plan anticrisis que parece quedarse solo en el estímulo a la obra pública, quedándose esperanzado en lo que hagan los empresarios. Como lo dijo claramente Federico Salazar hace un par de semanas:
El juego en pared entre el gobierno y los empresarios no es sano. Las decisiones de gobierno no deben vincularse a promesas de inversión. Las decisiones empresariales, a su vez, deben depender de las ventajas del negocio, no de los cambalaches con el gobierno.
La ganancia y la pérdida tienen una función críticamente importante en el proceso del mercado. Llevan información sobre errores y aciertos de la inversión.
Una inversión no es buena o mala porque lo diga el presidente García, sino porque así lo sanciona el consumidor. El que debe decidir es el que compra, no el que fue elegido para administrar el aparato público.
Los empresarios sólo deben obedecer al consumidor. No pueden tener otro soberano. Si obedecen otro tipo de mandato, fallan en su misión.
El juego entre empresarios y gobernante nos aleja de esta forma de obtener información. De una fuente múltiple y anónima pasamos a manos de una sola fuente de conocimiento: la del gobernante.
Pues precisamente la apuesta keynesiana es la de la institucionalidad, las reglas y la regulación, no sujeta al capricho presidencial - como el modelo chino de economía “de mercado” que tanto admira el Presidente - sino a las instituciones que tienen prevalencia en el tiempo, constituidas tanto por prácticas como por organismos.
La crisis internacional que el mundo vive fue, justamente, basada en una alianza entre Estado y empresarios que dejó de lado las formas más básicas de regulación y no entendió que el complemento entre la actividad pública y privada no era sinónimo de aconchavamiento, de prebenda o de dejar hacer, dejar pasar, tal como en los albores del siglo XX.
Esta es la lógica presidencial y que lamentablemente empañó a las cumbres celebradas este año en el Perú. Si bien García fue un buen anfitrión y la organización de los eventos no tuvo mayores problemas, lo cierto es que las mismas iban en otra dirección de lo que decía y hacía Alan. Mientras que se discutía ampliamente de cambio climático. García nos legaba un Ministerio de Ambiente mutilado. Mientras que se debatía ampliamente sobre la crisis internacional, el Presidente seguía hablando del país de las maravillas. Semanas más tarde tendría que pronunciar, por primera vez, la palabra crisis.
Más triste aún, y volviendo al tema inicial, todo indica que los años de gran bonanza han terminado. Y que no han servido para tener un país más competitivo, institucionalizado y reformado. He allí el gran fracaso de Alejandro Toledo y Alan García, quienes si bien supieron mantener la macroeconomía estable, no fueron capaces de hacer que sus beneficios lleguen a todos y que la economía tenga otro signo, más humano, más diverso en actividades y con una mejor institucionalidad económica y financiera.
Todo ello nos vuelve a convertir en el país de las oportunidades perdidas, una vez más.
Que la crisis nos enseñe a todos la importancia de un Estado fuerte, sin los extremismos de otrora, pero que cumpla su papel promotor y de otorgador de servicios básicos. Es la gran lección de esta primera mitad de periodo.
Ojalá que la segunda no sea una catástrofe.




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28 Diciembre 2008 a las 12:16 pm
“Y todos se acordaron del señor de la carátula de Time que vemos arriba: John Maynard Keynes. Sobre todo, de sus ideas, basadas en la necesidad de una participación del Estado en la regulación del mercado.”
“la apuesta keynesiana es la de la institucionalidad, las reglas y la regulación”
Este es un ejemplo de la incompetencia que en repetidas veces se te viene criticando, J. A. Godoy. No te has preocupado en leer o informarte mínimamente sobre lo que escribes. Si vas a citar a Keynes, dale al menos una leida a sus principales ideas. Existen varios sitios en lenguaje no técnico donde puedes encontrar una sintesis de la teoría Keynesiana y sus propuestas. Al menos podrías buscar en Wikipedia “John Maynard Keynes ” o “Keynesianismo “, o en el Website de History of Economic Thought de la New School .
28 Diciembre 2008 a las 2:26 pm
A propósito del tema propuesto presento a continuación algunos extractos del libro “Economistas Contra la Democracia”, sobre los intereses inconfesables de los falsos expertos en economía, del científico social francés Jacques Sapir (Ediciones B, S.A. Barcelona, España)
Comentario previo, extraído del mismo libro: Jacques Spair es contrario a una globalización que, en ocasiones, enmascara conductas poco éticas y el aprovechamiento codicioso de situaciones de inestabilidad política. Defiende una práctica económica al alcance de la ciudadanía democrática. Afirma que las políticas económicas han sido secuestradas por determinadas bandas de tecnócratas que se escudan en supuestas “leyes” inmutables del comercio. Dichas bandas, situadas políticamente en la extrema derecha del neoliberalismo, estarían ligadas entre sí por los intereses más espurios y, en opinión del autor, habrían heredado cierta manera de proceder del estalinismo, así como la firme creencia de que el fin justifica los medios.
Ahora sí, extractos de la obra:
(1) “En ninguna parte el liberal estalinismo se evidencia con tanta claridad y precisión como en el discurso sobre la globalización de los mercados. No se trata aquí de rechazar el crecimiento de las interdependencias económicas, sociales e ideológicas, pues estas no son tan nuevas como se pretende afirmar”…”la novedad real de la economía globalizada está en la financiación mundial, y su consecuencia, la presión hacia una instanteneización del mundo” (pgs. 92, 93)
(2) “El discurso de la globalización mercantil, de las constituciones económicas y de los bancos centrales independientes, expresa la despolitización de las opciones económicas. Se desposee a las instituciones democráticas de su capacidad de legislar, reglamentar o regular en nombre de un principio de competencia que se considera superior a la democracia…Así las cosas el espacio público queda organizado en torno de dos polos. El primero, técnico, queda en manos de los expertos; es el de la exégesis de las leyes naturales de la economía. El segundo es ético; es el de la compasión que se experimenta ante las consecuencias de esas leyes”. Esta doble polaridad comportaría el final de la política, algo que ya había anticipado el gran jurista y filosofo del derecho de ideas profundamente reaccionarias, Carl Schmitt, quien había predicho que el liberalismo conduciria a la desaparición del político en beneficio de la oposición técnica-ética, lo que bien podría equipararse a la concepción espontánea de la política, implicita en el discurso político de los economistas. No reprochamos a los economistas el que mantengan un discurso político sino que lo hagan sin tener conciencia de ello y sin asumir las consecuencias”…”No pedimos al cristiano que no viole la ley cristiana; pedimos que, si la viola, sepa que la está violando” (Tomada por el autor, de Julién Benda, La traición de los clérigos) Páginas 175,176
(3) Por último, sobre la cerrazón mental dogmática de los economistas que adhieren al neoliberalismo…”Ahora se comprende mejor porque el movimiento de protesta que se desarrolla en la actualidad entre los economistas ha tomado el nombre de postautista. Al menos los pobres niños afectados de autismo son víctimas de una enfermedad que los supera. En cambio, en nuestros economistas bien pensantes esa cerrazón al mundo real es voluntaria y, por lo tanto reprobable”…”¿Qué conclusión cabe para el economista? La HUMILDAD. En la enseñanza (atención facultades de Economía), eso significa: uno, pluralismo; dos, retorno a lo hechos; y tres, apertura a las demás ciencias sociales (tres reinvindicaciones que encontramos en una muy interesante petición de los estudiantes de economía)…”En política, significa hacer desaparecer el argumento de autoridad. Ella no impedirá en absoluto al economista intervenir con fuerza en el debate público, pero deberá hacerlo en tanto que ciudadano que posee convicciones sobre el bien público y la manera de alcanzarlo, y no en nombre de una verdad eterna que, de esta manera, se sustrae a la discución para imponerse a todos” (pg 120)
Hace ya buen tiempo que vengo sosteniendo a cuanto foro asisto que existe una complicidad entre ciertas élites intelectuales. Éstas no siempre presentan los hechos tal como son. Lamentablemente en economía esto es muy común. Algunos ejemplos: la medición de la inflación o de la pobreza o pobreza extrema. No cuestiono la aplicación de las formulas de medición respectivas, sino LOS PARÁMETROS EN QUE ESTAS SE SUSTENTAN. En la inflación la canasta básica de consumo no pondera debidamente los diversos rubros de gasto de las familias. En la medición de la pobreza el costo de la canasta básica de supervivencia es discutible. En este último caso se comparan resultados no obstante haberse aplicado formulas distintas, de un período a otro, para medir la pobreza y pobreza extrema. En este último caso la situación es más grave si tenemos en cuenta la participación, además del INEI, de representantes del programa de economía de la PUCP, y del IEP, entre otras instituciones. En general se brinda a la opinión pública una información sesgada. Uno de los casos más recientes es el referido al Plan Anticrísis. La información presentada no es clara, se nos habla de cifras adicionales las que en realidad ya estaban incluidas en el presupuesto del 2009. La nueva ley sobre el pago de gratificaciones por fiestas patrias y navidad es otro ejemplo. Le falta fundamentación, no cuenta con una exposición de motivos satisfactoria, deviene por lo tanto en una norma demagógica, como lo expresara en este mismo blog hace pocas horas, a contracorriente de ciertos sectores con los cuales por lo general me identifico por defender los intereses de las mayorías nacionales.
28 Diciembre 2008 a las 3:36 pm
Relacionar Keynesianismo con regulación e institucionalidad y liberalismo con anarquia y caos es una de las mixtifcaciones más groseras que he leido en mucho tiempo.
Dale una mirada a los links que te ha pasado Carlos del Carpio y también a algunos análisis del origen de la crisis desde el punto de vista de la escuela Austriaca, la cual no se ha vuelto anacronica como dices, más bien se ha comprobado una vez más la validez de la teoría de los ciclos económicos, un auge impulsado por el estado mediante el artificial incremento del crédito por la FED y programas de vivienda indirectamente subsidiados como Freddie y Fannie (muy politicamente correctos ya que buscaban darle casa a minorias y gente que no podia pagar, los mismos que provocaron los problemas ahora se autoproclaman salvadores) y luego una depresión, perfectamente descrito por la escuela austriaca.
28 Diciembre 2008 a las 11:38 pm
Me parece excesivo que digas que otra vez somo el pais de las oportunidades perdidas, yo no creo que un pais se haga en dos periodos o tres periodos de goberno, yo creo que el pais recien esta naciendo y las instituciones formandose, la gente buscando una identidad, etc. Por otro lado hasta donde tengo entendido el problema sobre la regulacion no es nuestra, es decir nuestro mercado se encuentra bien regulado; se trata de un fenomeno externo y en donde si no fuera por los gobiernos anteriores en donde manejaron bien lo macroeconomico este fenomeno externo nos golpearia sin piedad. Decir que otra vez somos el pais de las oportunidades perdidas me parece prematuro porque hacer del Peru un pais exitoso no es facil, basta ver el resto de paises de America Latina para comprobar esto. Por ultimo coinicido en parte con el primer comentario, creo tambien que no tienes claro los conceptos sobre keynes . Y para terminar habria que pregntarse o preguntar cuanto tiempo tiene que pasar para declarar que otra vez somos el pais de las oportunidades perdidas y que el modelo fracaso.
29 Diciembre 2008 a las 10:16 am
Con una economìa que segùn el màs pesismista de los pronósticos, crecerà 5% el año pròximo, cabe preguntarse si estamos en riesgo de una recesiòn. Ademàs, considerando que el mentado plan anticrisis del Gobierno equivale a menos del 3% del PBI, confiar sòlo en la vieja receta keynesiana (mayor gasto pùblico), si que es un verdadero anacronismo.
12 Enero 2009 a las 1:10 pm
Mezclas economia con despilfarro, responsabilidad con lluvias de millones. Ahi tienes el gran problema de la izquierda peruana: habla pero jamas razona en materia economica.