
Ayer una amiga lanzaba la siguiente interrogante: ¿No creen que darle demasiado espacio a Rómulo León (y a Luciana León) hace que se pierda de vista todo el tema de fondo en el Petrogate? Pues, en realidad, mi amiga no deja de tener razón en parte. De hecho, a veces los medios - y también los blogs - se dejan (nos dejamos) llevar por lo que inmediatamente resulta noticia, como son las declaraciones de los dos personajes antes mencionados. Sin embargo, debo hacer notar que preocupación por mostrar todos los aspectos de este grave problema ha existido, más allá de los titulares estruendosos y de algunas preocupaciones excesivas por lo que son personajes menores en este tema.
Pero la inquietud de esta amiga mía me hizo pensar sobre cuál es la real dimensión del Petrogate. Hay quienes creen, como Aldo Mariátegui, que una vez encerrado León deberíamos preocuparnos más de la cumbre de APEC. Otros, como el Presidente de la República, han llamado a este caso, un escandalete sectorial. Creo que ambos se equivocan y que todo este asunto nos revela algo más grave y grande de lo que hemos visto hasta ahora.
Ernesto de la Jara, en Ideele, ha enfatizado en un aspecto que todos hemos tocado de pasada, pero que nadie recuerda: las alertas que debíamos tener con el APRA en materia de corrupción:
Si la corrupción desde el Estado ha sido una constante en nuestra historia, ¿por qué pensar que estos serían años de una excepcional moral pública? La situación daba más bien para pensar en la necesidad de cuidados intensivos.
En cuanto al actual régimen, porque, para comenzar, no podemos olvidar que el primer Gobierno del APRA, también bajo la batuta de Alan García, estuvo muy lejos de ser considerado por Transparencia Internacional como un ejemplo de probidad. Y gallina que come huevos, aunque le quemen el pico, como parece estar confirmándose.
¿Rómulo León no había demostrado ya en el primer Gobierno aprista de lo que es capaz? Claro que se puede creer en la rehabilitación, pero a alguien que sale de cumplir una severa condena por haber robado durante años no se le permite deambular libremente por las bóvedas de los bancos. Dice muy mal del Gobierno que a alguien como León Alegría se le haya permitido pasearse por las oficinas del Estado como Pedro por su casa.
Cuidados intensivos anticorrupción había que tener más, si se toma en cuenta que la gran mayoría de denuncias por malos manejos relacionadas con el primer Gobierno aprista nunca fueron investigadas, y menos sancionadas, ya que lo que vino después en el Perú (los años de Fujimori y Montesinos) permitió que la mayoría de los supuestos responsables se acogieran a la prescripción, comenzando por el Presidente de la República. Hubo pues impunidad, y ya sabemos que la impunidad alienta el delito. Muchos apristas pueden estar pensando que si no les pasó nada la primera vez, por qué tendría que pasarles ahora que ya tienen más experiencia.
Si a la existencia histórica de una corrupción estatal bastante generalizada y a los antecedentes inmorales de un sector de los apristas agregamos el hecho de que supiéramos que ahora el país tenía plata, y mucha, el mínimo sentido común recomendaba tomar todo tipo de medidas de seguridad.
Esto resultaba aun más urgente porque sabíamos desde el inicio que no contaríamos con una oposición política que tuviera la voluntad y la capacidad necesarias para fiscalizar el buen o mal uso de los recursos del Estado en los diferentes y complejos ámbitos en los que pueden ser gastados.
Además, en este Gobierno, las pocas veces que se han investigado los gastos del Estado se ha encontrado tal nivel de ineficiencia que da para creer que, en realidad, más que incapacidad había gato encerrado.
Y de hecho, en este gobierno hemos tenido un rosario de cuestionamientos: Patrulleros I, Ambulancias, Patrulleros II, desbande de Benedicto Jiménez en el INPE, contratacion de Alberto Pandolfi, haga negocio con el Fenómeno del Niño fantasma, haga negocio con Pisco, haga negocio con el Censo, las mermeladas al diario La Razón, los robos de gasolina en el Ejército, Banco de Materiales, construcción de colegios con proveedores poco idóneos, las computadoras de 100 dólares que valen 178 verdes y que solo sirven para los réditos de la universidad de un ministro, la publicidad en RBC, los asesores de los vicepresidentes y podríamos seguir enumerando más, pero no quiero cansarlos.
Ello indica que esto fue creciendo de a pocos en el gobierno y que, como señala de la Jara, estas preocupaciones sobre la corrupción eran válidas. Y lo siguen siendo ahora más que nunca.
Volvamos al Petrogate. Luego de las interesantes preguntas formuladas por Rosa María Palacios hace algunas semanas, ayer César Hildebrandt nos vuelve a poner en un mapa más amplio del caso con otras interrogantes:
+ Rómulo León vinculaba a inversores extranjeros con instancias de poder que tuvieran capacidad de decisión en relación con licitaciones, equipamientos, obras públicas. Eso fue lo que hizo en los sectores energía y salud pública –de modo comprobado- y, probablemente, en el amplio campo de vivienda también.
+ Con el pasado que arrastraba, León no habría podido acercarse ni a cien metros de ningún ministro si no hubiese encontrado el viejo y acogedor compañerismo abriéndole las puertas de siempre. El ministro Carlos Vallejos, el primer ministro Jorge del Castillo, el ministro Juan Valdivia, el ministro Hernán Garrido Lecca, la ministra María Zavala, el ministro Luis Alva Castro, el presidente de Petroperú, el presidente de PeruPetro, el secretario del presidente de la República, la secretaria personal del presidente de la República, la congresista aprista Luciana León: son demasiados como para decir que el señor León usó rendijas y “patadecabras” para pasearse por despachos y pasillos próximos a Palacio de Gobierno.
+ El abogado Alberto Químper jamás tuvo nada que ver con el petróleo. Es un tributarista de tramposos talentos que sacó de apuros al mismísimo presidente de la República, de cuyas cuentas en el exterior podría hablar, si quisiera, don Agustín Mantilla. Si el doctor Químper sabía mucho de las dificultades hacendarias del doctor García y nada del petróleo, su inclusión en el directorio de PerúPetro ¿qué explicación tiene? Parece evidente que el gobierno sabía a quién ponía en qué cargo y para qué.
+ Durante los últimos 27 meses, el señor León ha promovido a sus patrocinadores, ha presionado a organismos encargados de convocar licitaciones –el caso de la OEI resulta especialmente repugnante-, ha enviado miles de correos apurando sus gestiones, ha hecho evidente su angurria y su desatino. ¿Algún ministro del régimen lo denunció por tanta impudicia? ¿Algún ministro se negó a ir a las invitaciones en el Country Club? ¿Algún funcionario aprista llamó a la Contraloría, al ministerio público, a la baja o alta policía?
+ Si Rómulo León era un apestado en Palacio de Gobierno, ¿cómo es que Luis Nava, secretario de García, llama al ministro Vallejos y le pide, en nombre del Presidente, que reciba a Fortunato Cannán, representado una y mil veces por Rómulo León? ¿Ignoraba García la relación entre Canaán y León?
+ Si el doctor García huía, con la nariz apretada, de Rómulo León, ¿por qué entonces recibe a Fortunato Canaán, uña y mugre de León, dos veces en el mismísimo Palacio de Gobierno? ¿Sólo porque Peggy Cabral lo llama desde Santo Domingo y le pide ese favor?
+ Si el señor Rómulo León estaba vetado para todos los efectos por la nueva moral del doctor García, ¿por qué un pícaro como Canaán y unos mañosos cosmopolitas como los de Discover Petroleum lo usan como lobista y abrelatas? ¿Es que Canaán y los noruegos NO QUERÍAN tener éxito? ¿O es que, más bien, León era una garantía de llegada a los más altos niveles? ¿No es prueba del éxito logrado el hecho de que Discover Petroleum postulara a siete lotes y ganara cinco (perdiendo dos frente a Petrotech, precisamente)?
Pero cabe recordar una cosa, algo que no me cansaré de repetir y que siempre hay que recordar. El Petrogate no es solo petróleo. Y vuelvo a citar la columna de Gustavo Gorriti de hace unos días:
En el caso de los “petroaudios”, todo indica que se trató de un caso de sostenido espionaje industrial, a lo largo de varios meses. Parece, además, que fue un espionaje industrial acometido como una forma de autodefensa.
Hasta donde he podido saber, el espionaje empezó por el negocio del cemento; siguió con el de la banca; continuó con los hospitales y terminó con el petróleo.
Las revelaciones, entonces, han partido por el final y podrían avanzar hacia el comienzo. Aunque también es probable que, caído el anterior Gabinete, apartado el ministro Garrido Lecca (quien parece haber sido el objetivo central del espionaje), se haya llegado a una paz implícita entre espiadores y espiados, y que se pase, gradualmente amortiguado por la jerga judicial y en la formalidad estéril de acciones judiciales, del escándalo al silencio.
¿Por qué espionaje en lugar de Indecopi, para protegerse de la competencia desleal? Todo indica que los empresarios que habrían contratado inicialmente a quienes proporcionaron el servicio de chuponeo sintieron que estaban siendo acorralados por la acción de altos funcionarios corruptos, que actuaron junto con lobiístas corruptos, en representación del interés de empresarios corruptos.
En otras palabras, aquí hablamos de varias cosas. Hablamos de petróleo, de hospitales, de obras en el interior del país, de cemento, de bancos y dibujos animados, de celulares. Es decir, toda una amplia gama de negocios que serían la envidia de Dionisio Romero o los Brescia.
Y es que este es el fondo de este asunto: se trata de una forma de operar empresarialmente en el país, de una relación con el poder político que va desde el aconchavamiento, pasando por la componenda, hasta el frío y vulgar delito.
Todo indica que un sector del Partido Aprista lo ha entendido así y que algunos medios - unos en nombre de la gobernabilidad y otros por aplaudir cualquier cosa que sea inversión sin importar su procedencia - están dispuestos a apoyar ese proyecto que, lejos de incentivar un correcto uso de la economía de mercado, huele más bien a un capítulo de Los Soprano. O al modelo chino, en el que el Estado decide quien entra a competir y quien no. En eso del capitalismo del Estado, no habrían traicionado a Haya de la Torre. El problema es que, como en China, eso viene acompañado de una gran corrupción.
Decía el recientemente despedido Augusto Álvarez Rodrich que la gobernabilidad no se puede fundar sobre una mentira o sobre la corrupción. Expresarlo y actuar en consecuencia de ello le ha costado el puesto, como a otros periodistas. Y no cabe duda que las presiones ahora estarán a la orden del día. Pero el derecho a conocer la información sobre temas de interés público aún lo mantenemos. Y debemos ser firmes en exigirlo a los dueños y directores de los medios.
Sino, tal vez, esta frase de Gorriti se termine cumpliendo:
Así que para hacer buen periodismo en el Perú, hay que poblar las redacciones con novelistas. A falta de ellos, los cursos de reportaje deberían incluir un alto porcentaje de literatura. Aquí en el Perú, si queremos reportar verazmente la realidad, debemos buscarla en la ficción.
Que no nos quiten el derecho a saber la verdad. Y que siga la investigación sobre la corrupción. Caiga quien caiga.
MAS SOBRE EL TEMA:
Elite Sadomasoquista: Reflexión sobre el Petrogate




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15 Noviembre 2008 a las 9:20 am
Muy buen artículo. Indudablemente habría que pulirle esas erradas convicciones por las cuales la señora que le prepara el desayuno al abogado de Kallop pasa piola siendo parte interesada en el asunto. Y es que gracias a esas conveniencias los despistes de los blogs a veces suenan a financiamiento (no es el caso de Desde el tercer piso, Godoy a veces es medio cándido) de la chakana, o del tío Dioni (osea, Del Castillo) y a esa argolla que se hace tremendo daño cuando se promociona en programas de televisión que mas que periodismo de investigación hacen lobby de negociacíon. ¿Hay mucho de ficción en la una Literatura que imita las partes mas feas de la vida? o ¿un gran temor nos asalta cuando empezamos a sumar hechos y nos hallamos de pronto en la posibilidad de abrir el arca perdida del secreto de los poderosos? . Y pensar que tan solo se necesita unos cuantos elementos: una prensa que no dependa economicamemte de los tagarotes, que sea menos mezquina y reconozca el apoyo de los literatos (somos socios en la misma nave de naufragos, loco) y que entienda que la patería y el amiguismo van a terminar construyendo un suicidio atávico que le encantaria expectar a los angurrientos de los grupos de poder. Por eso, vuelta a la página y preparémonos que esta claudicación del gordo Catrasca ante la posibilidad de ser descubierto nos va a costar puertos, terrenos, agua, gas, petróleo, en fin todo aquello que esta en la mesa de pignorables pro-fondos “una vida mejor del compañero Chanchirafa” . Nada personal, decía Don Vito Corleone, cuestión de negocios.
15 Noviembre 2008 a las 11:25 am
luis nava, mirtha cunza. palacio de gobierno. todo está claro en este tema. no son necesarios grandes ni sesudos análisis. más claro ni el agua. luis nava, mirtha cunza, palacio de gobierno.
Pd. dicen que vuelve el diario liberación.