Se que estoy juntando dos palabras que, en apariencia, podrían ser antinómicas. De hecho, la mayor parte de los chistes sobre abogados nos pintan como una raza de personajes sin escrúpulos, que están dispuestos a hacer todo lo posible por conseguir un cliente o para obtener un resultado favorable al mismo.  

Desafortunadamente, los casos de abogados que nos hacen esta mala fama a todos aquellos que hemos pasado por una facultad de Derecho acumularían una lista tan larga como la guía telefónica. Dos ejemplos recientes nos podrían hablar de ello: en el Petrogate, hay dos abogados directamente comprometidos en el negociado: Alberto Quimper y Ernesto Arias Schereiber. Se trata de hombres de leyes que ya tienen un largo recorrido vital y profesional y que verán como final de su carrera una condena judicial por corrupción y otros delitos. 

Su actuación resulta ser sintomática de como puede utilizarse a la profesión de abogado como canal de corrupción: Discover contrata como abogado y mandatario de la empresa a Arias Schereiber. Hasta allí, estamos ante una figura bastante común, donde abogados de estudios importantes son directores de empresas, debido a su conocimiento del sector de mercado al que apuntan. Pero, aca viene lo grave, la petrolera noruega le pide a Arias Schereiber que subcontrate abogados para otras áreas, entre ellos a Quimper, a quien consideran un buen tributarista, pero conociendo que es el director de la empresa estatal encargada de la concesión. Y Quimper, además, les prepara los documentos necesarios para pasar las etapas del concurso por los lotes. Además, Arias Schereiber se encarga de manejar la plata para “aceitar” personas, tal como le encargó Rómulo León Alegría.

Pues bien, este es el extremo más delictivo de una mala praxis de los abogados. Pero hay otro tipo de malas prácticas que son igualmente perjudiciales: la falta de compromiso con la democracia de varios abogados - basta ver la actuación de varios de ellos durante el gobierno de Fujimori -, la poca diligencia que se tiene en llevar un caso, la serie de abogados que engañan a jubilados y fonavistas con un rápido incremento en sus ingresos, la gama de conflictos de intereses que surgen, la revelación del secreto profesional, en fin, varias cuestiones que afectan directamente a los usuarios del sistema de justicia y a cualquier ciudadano que requiere de asesoría legal.  E incluso podríamos incluir el trato de los abogados a los practicantes, algo que varios de mis amigos podría relatar de mejor forma que yo.

Por ello, un instrumento importante para regular estas conductas es un Código de Ética de los AbogadosTenemos uno actualmente, pero el mismo tiene dos importantes problemas. El primero, el de siempre, casi nunca se cumple como toda regla en el Perú. El segundo, es que resulta ser poco adecuado a una gestión moderna y competitiva de la profesión de abogado, además de no tener un procedimiento claro para las sanciones a imponer en cada caso.

Dentro de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú se ha trabajado un Proyecto de Código de Ética, a partir de un Grupo de Estudio encabezado por Beatriz Boza y en el que han participado las asociaciones de estudiantes de Derecho de la mencionada Facultad, abogados de los estudios más importantes de abogados y de las gerencias legales de las empresas más importantes del país. 

Este Proyecto, que he podido revisar, cuenta con varias herramientas destinadas para una mejor práctica del Derecho. Se llegan a regular los distintos tipos de conflicto de intereses en los que podemos incurrir los abogados, se incorporan reglas generales que permiten cualqueir tipo de publicidad de la profesión sin que ello implique dejar de lado la ética, se regula el tema de las prácticas pre profesionales en conjunción con las normas laborales, se establecen las reglas de responsabilidad de los estudios de abogados y los casos en los que ellos como los abogados independientes no pueden patrocinar un caso, entre otros temas.

Este martes 4 de noviembre al mediodía, en el Auditorio de la Facultad de Derecho de la PUCP, se presentará este Proyecto de Código de Ética de los Abogados a las más altas autoridades del sistema de justicia: el Presidente del Poder Judicial, la Fiscal de la Nación, el Presidente del Tribunal Constitucional, la Presidenta de la Oficina de Control de la Magistratura, la Defensora del Pueblo y el decano del Colegio de Abogados de Lima.  Con ello se iniciará el debate en Lima y provincias sobre las reglas éticas que deben guiar las conductas de los abogados.

Considerando la importancia de este tema para todos los peruanos, dado que en algún momento requeriremos de un abogado, este blog irá abordando, en las próximas semanas, varios de los temas contenidos en el Proyecto de Código de Ética de los abogados, a fin de recoger las opiniones quienes visitan esta web y, como todos, están empeñados en que nuestro país avance, pero esta vez, de verdad.

8 Respuestas a “LA ETICA Y LOS ABOGADOS”
  1. KTC dice:

    Tu cliente cometió un delito y ambos saben que dadas las circuntancias correspondería la máxima pena. Eres un convencido que esa sería la pena justa, sin embargo la fiscalía no posee pruebas suficientes en su contra y con una buena defensa la pena podría ser mucho menor.

    ¿Qué harías?

  2. César López dice:

    Imposible. No hay tal cosa como una “abogado honesto”. Conozco el caso real de un abogado que se prometió a si mismo ser honesto, en sus palabras “estar del lado bueno”. Con el pasar de los años, al ver que no ganaba NI UN SOLO JUICIO, se pasó “al otro lado”. Ahora sí gana algunos juicios.

  3. Angel dice:

    El número de abogados por habitante en el Perú es 20 o más veces que, por ejemplo, en el Japón. Ello nos revela la profunda conflictividad de nuestra sociedad. Muchos abogados, por mérito propio, están descreditados. Las bromas más sarcásticas están dirigidas precisamente a los abogados ¿Cómo corregir esta situación? Difíl respuesta ¿verdad? En todo caso bienvenida sea cualquier iniciativa como la desarrollada por el equipo que dirige la Dra. Beatriz Boza, siempre bella, siempre inteligente. Creo que otra iniciativa debe estar referida al control inmediato de las seudo universidades “formadoras” de abogados. Aquello de la formación de abogados por correspondencia es ya el colmo de los colmos ¡que tales irresponsables los promotores de esta iniciativa! El abogado ó cualquier otro profesional debe formarse interactuando con personas de vocaciones afines, la dinámica de enseñanza en clases no puede ser sustituida, tampoco el proceso práctico de aprendizaje de lucha en defensa de derechos fundamentales. El abogado debe poseer honda sensibilidad social. Los hombres y mujeres que ejercen el derecho deben ser personas de principios. Su conducta austera debe ser una característica en su diario vivir ¡qué difícil en una sociedad de consumo donde el grado de “exito” se mide por la cantidad de bienes acumulados! Estoy convencido que los mejores profesionales, abogados entre ellos, se forman principalmente y de lejos en el seno del hogar. En todo caso resulta aleccionador apreciar que tambien existen abogados en cuyo desempeño confluyen una sólida formación profesional y sólidos valores éticos y morales. Voy a poner tres ejemplos (1) La propia Dra. Beatriz Boza, quien se desenvuelve, según me parece, en el campo del derecho civil, (2) El Doctor Azabache, abogado penalista de primerísimo nivel, genial, brillante (recuerdo de él dos presentaciones en el programa La Hora N, la primera sobre el caso fujimori y la segúnda, mucho más reciente de los petroaudios. En ambas demostró el tremendo nivel que posee, le auguro un gran futuro) y (3) Una jóven personita, maravillosa, abogada experta en derecho laboral, de sólidos valores, a quien quiero con todas las fuerzas de mi ser.

  4. cesar dice:

    Para tener una conducta etica el codigo de etica no es suficiente, es imprescindible demostrarlo en la practica diaria. Hay una crisis de valores, que optimistamente pienso que solo se puede revertir mejorando la educacion y dando el ejemplo de conducta etica y moral

    Cesar

  5. Gokú dice:

    Yo creo que ya es hora de que la Pontificia Universidad Católica del Perú construya en la ciudad universitaria una especie de salón de la infamia, o sea un recinto que albergue los retratos de todos los ilustres corruptos que esa casa de estudios ha dado al país. Allí podría verse, por ejemplo, a mucha de la tecnocracia que sirvió y sirve perrunamente a los presidentes Fujimori I, Fujimori II (Toledo) y Fujimori III (García).
    Los cachimbos de las facultades de Derecho, Economía y Ciencias de la Comunicación, especialmente, deberían visitar obligatoriamente este ambiente para meditar sobre la infame trayectoria profesional de dichos personajes. Quizás saquen la conclusión correcta: si siguen tales ejemplos siniestros, lo más probable es que terminen millonarios, intocables y felices.

  6. Sonia Luz dice:

    Muy oportuno el debate sobre la ética que debe regir la actuación de los abogados. Conocer sus actividades y luego escuchar sus argumentciones realmente deja perplejos. Conducen a pensar que “el Derecho” está divorciado de la conciencia moral.

  7. Jomra dice:

    Salud

    ¡Muy interesante! (El proyecto, quiero decir). Yo no le pondría el manido título de “Código de ética”, porque dicho nombre apunta a la moralidad, y no es el tema que quiere abordar el código, pero me salgo de lo importante (que no es el nombre).

    Es normal, hablando en plata, que se “usen” abogados para delinquir, entre otras cosas porque son quienes mejor conocen las reglas de juego, y si además tienen contactos políticos (acá vemos una red de favores y puestos, previos y actuales), pues mejor todavía. Pero un delincuente es un delincuente, sea abogado o no.

    Me preocupan más los otros casos, los que van desde el simple abuso a los practicantes hasta la mala praxis con respecto al cliente. Como dije ya hace tiempo (cuando usted se recibió), el abogado se debe al cliente y a la ley, ni más ni menos. Así que estafas al cliente, revelación de sus secretos, no atender el caso (porque reporta poco económicamente) y demás son la verdadera lacra de la profesión. En todas las profesiones se exige una buena práctica de la misma, y el mundo de la abogacía no puede estar alejado de la misma. Y todo esto sin olvidarnos que en sistemas de mercado un abogado es un trabajador/empresario, cuyo primer fin es ganar plata como el resto de trabajadores, ahora, eso sí, que la gane haciendo su trabajo.

    El problema es estructural, por otra parte, e “intentando” corregir la parte que toca a los abogados sin que se plantee en una reforma global del sistema dejará coja la iniciativa. ¡Pero hay que intentarla! Así que me alegra ver que algo se hace y que acá podré seguir el proceso ;)

    hasta luego ;)

  8. Jorge Ágreda dice:

    Recuerdo cuando estuve en la universidad y se hablaba de los “abogansos” y de los “abogangsters”, y se discutía a cuál de las dos categorías uno quería pertenecer.

    Es muy difícil ser abogado, no porque la carrera sea complicada, sino por las decisiones que día a día se debe de tomar. Pero creo que hay mecanismos que se pueden alcanzar para ser un abogado exitoso sin tener que incurrir en conductas reñidas con la moral.

    Por ejemplo, yo practiqué y trabajé un par de años en el Estudio de un notable profesional del Derecho. Es la muestra de cómo una persona talentosa y competente puede conseguir el éxito sin actuar de manera indebida. Igualmente, he sido y soy adjunto de un abogado laboralista de la mejor calidad, extraordinaria persona y mejor amigo, ha sido funcionario público y trabajé con él en ese tiempo, y pude ver su grado de compromiso y decencia. Así, felizmente, trato de seguir el ejemplo de estas personas.

    Es difícil ser decente y exitoso en esta profesión, lo reconozco, pero no es imposible.

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