Archivo de 29 Noviembre 2008

El último lunes fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha que, como muchas de estas efemérides, sirve para visibilizar una problemática que sigue siendo común en todo el mundo, lamentablemente.

Por ello, antes que darme un discurso sobre este tema, prefiero dejarlos con dos extractos de dos testimonios, que, desde distintas miradas y sensibilidades, nos permiten entender mejor este tema.

El primero corresponde a Georgina Gamboa, dado ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Fue abusada sexualmente por una patrulla de la Policía en 1981 y producto de la misma nació su hija. Su testimonio es una muestra de lo terrible que puede ser una guerra:

Después de… después de la noche se entraron los, los pole… esos militares, las Senchis, quentraron, durante toda la noche golpiarme, maltratarme, tú tine que hablar, tú las has visto, tú eres es terroco, tú tine que hablar. (Los sollozos se hacen más constantes) Golpiaron, me golpiaron después comenzao a abusarme, violarme, a mí me violaron, toda, durante la noche; yo gritaba, pedía auxilio, me meteron pañuelo a mi boca, y aparte mi cuando gritaba y pidía auxilio me golpiaron. Yo estaba totalmente maltratada, esa, esa noche me violaron siete eran, siete, siete militares o sea los siete Sinchis entraron violarme. Uno salía, otro entraba, otro salía, uno entraba. Ya estaba totalmente muerta yo, ya no sentía que estaba normal. Después día siguiente amanecieron, cuando amanecieron como muerta, como carniro, me tiraron camión, mi llevaron, mi llevaron a Cangallo, en Cangallo estaba preso también. De Cangallo me ha hecho pasar también hasta, hasta Ayacucho, después me vine para Ayacucho para en PEP. Estaba en PEP sin comunicación sin que le sepa mi familia, na hacía pasar mi familia, tinía una prima, vivía Ayacucho, y comenza averiguar, corretear, yo estaba totalmente golpiada, sangrentada, mi ropas era totalmente bañada sangre, tanto golpeao, tanto maltratada, yo estaba con ropa total duro ya estaba sico mi ropa, lo que sangre, lo que caía, me golpiaba, me reventaba la nariz, salía, mi boca salía, tonces no había cómo cambiarme ropa, tonces ya después de quince días que estaba incomunicación y estaba allí en PEP, de ahí llegaron, no sé cómo le ha llegado, mi prima, me trajo ropa para cambiarme, de ahí hasta no se acaba, con (inaudible) nos obligaba. Ostí se han visto, si te ha conociu, te ha visto, han entrao cearca, (inaudible) tú eres terruco, te han visto, te han visto, ahí las personas están hablando, está declarando, te han dicho, te ha conocen.

El segundo es el extracto de un post de Alicia Bisso, que nos recuerda que la violencia puede volverse costumbre, cotidianedad y, por cierto, rutina. El drama de muchas mujeres en silencio:

A mí me han dicho: “Deja de coquetear, zorra” (¿desde cuándo no puedo saludar a mis amigos?), “qué rica que está fulanita” (por Dios, ¿qué pata con dos dedos de frente no piensa que la única consecuencia de ese comentario es hacer sentir insegura a la mujer que tiene al lado?), “tus amigos son unos idiotas” (bueno, y los tuyos ¿qué?), “¿te vas a vestir así?” (sí, yo me visto como me da la gana, pero, claro, no se lo dije a él, únicamente lo pensé camino al ropero a buscar una alternativa a un polo demasiado apretado),” ¿qué es eso?”, me preguntó un novio con cara de asco al ver los rollitos que se formaban en mi barriga (se llama grasa ¿y? ¿Te has mirado tú primero a un espejo antes de rebajarme de esa manera?), “eres una bruta” (si eres tan inteligente, ¿qué haces tú con una novia bruta?), “no quiero hablar contigo” (yo sí, ¿acaso eso no importa?), “no me toques” (¿desde cuándo te convertiste en una especie de Buda? Mejor pregúntame a mí si yo te quiero tocar), “yo siempre tengo la razón” (ah ¿sí? ¿Quién te mal informó al respecto?), “tú tienes la culpa de todo” (la única culpa que tengo es la de estar acá parada dejándome humillar), “siempre la cagas” (repito, ¿qué demonios haces conmigo?), “ ya no te soporto” (entonces ¿por qué no te vas?), “no llores” (yo lloro cuando me da la gana y casi siempre cuando estoy en realidad triste), “siempre el mismo drama” (debe ser, porque tenemos un problema que tú no quieres encarar porque te faltan los oídos y los cojones), “te encanta sufrir ¿no?” (¡POR SUPUESTO QUE NO!), “¿quieres tirar? Eres una ninfómana” (no, soy una mujer con un deseo sexual normal), “si no quieres tirar, eres una frígida” (sí quiero tirar, pero no contigo), “hoy no quiero verte” (¿me has preguntado si yo quiero verte a ti, o es que para ti soy tan nula que mis deseos no existen?), “tú nunca me vas a dejar” (¿cómo sabes que un día no voy a abrir los ojos?), “nadie más te va a querer” (¡ja!), ”siempre me pones de mal humor” (¿desde cuándo tus emociones son mi responsabilidad? Me basta y sobra con las mías), “pareces una loca” (seguro, por seguir contigo), “yo te aviso cuando quiera volver a verte” (manya, ¿y yo tengo que esperar a que tú decidas llamarme?), “me malograste el día” (y mi día ¿no cuenta?, mejor dicho, y mi vida ¿no cuenta?)… pero eso sí, mi amor, te quiero. Ah ¿sí? ¿Me amas? No pues, no me quieres un carajo. ¿Sabes porque?, porque no me respetas.

Todos los días es tiempo para romper el silencio.

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